Todo indica que será una de esas películas que se disfrutan mejor sin saber demasiado, dejando que la incomodidad haga su trabajo desde el primer minuto.
Lo que engancha con este tipo de historias es entender cómo alguien termina creyendo, obedeciendo y, en el peor de los casos, perdiéndose dentro de un grupo.
La práctica tiene raíces en el shinrin-yoku, conocido como “baño de bosque”, una iniciativa impulsada en Japón desde los años ochenta para combatir el estrés.
La clave está en entender que el deseo también se entrena; igual que tu rendimiento físico o tu concentración en el trabajo, la intimidad necesita un proceso previo.