Al escuchar Canadá, mucha gente piensa en naturaleza. No es casualidad: este país, uno de los más grandes del mundo, tiene una de las densidades poblacionales más pequeñas. Osos polares en campos de hielo, praderas que se extienden hasta el horizonte y bosques siempre verdes que burlan montañas son algunas de las escenas que viven en el imaginario colectivo.
La lista de paisajes es enorme, pero cuando se trata de la postal más estereotípicamente canadiense, el arce azucarero acapara la atención. Mejor conocido como maple, este árbol se ha convertido en el símbolo del país. Eso sí, aunque se reconoce lo mismo en las costas del Pacífico que en las islas del Ártico, el árbol es nativo de una región muy acotada de Canadá.
La provincia de Quebec es el corazón del Cinturón del Arce, la zona oriental de Canadá donde crece este árbol. Entrado el otoño, cuando los bosques caducifolios se pintan de colores, la hoja roja de la bandera canadiense protagoniza un espectáculo tan impresionante como efímero. Un viaje por Mont-Tremblant, en las Laurentidas, basta para presenciarlo en primera fila.
Colores de otoño en Quebec
Las Laurentidas es una de las 17 regiones que integran Quebec. El nombre viene de los montes Laurentinos, una de las cordilleras más viejas de la Tierra. Ubicadas 130 kilómetros al norte de Montreal, estas montañas son hogar del centro de esquí más grande del este de Canadá. Si bien Tremblant es conocido por sus pistas nevadas y teleféricos, el lugar es un paraíso otoñal.
Entrada la temporada, a menudo hacia principios de octubre, este pueblo cambia de color. Junto con el centro de esquí, los bosques que cubren las montañas en la localidad de Mont-Tremblant se pintan de tonos amarillos, naranjas y rojos. Las postales, tapizadas de hojas traslúcidas y uno que otro venado, parecen cuadros de Bob Ross.
Este pueblo es uno de los destinos más populares de Quebec. Eso sí, son tantos sus parques y senderos que no cuesta trabajo escapar de las multitudes. La compañía D-Tour Tremblant, por ejemplo, organiza recorridos guiados en bici para explorar la región. Petit Train du Nord, una vía de tren convertida en senda, es ideal para ver cascadas enmarcadas por colores de otoño.
Laurentidas desde lo alto
Entre lagos, parques urbanos y senderos multiuso, Mont-Tremblant y la región sur de las Laurentidas esconden cientos de rincones para disfrutar el otoño al aire libre. En general, no hace falta mucho más que la infraestructura presente en la zona para aprovechar la naturaleza. Un atractivo turístico relativamente nuevo, sin embargo, ofrece una mirada distinta del lugar.
Sentier des Cimes es un mirador. En un destino tapizado de vistas gratuitas, cabe preguntarse por qué pagar. La respuesta tiene mucho que ver con diseño. Más que una plataforma a secas, este atractivo consiste en una estructura que se eleva gradualmente. ¿El resultado? Un acercamiento excepcional al dosel del bosque seguido de vistas panorámicas inmejorables.
Además de ser accesible para personas con movilidad reducida, Sentier des Cimes es ideal para los devotos de la observación de aves. En otoño, al espectáculo de color, se suma la abundancia de especies. Con algo de suerte, en especial hacia el atardecer, no es raro ver desde charas azules y cardenales norteños hasta reinitas y vireos migrantes.
Parque nacional Mont-Tremblant
El pueblo de Mont-Tremblant es un combo bien equilibrado de naturaleza rústica y comodidades urbanas. Quien busca hoteles cinco estrellas y señal celular garantizada, aquí lo encuentra. Para cambiar los semáforos y las notificaciones por silencio y mayor probabilidad de observar fauna, apostar por la reserva provincial más antigua de Quebec no es mala idea.
El parque nacional Mont-Tremblant se encuentra 35 kilómetros al norte del pueblo con el que comparte nombre. Aunque la distancia es corta, la diferencia es muy notoria. Al interior de la reserva, las carreteras asfaltadas y los restaurantes de manteles largos ceden terreno a los caminos de tierra y las tiendas con víveres en plan camping.
Más grande que países como Baréin y Dominica, este parque supone un respiro para el lobo rojo canadiense. Si bien es cierto que ver a una de estas criaturas supone un milagro, con las cascadas y los arces es otra historia. Con más de 120 kilómetros de senderos y alrededor de 400 lagos, este parque es un santuario para los amantes de la naturaleza apenas domesticada.
Guía Práctica
¿Cómo llegar?
El Aeropuerto Internacional Trudeau de Montreal está conectado con diferentes ciudades en México. Distintas aerolíneas operan vuelos directos entre Montreal y destinos como Cancún, Ciudad de México y Mazatlán. En invierno, cuando se suman destinos como Puerto Vallarta e Ixtapa Zihuatanejo, la red de destinos aumenta.
Desde el aeropuerto de Montreal, el trayecto en carretera hasta Mont-Tremblant toma alrededor de hora y media. El viaje se puede contratar como servicio de shuttle, pero en las Laurentidas es conveniente tener coche. En la ruralidad canadiense las distancias son largas y el transporte público es limitado.
¿Cuándo visitar?
Las temporadas en las Laurentidas son muy marcadas. Si bien se trata de un destino con atractivos todo el año, lo que se puede hacer varía drásticamente de acuerdo con la época. Los colores otoñales suelen verse entre mediados de septiembre y finales de octubre, con el pico en el cambio de mes. Dicho esto, las fechas están sujetas al clima y varían un poco.
La página oficial de turismo de Laurentidas cuenta con información actualizada y enlaces oficiales a los parques y áreas naturales protegidas en la región. Además, la oficina de turismo de Quebec cuenta con un mapa interactivo donde se puede ver cómo avanzan los colores de otoño en la provincia.
¿Dónde dormir?
Gracias al centro de esquí y a la cercanía con Montreal, Mont-Tremblant tiene una oferta hotelera que incluye desde hostales hasta propiedades cinco estrellas. Un poco más lejos del centro del pueblo, donde los edificios ceden terreno al bosque, a los hoteles tradicionales se suman proyectos que combinan naturaleza con habitaciones poco convencionales.
Equipado con cabañas y domos, algunos con amenidades como sauna y jacuzzi privados, Bel Air Tremblant se presenta como una alternativa al hotel tradicional. Sin sacrificar comodidades, este resort camuflado entre árboles ofrece spa, alberca y vistas privilegiadas del bosque. Además, cobija a Ekki Sushi, la barra de sushi más aclamada de Mont-Tremblant.
Marck Guttman es fotógrafo, escritor y partidario del turismo sostenible y la conservación. Dirige el blog Don Viajes y ha publicado más de mil historias en medios como Esquire y National Geographic. Las montañas son su lugar feliz y el pan dulce su primer amor.