Hay una escena bastante común en cualquier gimnasio: alguien puede cargar muchísimo peso, hacer diez dominadas sin problema y después ser completamente incapaz de tocarse la punta de los pies.
Fuerza hay. Movilidad, no tanta.
Y ahí es donde el yoga comienza a tener mucho más sentido de lo que muchos hombres quieren admitir. Durante años se ha vendido casi como el opuesto del gimnasio. De un lado están las pesas, los músculos y el esfuerzo; del otro, los tapetes, las respiraciones y las posiciones imposibles.
Pero esa idea de que el yoga “no es algo masculino” o que no encaja con un entrenamiento serio es justamente lo que habría que cambiar. No tiene nada que ver con género ni con encajar en una etiqueta: es una herramienta física más, igual de válida que cualquier otra. En realidad pueden complementarse bastante bien.
No, el yoga no es solamente estirarte
Lo primero que cambia después de practicar yoga regularmente probablemente sea tu idea de lo que significa.
Mantener tu propio peso mientras intentas conservar una posición durante varios segundos puede convertirse rápidamente en un ejercicio bastante serio.
Expertos señala que el yoga puede ayudar a desarrollar fuerza, equilibrio y flexibilidad, mientras que Harvard también destaca sus efectos sobre fuerza muscular, movilidad y conciencia corporal. Eso puede ser particularmente interesante si ya entrenas con pesas.
Piensa en todo lo que haces durante el día: sentarte frente a una computadora, manejar, mirar el celular y después entrenar movimientos relativamente repetitivos en el gimnasio. El resultado puede ser un cuerpo fuerte, pero rígido.
El yoga obliga a mover caderas, hombros, columna y tobillos de maneras que probablemente no aparecen demasiado durante una rutina tradicional.
Tu espalda también podría agradecerlo
Hay otra razón bastante práctica para probarlo: la espalda. Harvard señala que el yoga puede ayudar a aliviar ciertos casos de dolor lumbar al trabajar tanto la flexibilidad como los músculos encargados de estabilizar la columna. Eso no significa que una clase de yoga sustituya una revisión médica o fisioterapia cuando existe una lesión.
Significa que trabajar movilidad y control puede ser una buena herramienta preventiva o complementaria, especialmente para quienes pasan buena parte del día sentados y después quieren levantar peso por la noche. Porque conseguir más músculo sirve de poco si cada vez necesitas hacer una pequeña ceremonia para levantarte del sillón.
También hay una parte mental
Esta probablemente sea la parte que más cuesta venderle a alguien acostumbrado a medir todo en kilos, kilómetros o repeticiones.
En yoga no siempre hay un número. Parte del ejercicio consiste simplemente en respirar y concentrarse durante suficiente tiempo para dejar de pensar en otras veinte cosas.
Harvard ha relacionado la práctica con reducción del estrés y mejoras en el estado de ánimo, mientras que otras revisiones científicas han encontrado beneficios potenciales sobre ansiedad y bienestar general. Y quizá ahí está una de sus mayores ventajas. No todo entrenamiento tiene que terminar con alguien tirado en el piso viendo cuántas calorías quemó en su reloj.
A veces hacer ejercicio también puede servir para salir un poco más tranquilo de como llegaste.
¿Qué yoga debería hacer un hombre que empieza?
No necesitas hacer una posición de cabeza durante tu primera clase. Si nunca has practicado, una clase para principiantes de hatha yoga suele permitir aprender las posiciones y respiraciones con mayor calma. Si quieres algo que se sienta más cercano a un entrenamiento tradicional, una sesión de vinyasa normalmente conecta movimientos de una forma más continua y dinámica.
Lo importante es comenzar con una clase adecuada a tu nivel. Incluso una o dos sesiones semanales pueden funcionar como complemento de pesas, running, ciclismo, golf o prácticamente cualquier deporte.
Y no tienes que convertirte en “alguien que hace yoga”.
Puedes seguir levantando pesado, corriendo, jugando golf o haciendo lo que ya haces. Solamente vas a descubrir algo incómodo la primera vez que intentes mantener una posición aparentemente sencilla durante un minuto:
ser fuerte no necesariamente significa saber mover bien tu cuerpo. Y quizá por eso tantos hombres deberían probarlo.