El lugar alberga unas 270 obras que se exhibirán durante un año y, más allá de funcionar como museo, permite algo poco común: ver al artista trabajar, conversar con él y asomarse —literalmente— a su proceso creativo.
La pintura es un recordatorio de cómo Frida enfrentó la enfermedad, la soledad y la muerte con una mezcla de vulnerabilidad y valentía que sigue conmoviendo al mundo.