Enero siempre llega con la misma tentación (o misión): la versión “mejorada” de nosotros mismos. Es decir, más fuerte, más ligero, más disciplinado. El problema no es la ambición, sino la expectativa. Retomar el ejercicio en 2026 no debería parecerse a un castigo autoimpuesto ni a una cruzada épica contra el cuerpo que has tenido los últimos meses ¿o años? Debería ser, más bien, una negociación inteligente con tu realidad actual.
Si algo hemos aprendido en los últimos años es que el bienestar no funciona a base de extremos. Funciona con pequeños cambios, constancia, y una dosis saludable de paciencia. Aquí van algunos consejos realistas para volver a moverte sin caer en la trampa del “todo o nada”.
1. Empieza pequeño y empieza hoy
No necesitas un plan de 12 semanas ni una foto “antes y después” para comenzar. Necesitas movimiento. Caminar 20 minutos, hacer una rutina básica en casa, subir escaleras en lugar de usar el elevador. El error más común al retomar el ejercicio es querer compensar el tiempo perdido en una sola semana. El cuerpo no funciona así y la motivación tampoco.
Piensa en el ejercicio como un hábito, no como un proyecto. Los hábitos se construyen con acciones pequeñas, repetidas, casi aburridas. Y eso está bien.
2. Tu cuerpo de 2026 no es el de hace diez años (acéptalo)
Este punto suele doler más al ego que a los músculos. Si llevas tiempo sin entrenar, es normal sentirte torpe, lento o rígido. No es un fracaso, es algo natural. El cuerpo cambia, las prioridades también, y el ejercicio debe adaptarse a eso.
Entrenar como si todavía tuvieras 25 años es una receta segura para lesiones. En cambio, entrenar con inteligencia —mejor calentamiento, más movilidad, días de descanso reales— es una inversión a largo plazo. La meta ya no es “romperte”, sino seguir en el juego.
3. La consistencia importa más que la intensidad
Es mejor entrenar tres veces por semana durante todo el año que entrenar todos los días durante un mes y desaparecer el resto del tiempo. Recuérdalo bien: la constancia gana siempre.
Busca un ritmo sostenible: dos o tres sesiones semanales bien hechas. Si un día no puedes, no pasa nada. El error no es saltarte un entrenamiento; el error es usar eso como excusa para abandonarlo todo.
4. Elige un ejercicio que no odies
Esto parece obvio, pero se ignora constantemente. Si detestas correr, no te obligues a correr. Si el gimnasio te abruma, busca alternativas: nadar, entrenar con peso corporal, ciclismo, artes marciales, senderismo.
El mejor ejercicio no es el más popular ni el más extremo, sino el que estás dispuesto a repetir. El placer —o al menos la ausencia de sufrimiento— es un factor clave para la adherencia.
5. El descanso también es entrenamiento
Dormir mal, entrenar cansado y vivir estresado es una combinación peligrosa. El cuerpo no mejora durante el ejercicio, mejora durante la recuperación. Si no duermes suficiente o vives permanentemente acelerado, los resultados serán mínimos y el riesgo de lesión alto.
Escucha las señales: fatiga constante, dolores persistentes, falta de motivación. A veces, el movimiento más inteligente es parar un día más.
6. No persigas solo la estética
Sí, verse mejor es un gran incentivo. Pero si esa es la única razón para entrenar, la motivación será frágil. Enfócate también en cómo te sientes: más energía, mejor humor, mayor claridad mental, menos ansiedad.
El ejercicio es una herramienta de salud mental tan poderosa como la física. En 2026, entrenar puede ser un acto de autocuidado, no solo de vanidad.
7. Sé paciente con los resultados
Los cambios reales toman tiempo. Semanas, meses. Si llevas años sin moverte, no esperes transformaciones drásticas en quince días. Ajusta expectativas, mide avances pequeños y celebra la disciplina, no solo el resultado final.
Y si fallas, porque en algún momento fallarás, no dramatices. Retomar el ejercicio no es una línea recta, es una curva llena de pausas, regresos y aprendizajes.
Volver a entrenar en 2026 no debería ser una guerra contra tu cuerpo ni una promesa imposible. Debería ser una conversación honesta contigo mismo: ¿qué puedo hacer hoy?, ¿qué puedo sostener mañana?, ¿qué me ayuda a vivir mejor?
Empieza ahí. Lo demás —la fuerza, la resistencia, incluso el físico— llegará como consecuencia.