Las 8 fases de un maratón

El maratón no consiste únicamente en llegar a la meta. También consiste en aprender a avanzar cuando la carrera cambia de ritmo, de escenario y, sobre todo, de estado mental.

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Correr un maratón es algo más que completar 42.195 kilómetros. Es atravesar una sucesión de estados físicos y mentales que pueden cambiar varias veces durante una misma carrera. Para quienes correrán el Maratón de la Ciudad de México este domingo 30 de agosto, entender esas etapas puede ayudar a reconocer lo que ocurre durante la prueba y, sobre todo, a no entrar en pánico cuando el cuerpo y la cabeza comiencen a enviar señales contradictorias.

Después de meses de entrenamiento, llega el momento de comprobar hasta dónde puede llevarte la preparación. El recorrido tendrá momentos de euforia, dudas, cansancio y dolor, pero también una sensación difícil de explicar cuando la meta comienza a aparecer. Estas son las ocho fases que probablemente atravesarás durante el maratón.

1.La salida dispara una euforia difícil de controlar

El kilómetro cero tiene una energía particular. Hay música, corredores por todas partes, público, nervios y una sensación de expectativa que aumenta mientras se acerca el momento de arrancar. Después de meses de entrenamientos, madrugadas y kilómetros acumulados, finalmente estás en la línea de salida.

Es normal sentir que puedes correr más rápido de lo planeado. La adrenalina hace su trabajo y el ambiente puede llevarte a salir con demasiada intensidad. El primer gran reto del maratón comienza precisamente ahí: controlar la emoción y respetar el ritmo que preparaste durante meses.

Revisas los cordones, acomodas el reloj, compruebas que llevas tus geles y miras alrededor. Entonces llega la señal de salida. Los 42.195 kilómetros empiezan.

2.Los primeros kilómetros traen las primeras dudas

Cerca del kilómetro ocho, la carrera comienza a sentirse diferente. El grupo se ha dispersado y tienes más espacio para encontrar tu ritmo. Los primeros nervios quedaron atrás y ahora puedes prestar atención a cada detalle.

Ahí aparecen pensamientos que no estaban invitados. Quizá sientes una pequeña molestia en el pie, el calcetín comienza a rozar o dudas de si elegiste correctamente los geles que llevas. También puede surgir la tentación de acelerar porque te sientes demasiado bien.

Pero sentirte bien no significa que debas cambiar el plan. El maratón premia la paciencia. En esta etapa, correr de acuerdo con la estrategia puede ser mucho más importante que dejarse llevar por las sensaciones.

3.Cerca del media maratón aparece el primer shock mental

Alrededor del kilómetro 19, la mente puede comenzar a jugar en contra. La media maratón todavía no está completamente superada y aparece una pregunta incómoda: ¿cómo voy a mantener este ritmo durante tantos kilómetros más?

Es uno de los momentos en los que puedes interpretar el cansancio normal como una señal de que algo está saliendo mal. Sin embargo, la percepción no siempre coincide con la realidad. Puedes sentir que vas mal mientras tus parciales siguen dentro de lo previsto.

La clave está en no convertir un pensamiento negativo en una decisión equivocada. El maratón todavía es largo y una mala interpretación de las sensaciones puede llevarte a modificar innecesariamente el ritmo.

4.El kilómetro 25 convierte la carrera en un asunto personal

Después del kilómetro 25 comienza una etapa mucho más solitaria. Dependiendo del momento y del tramo del recorrido, puede disminuir la cantidad de corredores a tu alrededor y también la intensidad mental.

Las piernas ya acumulan una carga importante. Todavía faltan 17.195 kilómetros y la meta parece demasiado lejos para considerarla una posibilidad inmediata.

Esta es una de las fases más importantes porque la motivación externa deja de ser suficiente. Toca encontrar razones propias para continuar. Pensar en los meses de preparación, recordar por qué decidiste correr y concentrarte únicamente en el siguiente kilómetro puede ayudarte a mantener la cabeza en la carrera.

5.El kilómetro 30 marca el territorio de la desesperación

Llegar al kilómetro 30 tiene un significado especial. Para muchos corredores representa el punto en el que termina la experiencia conocida del entrenamiento y comienza un territorio mucho más exigente.

Si tu tirada más larga estuvo cerca de esa distancia, ahora cada kilómetro adicional será nuevo. El reloj también puede convertirse en un enemigo psicológico: llevas varias horas corriendo y todavía queda una cuarta parte de la prueba.

Aquí aparece el famoso muro, pero conviene entender que no se trata de una frontera inevitable que todos los corredores cruzan exactamente en el mismo punto. La fatiga depende de factores como el ritmo, la preparación, la nutrición, la hidratación y las condiciones de la carrera.

Lo importante es no anticipar el desastre. El cansancio será real, pero todavía tienes capacidad para tomar decisiones y administrar el esfuerzo.

6.El muro

Entre los kilómetros 30 y 35 puede aparecer la parte más dura del maratón. Las reservas de glucógeno disminuyen y la fatiga muscular se vuelve evidente. El ritmo puede caer y los corredores que antes estaban detrás comienzan a adelantarte.

También cambia la percepción del esfuerzo. Cada kilómetro parece más largo y mantener una velocidad que antes era cómoda puede convertirse en un desafío.

En este momento, la alimentación e hidratación que hayas practicado durante los entrenamientos adquieren todavía más importancia. También resulta fundamental escuchar al cuerpo y distinguir entre el cansancio propio de una prueba de resistencia y una señal que indique que debes detenerte.

El muro no se vence con una frase motivacional. Se gestiona con preparación, estrategia y capacidad para mantener la calma cuando la carrera deja de sentirse cómoda.

7.En el kilómetro 39 la cabeza toma el control

Cuando aparecen los kilómetros 38 y 39, la distancia restante comienza a ser psicológicamente manejable. El cuerpo quiere terminar, pero también quiere detenerse. Las piernas están agotadas y cada paso exige concentración.

Aquí la cabeza adquiere un papel decisivo. Ya no se trata de imaginar los kilómetros que faltan desde la salida, sino de dividir el esfuerzo en pequeñas metas. Llegar al siguiente punto, alcanzar el siguiente kilómetro y mantener el movimiento puede resultar más útil que pensar constantemente en los 42.195 kilómetros completos.

Después de todo lo que has recorrido, la carrera se convierte en una negociación entre el cansancio físico y la voluntad de llegar. Y para muchos corredores, esta es la fase en la que descubren que todavía pueden avanzar incluso cuando sienten que han llegado al límite.

8.Los últimos 200 metros transforman el cansancio en euforia

Entonces aparece la meta. Faltan aproximadamente 200 metros y, aunque el cuerpo está exhausto, algo cambia. El ruido del público aumenta, la emoción toma el control y todos esos kilómetros recorridos durante meses adquieren sentido.

Los últimos metros pueden sentirse extraños. El dolor sigue ahí, pero queda relegado por la certeza de que estás a punto de terminar. Cruzas la línea y llega una sensación que difícilmente puede reproducirse durante un entrenamiento.

Después vendrán la medalla, la hidratación, algo de comida y el intento de volver a caminar con normalidad. Quizá durante los siguientes días bajar escaleras sea una actividad mucho más complicada de lo habitual.

Pero habrá algo que permanecerá cuando desaparezca el dolor muscular: la certeza de haber completado 42.195 kilómetros.

Para quienes correrán el Maratón de la Ciudad de México este 30 de agosto, conviene recordar que cada fase forma parte de la misma carrera. Habrá momentos en los que todo parezca sencillo y otros en los que la distancia parezca interminable. No necesitas sentirte fuerte durante los 42.195 kilómetros.

Necesitas confiar en la preparación, administrar tu esfuerzo y entender que las sensaciones cambian. El maratón no consiste únicamente en llegar a la meta. También consiste en aprender a avanzar cuando la carrera cambia de ritmo, de escenario y, sobre todo, de estado mental.

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