¿Eres de los que duermen con la puerta cerrada o abierta? Esto significa, según la psicología

No importa cómo lo hagas. Lo importante es hacer de este momento una sesión saludable para tu cuerpo y mente.

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¿Cómo duermes? ¿Con la puerta abierta o cerrada? Este hábito tan sencillo tiene diversas explicaciones y significados, según la psicología. Son muchas las razones por las elegimos hacerlo de una u otra manera; algunos cierran la puerta para tener mayor intimidad y privacidad, mientras que otros prefieren dejarla abierta para evitar que el calor se acumule o para no sentirse encerrados.
¿Habrá quienes se sientan vigilados al dormir si dejan la puerta abierta y por eso prefieren cerrarla? ¿Acaso algunos gustan de dejarla abierta para escapar en caso de alguna catástrofe que les obligue a huir de inmediato?

Dormir con la puerta cerrada: una búsqueda de paz interior

Cada una de estas respuestas pude variar de persona en persona, pero lo cierto es que la psicología nos dice que quienes cierran la puerta para dormir buscan sentirse seguros tanto a nivel físico como emocional. Quizás una puerta cerrada les da la certeza de que ningún extraño podrá colarse al interior de la habitación. Así aseguran su bienestar físico y se sienten seguros para dormir, lo que les permite descansar a pierna suelta.
Otra de las motivaciones en el caso de las personas que desean dormir con la puerta cerrada es que ven a la antesala del sueño como un momento para reflexionar o estar solas. Son personas que valoran la intimidad y buscan un espacio para conectar con sus emociones. Por lo tanto, esa barrera con el mundo exterior les permite ir hacia su interior y encontrar horas de paz.
Cerrar la puerta al dormir puede revelar una personalidad centrada en la introspección y la valoración del aislamiento no como algo malo, sino como un acto para conocerse a sí mismo.

La importancia del buen descanso

De manera independiente a si cierras o no la puerta al dormir, un buen descanso es una de las claves para gozar de una buena salud. Lo ideal es que duermas de siete a ocho horas diarias en un entorno silencioso, con iluminación tenue para que tu descanso sea el ideal y al otro día puedas cumplir con todas las actividades de tu agenda.
Antes de irte a la cama, conviene que practiques algunas actividades que te conduzcan a un sueño reparador como pueden ser 15 minutos de lectura, una sesión de respiración controlada o la meditación.
Igualmente se recomienda no ingerir bebidas que pudieran alterar tu sueño, especialmente el café, 30 minutos antes de irte a la cama.
¿Sueles dormir con la pantalla del televisor encendida? Apágala. La luz azul de los dispositivos altera la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño.
Espero que estos consejos te sean útiles y que duermas bien, ya sea con la puerta abierta, cerrada o como tus gustos lo dicten. Lo importante es hacer de este momento una sesión saludable para tu cuerpo y mente.

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