Todo indica que será una de esas películas que se disfrutan mejor sin saber demasiado, dejando que la incomodidad haga su trabajo desde el primer minuto.
Lo que engancha con este tipo de historias es entender cómo alguien termina creyendo, obedeciendo y, en el peor de los casos, perdiéndose dentro de un grupo.
La práctica tiene raíces en el shinrin-yoku, conocido como “baño de bosque”, una iniciativa impulsada en Japón desde los años ochenta para combatir el estrés.
La cinta está escrita y dirigida por Emilio Portes, quien ya había explorado el terror en trabajos anteriores y ahora vuelve a ese terreno con una historia más íntima.
Estamos ante una generación de jerseys que no solo buscan venderse como memorabilia, sino también como piezas de estilo que muchos querrán usar fuera del estadio.
La final ya no será únicamente noventa minutos y una copa: será un espectáculo global donde música, cultura pop y deporte compartirán el mismo escenario.