La ‘tristeza de septiembre’ es real y hay una explicación de por qué te sientes desanimado

El cambio de estación modifica nuestro entorno y puede influir en nuestros ritmos, hábitos y estado de ánimo.

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Septiembre puede tener un efecto extraño en el ánimo. De pronto termina el verano, cambia la luz, bajan un poco las temperaturas y la rutina vuelve a tomar velocidad. Para algunas personas, todo esto viene acompañado de cansancio, nostalgia, poca energía o simplemente una sensación de estar más apagadas de lo normal. A esta sensación se le suele llamar “tristeza de septiembre”.

El nombre suena más poético que médico, pero hay una razón por la que el cambio de estación puede afectar cómo nos sentimos. Conforme avanza el otoño hay menos horas de luz natural y esto puede influir en nuestro reloj biológico, el sueño y el estado de ánimo. En algunas personas, además, estos cambios pueden estar relacionados con el trastorno afectivo estacional, conocido como TAE.

Eso no significa que cada persona que se sienta nostálgica en septiembre tenga depresión. La diferencia está en cuánto duran los síntomas, qué tan intensos son y si empiezan a afectar la vida cotidiana.

¿Por qué septiembre puede hacernos sentir más nostálgicos?

El cambio de estación no ocurre solamente en el calendario. También cambia nuestro entorno. Los días comienzan a hacerse más cortos, tenemos menos exposición a la luz natural y muchas de nuestras rutinas cambian después del verano.

La luz tiene un papel importante en la regulación del ciclo sueño-vigilia. Cuando disminuye, nuestro organismo puede modificar la producción de sustancias relacionadas con el sueño y el estado de ánimo, como la melatonina y la serotonina. En algunas personas estos cambios son más evidentes que en otras.

También está el factor emocional. Septiembre suele sentirse como un punto de transición: termina una etapa del año y comienza otra. Regresan las obligaciones, cambian los horarios y muchas personas hacen una especie de balance de lo que han hecho durante los últimos meses.

Por eso no es raro que aparezca cierta nostalgia. Puede ser simplemente una respuesta normal ante los cambios y no necesariamente una señal de depresión.

¿Cómo saber si solamente estás bajoneado o hay algo más?

Aquí está la diferencia importante. Tener unos días malos, sentir flojera o estar menos motivado no significa automáticamente que tengas un trastorno afectivo estacional.

El TAE es un tipo de depresión que sigue un patrón estacional. En su forma más común, los síntomas aparecen durante otoño e invierno y mejoran durante primavera. Entre ellos pueden estar la tristeza persistente, la pérdida de interés por actividades que normalmente disfrutas, cansancio, problemas para concentrarte y cambios importantes en el sueño o el apetito.

También pueden aparecer ganas de dormir demasiado, mayor apetito, antojos de alimentos ricos en carbohidratos, aumento de peso y una tendencia a alejarse de otras personas.

La clave está en observar el conjunto. Si simplemente tienes menos ganas de salir durante unos días, probablemente no estás frente al mismo escenario que una persona que lleva semanas sin disfrutar prácticamente nada de lo que antes le gustaba.

¿Qué señales deberías vigilar durante el otoño?

Hay cambios que vale la pena tomar en serio. Dormir mucho más de lo habitual y seguir sintiéndote agotado, perder interés en tus actividades, comenzar a aislarte o tener dificultades para concentrarte pueden ser señales de que algo está pasando.

También hay que prestar atención cuando el cansancio o el desánimo empiezan a afectar el trabajo, los estudios, las relaciones personales, el ejercicio o las responsabilidades de todos los días.

Otro punto importante es la duración. Si el malestar continúa durante varias semanas y en lugar de mejorar se vuelve más intenso, no conviene explicarlo todo diciendo que “es por septiembre”.

¿Qué puedes hacer para que el cambio de estación no te pegue tan fuerte?

Hay algunas cosas sencillas que pueden ayudarte a mantener cierta estabilidad cuando empiezan los meses con menos luz.

Una de las más básicas es salir durante el día. Incluso cuando el cielo está nublado, la luz exterior suele ser mucho más intensa que la iluminación de interiores. Una caminata por la mañana o a mediodía puede ayudarte a mantener una rutina y aprovechar esa exposición a la luz natural.

También es buena idea mantenerte físicamente activo. No necesitas entrenar durante horas. Caminar, correr, andar en bicicleta, hacer pesas, practicar yoga o simplemente moverte con regularidad puede ayudarte a mantener energía y estructura durante el día.

El sueño también merece atención. Intenta mantener horarios relativamente constantes y evita que el cansancio te lleve a alterar por completo tus rutinas.

¿Y qué pasa con las ganas de encerrarte en casa?

Es bastante fácil caer en ese patrón cuando hace frío, hay menos luz o simplemente tienes menos energía. El problema aparece cuando el aislamiento empieza a convertirse en una costumbre.

Mantener contacto con amigos, familia o pareja puede ayudarte a evitar que el bajón se vuelva más profundo. No significa que tengas que llenar tu agenda de planes. A veces basta con salir a tomar un café, caminar con alguien, hacer una llamada o pasar un rato acompañado.

La idea tampoco es obligarte a estar de buen humor todo el tiempo. Se trata de no dejar que el aislamiento sea la única respuesta cuando empiezas a sentirte mal.

¿La fototerapia puede ayudar con el trastorno afectivo estacional?

La fototerapia es uno de los tratamientos utilizados para el trastorno afectivo estacional. Consiste en exponerse a una caja de luz especialmente diseñada para este propósito, generalmente durante la mañana.

Estas lámparas suelen proporcionar alrededor de 10,000 lux y pueden utilizarse durante unos 30 minutos, aunque el tratamiento debe adaptarse a cada persona. No es lo mismo comprar una lámpara cualquiera que utilizar un dispositivo diseñado específicamente para fototerapia.

También es recomendable consultar con un profesional de la salud antes de comenzar, especialmente si tienes algún problema ocular o tomas medicamentos que puedan aumentar tu sensibilidad a la luz.

¿Qué otras opciones existen si los síntomas continúan?

Cuando el problema es más intenso o recurrente, existen diferentes tratamientos. La terapia cognitivo-conductual es una de las alternativas utilizadas para tratar el TAE y puede ayudar a trabajar pensamientos y comportamientos que aparecen durante los meses difíciles.

En algunos casos también pueden utilizarse medicamentos antidepresivos. Su uso debe ser indicado y supervisado por un profesional.

La vitamina D también se ha estudiado en relación con el trastorno afectivo estacional, aunque los resultados sobre su eficacia específica no son concluyentes. Por eso no conviene asumir que tomar un suplemento resolverá el problema.

¿Entonces la tristeza de septiembre es real?

La sensación de estar más triste, cansado o nostálgico durante septiembre puede ser completamente real, pero eso no significa que exista un diagnóstico detrás.

El cambio de estación modifica nuestro entorno y puede influir en nuestros ritmos, hábitos y estado de ánimo. Para algunas personas, estos cambios son suficientes para provocar unos días de bajón. Para otras, pueden formar parte de un patrón estacional relacionado con el TAE.

La diferencia está en lo que sucede después. Si llega octubre y sigues sintiéndote cada vez peor, ya no disfrutas lo que antes disfrutabas, duermes o comes de manera muy diferente y tus actividades cotidianas comienzan a costarte demasiado, es momento de hablar con un profesional.

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