La pizza es democrática, transversal y universal. Está en la mesa del estudiante, en la reunión con amigos, en la cita relajada y, aunque cueste creerlo, también puede aparecer en un restaurante italiano de mantel largo y copa de vino perfectamente alineada.
Por eso, en el Día Mundial de la Pizza, vale la pena responder una pregunta que parece sencilla pero no lo es tanto: ¿se come con la mano o con cubiertos? Todo depende del contexto.
En ambiente informal: la mano manda
En la mayoría de los casos —pizzerías casuales, reuniones en casa, delivery un viernes por la noche— la regla es clara: la pizza se toma con la mano.
Si viene ya cortada en porciones triangulares (lo habitual), simplemente toma una rebanada, sujétala con firmeza desde la base y cómela con calma. Un detalle importante: no tomes una segunda porción hasta terminar la primera. Es un gesto básico de buena educación, incluso entre amigos.
¿El borde? Si eres de los que lo deja, colócalo discretamente a un lado de tu plato. Si estás compartiendo la pizza directamente desde la caja o desde una charola común, nunca regreses un trozo mordido al centro ni lo dejes donde hay comida intacta. Busca un plato vacío, una servilleta o la parte limpia de la caja.
Si la pizza no viene cortada, hazlo tú mismo con un cuchillo o con la rueda especial. Procura que las porciones sean manejables: demasiado grandes y terminarás con los ingredientes deslizándose sobre tu camisa; demasiado pequeñas y parecerá que estás desarmando el plato.
Un recurso práctico en ambientes relajados es doblar ligeramente la rebanada por la mitad a lo largo. Esto le da estructura y evita que el queso o los toppings se desplomen.
En ambiente formal: entran en juego los cubiertos
No es lo más habitual, pero puede ocurrir: estás en un restaurante italiano elegante, con una carta de vinos seria y una pizza artesanal como especialidad de la casa. Aquí cambia la dinámica. La forma correcta es utilizar cuchillo y tenedor.
Primero, corta una porción triangular. Después, sepárala ligeramente del resto. A partir de ahí, trátala como tratarías un filete: corta un bocado pequeño, llévalo a la boca, mastica con calma y continúa así hasta terminar esa porción.
Un punto clave: no cortes toda la pizza en pequeños trozos desde el inicio. Se trabaja por porciones, no pieza completa. Este detalle proyecta control y buena educación en la mesa.
Comerla con cubiertos en este contexto no es exagerado ni pretencioso; es coherente con el entorno. La etiqueta, al final, no trata de rigidez, sino de adaptación.
Errores que conviene evitar (si quieres verte bien)
- Comer directamente de la caja cuando hay platos disponibles.
- Regresar un trozo mordido al centro.
- Lamer los dedos en público. Usa la servilleta.
- Inclinar la cabeza hacia el plato en lugar de llevar el alimento hacia ti.
- Saturar la pizza con aceite picante o condimentos sin antes probarla.
La regla real: lee la mesa
La pizza comparte categoría con la hamburguesa: suele comerse con la mano, pero puede adaptarse a un entorno más estructurado. La clave está en observar el contexto, el lugar y a tus acompañantes.
En una terraza con amigos, relájate. En un restaurante de alta gama, usa cubiertos sin complejo. Saber moverte entre ambos escenarios es lo que realmente marca la diferencia.