La palabra «nihilismo» proviene del latín «nihil», que significa «ausencia de algo» o «nada». Eso nos sirve mucho para orientarnos en esta filosofía que data del siglo XIX. Aunque hay algunas variantes, el nihilismo, en general, sostiene que nada tiene sentido. Este pensamiento de escepticismo moral surgió en Rusia, pero, según nos explican las fuentes, el término, como tal, fue utilizado de forma célebre por Friedrich Nietzsche para describir la desintegración de la moral tradicional en la sociedad occidental.
“En el siglo XX, el nihilismo abarcó una variedad de posturas filosóficas y estéticas que, en un sentido u otro, negaban la existencia de verdades o valores morales genuinos, rechazaban la posibilidad del conocimiento o la comunicación y afirmaban la falta de sentido o de propósito último de la vida o del universo” apunta Britannica.
Si bien hay muchas formas en que esta filosofía se expresa, todas convergen en principios comunes, siendo los más importantes:
- La existencia es inútil
- No existe la verdad
- Todo carece de sentido
¿Cómo se puede aplicar esta filosofía en el mundo moderno?
Las ideas que sostiene esta filosofía pueden parecer pesimistas o que nos arrojan a un mundo carente de todo valor y significado. No son propuestas fáciles de digerir, pero varias personas han encontrado, en los principios fundamentales de esta filosofía, una forma de vida más libre y consciente, que no está atada a lo correcto y lo incorrecto.
Podemos dejar de lado las expectativas de una sociedad que se afana en decirnos cómo vivir, pues en realidad no hay un “camino correcto”.
Los seres humanos de la actualidad pueden ver al nihilismo como una liberación de la presión social, dado que, entre otras cosas, dejamos de adoptar estándares ajenos y empezamos vivir conforme a los que nosotros mismos creamos. Si no hay nada determinado, entonces nosotros somos los que tenemos la única palabra sobre a qué le damos valor y prioridad en nuestra vida.