Cumbres borrascosas: secretos de una de las novelas góticas más célebres de la historia

Emily Brontë es la autora de una novela inmortal que escandalizó a la Inglaterra victoriana.

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Cada generación necesita su propia tormenta en los páramos. Este año, Cumbres borrascosas vuelve al cine con Jacob Elordi y Margot Robbie al frente. Dos estrellas contemporáneas para una historia que, más que romántica, es salvaje, incómoda y obsesiva. Antes de que la nueva versión llegue a salas, vale la pena mirar detrás del mito: quién fue Emily Brontë y por qué su única novela sigue vigente casi 180 años después de su publicación.

Emily Brontë: la autora que casi no salió de casa

Emily Brontë nació el 30 de julio de 1818 y murió el 19 de diciembre de 1848, a los 30 años, víctima de tuberculosis. En ese breve lapso escribió una sola novela: Wuthering Heights (1847).
Fue la quinta de seis hermanos —entre ellos Charlotte y Branwell— y pasó prácticamente toda su vida en Haworth, Yorkshire. La casa parroquial donde vivían daba directamente a los páramos: ese paisaje agreste, ventoso y casi lunar que define el tono de la novela. Emily no era una figura social; prefería caminar sola por la naturaleza antes que frecuentar salones literarios. El clima, el aislamiento y la violencia del entorno están incrustados en cada página de su novela inmortal.
Hoy esos páramos se pueden recorrer y hay un lugar que los fans persiguen como si fuera una reliquia: Top Withens, una casa en ruinas en lo alto de una colina que muchos consideran la inspiración para la finca de Heathcliff. Cuando Emily vivía, era una casa funcional; ahora es destino turístico y punto de peregrinación literaria.

Ellis Bell: publicar siendo mujer (sin parecerlo)

En 1847, publicar siendo mujer no era exactamente una ventaja competitiva. Tras varios rechazos editoriales, Emily y su hermana Anne pagaron 50 libras —una suma considerable— para publicar juntas Cumbres borrascosas y Agnes Grey. Lo hicieron bajo seudónimos masculinos: Ellis Bell y Acton Bell. Charlotte, ese mismo año, publicaría Jane Eyre como Currer Bell.
El dato no es menor. La novela que hoy está entre las tres clásicas más vendidas en lengua inglesa nació en un entorno de desconfianza hacia las autoras. Emily no llegó a ver su canonización: murió un año después de la publicación. Tampoco supo que su libro, recibido con desconcierto y escándalo, terminaría convertido en pieza central del siglo XIX.

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Emily Brontë

Branwell, el hermano caído y la sombra del alcohol

Mientras Emily escribía su historia de pasiones desbordadas, en la misma casa su hermano Branwell se hundía en el alcohol y el opio. El fin de su romance con una mujer casada precipitó una espiral autodestructiva que marcó la dinámica familiar.
En la novela, Hindley Earnshaw —hermano de Catherine— cae en el alcoholismo tras la muerte de su esposa. No es difícil ver un eco biográfico. La violencia doméstica, la degradación moral y el resentimiento que recorren el libro no son caprichos góticos; dialogan con un entorno real, con pérdidas y adicciones muy concretas.

No es una historia de amor (al menos no como te la vendieron)

Durante décadas se ha etiquetado a Cumbres borrascosas como “la gran historia de amor”. Incluso ha encabezado listas de romances definitivos. Pero esa lectura es, como mínimo, incompleta.
La relación entre Heathcliff y Catherine ocupa solo la primera mitad del libro. La segunda se centra en las consecuencias: la siguiente generación, los hijos, el daño heredado. Es una novela gótica sobre obsesión, abuso y venganza.
Heathcliff dista mucho del héroe romántico. Es posesivo, cruel, manipulador. Hay un momento en que rompe el costado del ataúd de Catherine para que, cuando él muera, sus restos puedan mezclarse. Eso es poco menos que una fijación enfermiza. La crítica victoriana lo entendió así. Algunas reseñas admiraron la potencia imaginativa del libro; otras lo consideraron depravado y moralmente perturbador. Para ciertos lectores de 1847, aquello era dinamita.

Un escándalo que envejeció bien

La novela se publicó en diciembre de 1847. En septiembre de 1848 murió Branwell. En diciembre, Emily. En mayo de 1849, Anne. Charlotte quedó sola. La familia que había producido tres de las voces más influyentes de la literatura inglesa quedó reducida a una superviviente.
Sin embargo, el libro resistió y con el tiempo, esa mezcla de violencia, deseo y fatalismo dejó de ser un escándalo para convertirse en canon. Hoy se estudia como una obra que rompe con la moral victoriana y desarma la idea tradicional de heroísmo masculino.

Del cine clásico a Margot Robbie

La primera adaptación cinematográfica fue una película muda de 1920, hoy perdida. La versión más famosa es la de 1939, con Laurence Olivier y Merle Oberon, que fijó en la cultura popular la imagen del Heathcliff atormentado y seductor. Después vendrían más: 1992, 2011, e incluso reinterpretaciones en Bollywood (Dil Diya Dard Liya, 1966) o en Japón (Arashi Ga Oka, 1988). Ha habido musicales, ballet, ópera y hasta versiones adolescentes como Wuthering High School.
La nueva adaptación con Jacob Elordi y Margot Robbie llega en un momento interesante. Elordi ha construido una carrera explorando masculinidades intensas y ambiguas; Robbie, por su parte, ha demostrado que puede apropiarse de personajes complejos sin suavizarlos. Si la película decide abrazar el costado oscuro del texto puede devolverle a la historia su filo original.

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