¿Respirar por la nariz al correr es realmente mejor? ¿Dormir ocho horas es una regla obligatoria? ¿Los tenis con mucha amortiguación son la mejor opción para correr? Durante años estas ideas se han repetido como verdades absolutas, pero el paleoantropólogo Daniel Lieberman, investigador de Harvard y uno de los mayores especialistas en evolución humana, sostiene que varias de ellas no resisten el análisis científico.
Con más de tres décadas dedicadas al estudio del cuerpo humano, Lieberman ha explicado que comprender cómo evolucionó nuestra especie también ayuda a entender por qué enfermamos, nos lesionamos o respondemos de determinada manera al ejercicio, el descanso y la actividad física. Estas son cinco creencias sobre la salud que el experto considera equivocadas.
Respirar solo por la nariz al hacer ejercicio no tiene respaldo científico
Una de las recomendaciones más populares en redes sociales es inhalar y exhalar exclusivamente por la nariz mientras se corre. Para Lieberman, esta práctica no tiene fundamento cuando el esfuerzo físico aumenta.
El investigador afirma que los seres humanos evolucionaron para utilizar la boca durante carreras o ejercicios intensos. Respirar por la boca permite movilizar un mayor volumen de aire y también contribuye a disipar mejor el calor corporal, un aspecto clave cuando el organismo trabaja a alta intensidad.
La recomendación, según explica, es permitir que el cuerpo respire de la forma que resulte más eficiente conforme aumenta la demanda de oxígeno.
Correr con tenis no siempre es la mejor alternativa
Durante décadas se ha promovido la idea de que los tenis son indispensables para correr de forma segura. Sin embargo, Lieberman recuerda que los seres humanos desarrollaron la capacidad de correr mucho antes de que existiera este tipo de calzado.
En una de sus investigaciones explica que nuestros antepasados recorrían largas distancias descalzos o con calzado muy básico, como sandalias o mocasines. Además, observó que quienes corren descalzos suelen aterrizar con la parte delantera del pie, lo que puede reducir la fuerza del impacto en comparación con quienes apoyan primero el talón utilizando zapatillas con gran amortiguación.
Esto no significa que todas las personas deban correr descalzas, sino que la técnica de carrera puede ser tan importante como el tipo de calzado que se utiliza.
No querer hacer ejercicio no significa que seas perezoso
Muchas personas sienten culpa por no tener ganas de entrenar. Lieberman propone mirar este comportamiento desde la biología evolutiva y sostiene que el cuerpo humano aprendió durante miles de años a conservar energía cuando no era necesario gastarla.
En su libro sobre el ejercicio explica que nuestros antepasados realizaban actividad física porque necesitaban conseguir alimento, desplazarse o cumplir tareas esenciales para sobrevivir, no porque buscaran mantenerse en forma.
Por ello recomienda dejar de asociar el ejercicio con una obligación o un castigo. Convertir la actividad física en algo agradable, social o útil aumenta considerablemente las probabilidades de mantener el hábito a largo plazo.
Dormir ocho horas no es una regla universal
La idea de que todas las personas necesitan exactamente ocho horas de sueño cada noche también es cuestionada por el investigador.
Lieberman explica que estudios realizados en comunidades sin acceso a electricidad muestran que muchas personas duermen entre cinco y siete horas por noche. Esto sugiere que no existe un único patrón natural de descanso aplicable a toda la población.
Aunque reconoce que dormir bien sigue siendo fundamental para la salud, considera que obsesionarse con alcanzar una cifra exacta puede generar más ansiedad que beneficios. La calidad del descanso, el contexto y las necesidades individuales también forman parte de la ecuación.
El cuerpo humano no evolucionó para entrenar como un atleta profesional
Otro error frecuente consiste en pensar que la salud depende de entrenamientos extremos o de pasar varias horas al día haciendo ejercicio.
Lieberman señala que las poblaciones ancestrales eran activas y fuertes, pero no realizaban rutinas intensivas todos los días. Incluso recuerda que también pasaban muchas horas sentadas cuando las circunstancias lo permitían.
Desde su perspectiva, la clave está en mantenerse físicamente activo de manera constante, sin asumir que solo los entrenamientos de alta exigencia producen beneficios.
El trabajo de Daniel Lieberman invita a revisar muchas creencias que durante años se han aceptado sin cuestionarlas. Su enfoque no busca reemplazar las recomendaciones médicas actuales, sino explicar cómo la evolución del cuerpo humano puede aportar una perspectiva distinta sobre el ejercicio, el descanso y la prevención de enfermedades.