Así termina la novela Cien años de soledad: el destino de los Buendía y la desaparición de Macondo

El capítulo final de la adaptación de Netflix enfrenta ahora el reto de trasladar a la pantalla una de las conclusiones más reconocibles de la literatura en español.

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La historia de los Buendía llega a su desenlace con una de las escenas más poderosas de la literatura latinoamericana. Antes de ver el capítulo final de la adaptación de Netflix de Cien años de soledad, conviene recordar cómo Gabriel García Márquez cerró la novela publicada en 1967 y qué ocurre con Macondo en sus últimas páginas.

La serie llega a su conclusión este 26 de agosto con un episodio especial dirigido por Laura Mora y concebido con una escala cercana a la de un largometraje. El capítulo deberá llevar a la pantalla el momento en que siete generaciones de una misma familia quedan atrapadas entre la memoria, la soledad y un destino que parecía escrito desde mucho antes de que ocurriera.

¿Cómo termina el libro Cien años de soledad?

La novela concluye cuando la historia de los Buendía y la de Macondo finalmente se convierten en una sola. Después de siete generaciones marcadas por guerras, amores imposibles, obsesiones y tragedias, la familia llega a sus últimos días sin haber conseguido romper el ciclo que la persiguió desde su origen.

Para entonces, Macondo ya no es el pueblo lleno de posibilidades que fundaron José Arcadio Buendía y Úrsula Iguarán. La decadencia ha avanzado y la lluvia, el abandono y el olvido han transformado el lugar.

Entre las ruinas de ese mundo permanece Aureliano Babilonia, uno de los últimos descendientes de la familia. Su vida ha estado marcada por los libros y, especialmente, por los misteriosos pergaminos escritos por Melquíades, documentos que durante generaciones escondieron la respuesta al destino de los Buendía.

Amaranta Úrsula y Aureliano desencadenan el último capítulo

El regreso de Amaranta Úrsula cambia definitivamente el rumbo de la familia. Después de haber vivido en Europa, vuelve a Macondo y comienza una relación con Aureliano Babilonia sin saber inicialmente que existe un vínculo familiar entre ambos.

La relación desemboca en el nacimiento de un niño. Con él aparece finalmente una de las mayores amenazas que habían rondado a los Buendía durante toda la novela: el hijo nace con una cola de cerdo.

La profecía que había acompañado a la familia desde sus primeras generaciones se cumple de esta manera. El temor de que una relación entre familiares produjera un descendiente con esa característica deja de ser una advertencia y se convierte en realidad.

El nacimiento, sin embargo, también marca el comienzo del final definitivo.

¿Qué ocurre con Amaranta Úrsula y su hijo?

Amaranta Úrsula muere después del parto debido a una hemorragia, dejando a Aureliano completamente solo con el recién nacido. La tragedia vuelve a repetirse dentro de una familia acostumbrada a perder a sus integrantes en circunstancias extraordinarias.

Mientras Aureliano intenta comprender lo ocurrido, se refugia en el cuarto de Melquíades. Allí retoma los pergaminos que durante tanto tiempo habían permanecido como un enigma.

Es entonces cuando la novela revela uno de sus grandes secretos.

Los pergaminos contienen toda la historia de los Buendía

Aureliano Babilonia consigue descifrar los manuscritos de Melquíades y descubre que no se trata simplemente de documentos antiguos. En ellos está escrita la historia completa de los Buendía y de Macondo.

El descubrimiento transforma por completo la percepción del personaje. Aureliano comprende que aquello que está leyendo no pertenece únicamente al pasado. Los pergaminos están narrando también su propio presente.

El tiempo deja de funcionar de manera lineal y se convierte en un círculo. La historia que Aureliano está leyendo es, al mismo tiempo, la historia que el lector acaba de recorrer.

Ese recurso convierte el desenlace de Cien años de soledad en algo más que el cierre de una saga familiar. García Márquez hace que la novela termine sobre sí misma y convierte la lectura en parte del acontecimiento final.

¿Cómo muere el último descendiente de los Buendía?

Mientras Aureliano descifra los pergaminos, el recién nacido queda abandonado. El niño termina siendo devorado por las hormigas, una imagen que conecta con los símbolos y presagios que recorrieron la novela desde sus primeras páginas.

Aureliano continúa leyendo y finalmente comprende la profecía completa. Los manuscritos anticiparon el destino de la familia y también el instante en que la profecía llegaría a su conclusión.

La revelación ocurre prácticamente al mismo tiempo que la destrucción de Macondo.

Un huracán borra a Macondo del mapa

Cuando Aureliano termina de descifrar los pergaminos, un viento huracanado arrasa Macondo. El pueblo desaparece junto con la casa de los Buendía y con las huellas de una familia que durante generaciones estuvo condenada a repetir sus mismos errores.

La destrucción no funciona únicamente como una catástrofe física. Macondo desaparece porque su historia ha llegado al punto final que estaba escrito desde el principio.

La familia no obtiene una nueva oportunidad. Tampoco consigue escapar de la soledad que marcó a sus integrantes durante cien años.

Las obsesiones de Gabriel García Márquez

El desenlace de la novela resume buena parte de las obsesiones de Gabriel García Márquez: el tiempo, la memoria, el olvido, la repetición y la imposibilidad de escapar del pasado.

Los Buendía parecen avanzar a través de las generaciones, pero en realidad permanecen atrapados en patrones que se repiten. Los nombres regresan, los errores vuelven a aparecer y las tragedias parecen adoptar nuevas formas.

Por eso, la desaparición de Macondo no representa solamente el final de un pueblo. Es la conclusión lógica de una historia en la que sus protagonistas nunca consiguen aprender completamente de su pasado.

La última escena convierte al lector en parte de la profecía

Uno de los mayores aciertos del final es que Aureliano descubre que está leyendo exactamente aquello que está sucediendo. El libro que tiene entre las manos contiene su propia historia y, de cierta manera, también contiene al lector.

Cuando termina la lectura, también termina la novela. No queda espacio para una continuación porque la profecía establece que la estirpe de los Buendía, condenada a cien años de soledad, no tendrá una segunda oportunidad sobre la tierra.

Así, Cien años de soledad cierra el círculo de una forma tan contundente como inesperada: el último Buendía comprende su destino justo cuando ya es demasiado tarde para modificarlo.

El capítulo final de la adaptación de Netflix enfrenta ahora el reto de trasladar a la pantalla una de las conclusiones más reconocibles de la literatura en español.

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