Yayoi Kusama murió a los 97 años, pero su fascinante universo visual está lejos de desaparecer. La artista japonesa falleció el 14 de agosto de 2026 en un hospital de Tokio, según confirmó su estudio este 27 de agosto. Hasta sus últimos días continuó pintando, fiel a una carrera que durante más de siete décadas convirtió sus experiencias personales en uno de los lenguajes más reconocibles del arte contemporáneo.
Lunares, calabazas, redes infinitas, espejos y colores intensos son apenas la superficie de una obra mucho más compleja. Detrás de esas imágenes se encuentran la obsesión, la sexualidad, la mortalidad, la ansiedad y una búsqueda constante por borrar los límites entre el individuo y el universo.
¿De dónde nació el universo visual de Yayoi Kusama?
Kusama nació en 1929 en Matsumoto, Japón, y comenzó a dibujar desde niña. Desde entonces experimentó alucinaciones y visiones en las que flores, patrones y formas parecían multiplicarse a su alrededor. El dibujo se convirtió en una manera de registrar aquellas experiencias y, al mismo tiempo, enfrentarse a ellas.
Con el paso de los años, esos episodios encontraron una traducción visual. Los lunares y las redes repetitivas dejaron de ser simples recursos estéticos para convertirse en una representación de su percepción del mundo. La repetición le permitía construir espacios donde el individuo parecía perderse hasta formar parte de algo mucho mayor.
Nueva York convirtió su obsesión en una declaración artística
En 1957 Kusama dejó Japón y poco después se instaló en Nueva York, donde entró en contacto con una escena artística dominada principalmente por hombres. Allí desarrolló algunas de las ideas que definirían su trayectoria: las pinturas de redes infinitas, las esculturas blandas y las instalaciones que exploraban la repetición hasta extremos casi hipnóticos.
Su propuesta también salió de las galerías. Durante los años sesenta realizó performances y happenings que abordaban la sexualidad, la desnudez, la guerra y las convenciones sociales. En 1966 presentó en la Bienal de Venecia Narcissus Garden, una instalación compuesta por mil 500 esferas plateadas que convirtió el reflejo del espectador en parte de la obra.
¿Por qué los lunares se convirtieron en su firma?
Para Kusama, los lunares no eran simplemente una imagen reconocible. Eran parte de una obsesión que atravesó prácticamente toda su producción. Al repetirlos sobre cuerpos, objetos, paredes y superficies completas, conseguía alterar la percepción del espacio y del propio cuerpo.
Su concepto de la repetición estaba relacionado con la idea de la desaparición del individuo. Cuando una figura se multiplica hasta llenar un espacio, deja de existir como elemento independiente. Se convierte en parte de un patrón infinito. Esa idea sería fundamental para entender sus instalaciones más famosas.
Las Infinity Mirror Rooms cambiaron la manera de experimentar el arte
En 1965 Kusama presentó Infinity Mirror Room—Phalli’s Field, una instalación en la que esculturas blandas repetidas se multiplicaban mediante paredes de espejo. El resultado producía la sensación de encontrarse dentro de un espacio sin límites.
Aquella propuesta fue el antecedente de las famosas Infinity Mirror Rooms, instalaciones inmersivas que décadas después convertirían a Kusama en un fenómeno mundial. El visitante ya no se limitaba a observar una obra desde el exterior: entraba físicamente en ella y se convertía en parte de la experiencia.
¿Cómo consiguió que el arte contemporáneo llegara a la moda?
La influencia de Kusama terminó por superar las fronteras del museo. Uno de los momentos decisivos llegó en 2012, cuando colaboró con Louis Vuitton bajo la dirección creativa de Marc Jacobs. Sus lunares aparecieron entonces en prendas, accesorios y bolsos, llevando su lenguaje visual a un público mucho más amplio.
La colaboración regresó en 2023, confirmando que el vínculo entre arte y moda podía convertirse en una plataforma para mantener vigente una estética creada décadas atrás. Kusama entendió algo que hoy resulta evidente: una obra también puede vivir en la ropa, los objetos y los espacios cotidianos.
Japón se convirtió en el lugar donde continuó creando
Kusama regresó definitivamente a Japón en 1973. Cuatro años después ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde permaneció durante el resto de su vida. Sin embargo, su estancia allí nunca significó el abandono de su carrera.
La artista trabajaba en un estudio cercano y mantuvo una producción constante de pinturas, esculturas, instalaciones, literatura y poesía. Su relación con la salud mental no estuvo separada de su proceso creativo. El arte funcionó como una estructura mediante la cual podía ordenar y transformar experiencias psicológicas difíciles.
¿Qué hay detrás de sus calabazas y colores brillantes?
Las calabazas son otro de los elementos inseparables de Kusama. Su apariencia aparentemente lúdica contrasta con la complejidad conceptual de una artista interesada en la repetición, el infinito y la transformación del yo.
Lo mismo ocurre con sus colores intensos. La espectacularidad de sus instalaciones puede hacer que el espectador se concentre únicamente en el impacto visual, pero esa experiencia tiene una dimensión mucho más profunda. Kusama construía ambientes capaces de producir fascinación y desorientación al mismo tiempo.
Su popularidad no siempre contó toda la historia
El éxito mundial de Kusama también produjo una paradoja. Sus lunares, calabazas y habitaciones de espejos se volvieron tan populares que en ocasiones eclipsaron el resto de su producción.
Detrás de la imagen de la artista japonesa con peluca y prendas llenas de puntos existía una creadora que durante décadas exploró temas como la muerte, la sexualidad, la obsesión, la identidad y la desaparición. Su obra no buscaba únicamente ser fotografiada: planteaba una pregunta sobre la manera en que percibimos nuestra propia existencia.
¿Por qué su legado seguirá influyendo en el arte?
Kusama consiguió algo que pocos artistas alcanzan: desarrollar una identidad visual reconocible sin quedar limitada por una sola disciplina. Pintó, esculpió, escribió, realizó performances y creó instalaciones que transformaron al espectador en protagonista.
Su influencia también puede medirse por la dimensión de sus exposiciones. Una retrospectiva que recorrió Europa antes de llegar al Stedelijk Museum de Ámsterdam atrajo cientos de miles de visitantes, mientras que una muestra de su obra en la National Gallery of Victoria de Melbourne reunió más de 570 mil personas.
La gran retrospectiva de Ámsterdam ahora será un homenaje
El 11 de septiembre de 2026, el Stedelijk Museum de Ámsterdam abrirá una retrospectiva dedicada a más de siete décadas de trayectoria. La exposición reunirá pinturas, esculturas, instalaciones, dibujos, collages, fotografías, documentos y piezas históricas que no habían sido presentadas anteriormente en Europa.
La muestra estaba planeada antes de la muerte de Kusama, pero ahora adquirirá un significado diferente y funcionará como homenaje póstumo. También incluirá una versión especialmente creada de una de sus instalaciones de espejos.
La exposición llega después de pasar por la Fondation Beyeler y el Museum Ludwig de Colonia, donde se convirtió en la exposición más exitosa de la historia de este último museo con 480 mil 335 visitantes.
Yayoi Kusama convirtió su mundo interior en un universo compartido
La muerte de Yayoi Kusama cierra una de las carreras más singulares del arte contemporáneo, pero no pone punto final a su obra. Su estudio confirmó que continuó pintando hasta sus últimos días, manteniendo una disciplina creativa que definió toda su existencia.
Su verdadero legado no está únicamente en los lunares que hoy forman parte de la cultura popular. Está en haber demostrado que una experiencia íntima, incluso una marcada por el miedo y la obsesión, puede convertirse en un lenguaje universal.
Kusama tomó aquello que la perseguía desde niña y lo transformó en espacios donde millones de personas pudieron perderse durante unos minutos. En ese recorrido convirtió la repetición en identidad, el infinito en experiencia y su mundo interior en una de las obras más reconocibles de nuestro tiempo.