¿Por qué los hombres tienen una relación diferente con los libros?

Los datos no cuentan una historia tan sencilla como “los hombres ya no leen”. Pero sí muestran diferencias interesantes en qué, cómo y cuánto leemos, y vale la pena preguntarse por qué.

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Hay un tipo de conversación que aparece cada cierto tiempo en internet: los hombres ya no leen.

Normalmente viene acompañada de una fotografía de un hombre viendo el teléfono en el metro y otra de una mujer con una novela de 600 páginas. Caso resuelto.

Solo que los datos son bastante más interesantes.

En abril de 2026, Pew Research Center publicó resultados de una encuesta realizada entre adultos estadounidenses. El 71% de los hombres dijo haber leído al menos un libro en cualquier formato durante los 12 meses anteriores, frente al 78% de las mujeres. La diferencia también aparecía en libros impresos: 60% frente a 68%.

Pero México complica la narrativa. Los resultados nacionales del MOLEC 2025 de INEGI muestran que, cuando se consideran distintos materiales de lectura —libros, revistas, periódicos, historietas y páginas de internet—, el comportamiento general entre hombres y mujeres es bastante parecido. De hecho, los hombres reportaron mayor lectura de páginas de internet y periódicos.

Entonces el asunto no es que los hombres hayan olvidado cómo leer.

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Tal vez el problema está en lo que llamamos “leer”

Durante mucho tiempo la imagen cultural del lector estuvo asociada con un libro. Y especialmente con ficción.

Pero alguien puede pasar una hora leyendo un reportaje, una biografía, información técnica o un foro especializado sin considerar que “leyó” ese día.

El propio Pew encontró diferencias según el formato, aunque las mujeres mantuvieron una ventaja en libros impresos, electrónicos y audiolibros en su muestra estadounidense.

En México, la diferencia aparece también en algunos tipos de materiales. Los datos de INEGI muestran una mayor inclinación masculina hacia internet y periódicos, mientras que otros formatos tienen comportamientos mucho más cercanos entre sexos.

Eso abre una pregunta más interesante que simplemente saber quién lee más: ¿qué hemos hecho para que algunos hombres dejen de considerar la lectura como una actividad de ocio?

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Competimos contra una máquina muy buena para distraernos

Leer exige algo que se está volviendo extrañamente lujoso: permanecer con una sola cosa.

Un libro no vibra después de tres páginas. No reproduce automáticamente otro capítulo de 20 segundos. No te muestra un contador de likes para convencerte de continuar.

Tenemos acceso a más texto que cualquier generación anterior y, paradójicamente, cada vez resulta más difícil reservar media hora para leer algo que no tenga una recompensa inmediata.

Eso afecta a hombres y mujeres. Sin embargo, la brecha observada en algunos estudios podría también estar relacionada con hábitos construidos mucho antes de la edad adulta: qué libros se recomiendan, quién lee por placer en casa y qué actividades culturales terminamos asociando con nuestra identidad.

Convencer a un adolescente de que leer únicamente significa terminar las novelas que le asignaron en la escuela quizá sea una excelente manera de lograr que no quiera abrir otra durante años.

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Leer no tiene por qué convertirse en otra forma de productividad

También hemos cometido otro error: intentar vender la lectura a los hombres como una herramienta para ser mejores trabajadores.

Lee para ser más exitoso. Lee los libros que leen los millonarios. Lee para liderar. Lee para desarrollar disciplina.

Todo eso puede ser cierto en determinados casos, pero elimina una de las mejores razones para abrir un libro: porque es divertido.

No todo tiene que optimizarnos.

Leer una novela policiaca mediocre durante un vuelo también cuenta. Leer sobre la caída del Imperio romano porque te obsesionaste con el tema también. Una biografía de 700 páginas, un cómic o veinte páginas antes de dormir siguen siendo lectura.

Quizá los hombres no necesiten otra lista de “10 libros que todo hombre debe leer antes de los 30”. Tal vez necesitemos recuperar algo mucho más sencillo: encontrar un libro que realmente queramos seguir leyendo cuando nadie nos está evaluando.

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