Retomar el ejercicio o comenzar una actividad física después de los 40 años es una buena decisión para la salud, pero hacerlo sin conocer el estado del corazón puede implicar riesgos. Un chequeo cardiovascular previo ayuda a detectar alteraciones que no necesariamente producen síntomas y que podrían complicarse ante un esfuerzo físico intenso.
Correr, andar en bicicleta, practicar senderismo o regresar al gimnasio son actividades que cada vez interesan a más personas. Sin embargo, aumentar repentinamente la exigencia física también eleva la demanda del sistema cardiovascular. Por eso, los especialistas recomiendan realizar una valoración médica antes de modificar drásticamente la rutina.
Sentirse bien no es suficiente
Guillermo Isasti, cardiólogo clínico español y experto en imagen cardíaca avanzada, explicó a la revista CuídatePlus que revisar el corazón antes de comenzar a correr, pedalear o practicar deportes acuáticos es una medida preventiva importante.
El especialista advierte que no presentar molestias no significa necesariamente que el corazón esté en condiciones de soportar un esfuerzo mayor. Algunas enfermedades cardiovasculares permanecen ocultas durante años y pueden manifestarse cuando aumenta la intensidad del ejercicio.
La recomendación cobra especial importancia después de los 40 años, aunque también aplica a personas más jóvenes con factores de riesgo, antecedentes familiares de enfermedad cardíaca o periodos prolongados de inactividad.
¿Qué estudios debes realizarte?
La evaluación cardiovascular depende de la edad, los antecedentes médicos y el tipo de actividad física que se desea practicar. No existe un protocolo idéntico para todos los pacientes, pero hay algunos estudios que suelen formar parte de la valoración inicial.
El primero es la historia clínica, que permite identificar factores de riesgo como hipertensión, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo y antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular. Después pueden realizarse un electrocardiograma, que registra la actividad eléctrica del corazón, y un ecocardiograma, que permite observar su estructura y funcionamiento.
Cuando el médico considera que existen factores que requieren una investigación más profunda, puede solicitar pruebas adicionales. Entre ellas se encuentran la ergometría o prueba de esfuerzo, el Holter para registrar el ritmo cardíaco durante un periodo prolongado, la resonancia magnética cardíaca y el TAC coronario.
Estos estudios permiten identificar alteraciones que podrían pasar inadvertidas en una revisión convencional.
Los riesgos que no debes ignorar
La cardiología preventiva resulta especialmente relevante cuando una persona decide pasar de una vida sedentaria a entrenamientos frecuentes o de alta intensidad. El aumento repentino de la demanda cardiovascular puede revelar enfermedades que hasta entonces no habían provocado síntomas.
Un estudio publicado en la revista científica Frontiers señaló que los chequeos previos al inicio o la reanudación del ejercicio permiten detectar hasta un 30% más de alteraciones cardíacas asintomáticas en adultos activos.
Esto no significa que todas las personas necesiten someterse a una batería completa de pruebas. La clave está en identificar qué estudios son necesarios de acuerdo con la valoración individual y las indicaciones del especialista.
¿También aplica para los deportes acuáticos?
Sí. Actividades como el buceo y otros deportes acuáticos requieren consideraciones particulares, ya que determinadas condiciones cardíacas pueden representar un riesgo adicional.
En estos casos, el ecocardiograma con test de burbujas puede ayudar a identificar un foramen oval permeable, una pequeña comunicación entre las dos aurículas del corazón que está presente en aproximadamente el 25% de la población.
Aunque muchas personas viven con esta condición sin presentar complicaciones, su detección puede ser relevante cuando existen circunstancias clínicas que requieren una evaluación más detallada.
Entrena con información
Comenzar a hacer ejercicio después de los 40 no debería convertirse en una fuente de preocupación, sino en una oportunidad para mejorar la salud y construir hábitos duraderos. La diferencia está en hacerlo con una planificación adecuada y sin exigirle al cuerpo más de lo que puede soportar.
Una revisión cardiovascular permite conocer mejor las condiciones físicas antes de aumentar la intensidad del entrenamiento. También ayuda a establecer límites, identificar posibles riesgos y elegir actividades apropiadas.