Hay personas que llegan a un bar y piden lo mismo de siempre. Otras necesitan revisar toda la carta antes de decidir. Algunos quieren algo fuerte, otros algo elegante y algunos simplemente buscan una botella que se vea bien sobre la mesa.
Con el whiskey pasa algo parecido.
No todos saben igual y, definitivamente, no todos tienen la misma personalidad. Hay botellas ahumadas y difíciles de entender al primer trago, otras dulces y fáciles de beber, algunas extremadamente precisas y otras que parecen haber sido creadas para acompañar una conversación que termina tres horas después de lo previsto.
Así que, dejando por un momento las notas de cata y las regiones productoras, esta es una forma mucho más sencilla de elegir uno: ¿qué whiskey se parece más a ti?
Si eres clásico pero no aburrido: Speyside Scotch
Probablemente tienes una camisa blanca que te queda perfectamente, sabes que unos buenos zapatos pueden salvar prácticamente cualquier outfit y no necesitas llevar el logo más grande para demostrar que algo es bueno.
Tu whiskey es un single malt de Speyside.
Esta región escocesa es conocida por producir whiskies generalmente más suaves, elegantes y con notas que pueden recordar a fruta, miel, vainilla y especias. Son sofisticados sin tener que ser complicados.
También es probablemente el whiskey ideal para quien quiere empezar a tomarse este mundo un poco más en serio pero todavía no está preparado para sentir que alguien encendió una fogata dentro de su vaso.
Eres tradicional, pero sabes cuándo romper las reglas.
Si eres el que siempre termina organizando la fiesta: Bourbon
Tienes amigos en prácticamente todos lados, probablemente eres quien propone pedir otra ronda y no necesitas una ocasión especial para abrir una buena botella.
Eres bourbon.
Producido principalmente en Estados Unidos y elaborado con al menos 51% de maíz, suele tener un perfil más dulce, con notas de caramelo, vainilla, madera y especias.
Es directo, fácil de entender y difícil de rechazar.
El bourbon tampoco necesita demasiadas ceremonias. Puedes tomarlo solo, con hielo o convertirlo en un Old Fashioned sin sentir que acabas de cometer algún crimen contra siglos de tradición.
Si eres la persona que hace que todos se sientan cómodos cuando llegan a una fiesta donde no conocen a nadie, probablemente eres bourbon.
Si al principio pareces complicado: Islay Scotch
No eres precisamente la persona más fácil de conocer.
Quizá hablas poco cuando llegas a un lugar nuevo. Tienes opiniones bastante específicas sobre música, películas, restaurantes y probablemente existe alguna banda que te molesta porque “era mejor antes de hacerse famosa”.
Tu whiskey viene de Islay.
Los whiskies de esta isla escocesa son famosos por sus sabores ahumados, salinos y, en muchas ocasiones, intensamente turbosos. Para alguien que nunca ha probado uno pueden resultar demasiado fuertes.
Pero ese es precisamente el punto.
Islay no intenta gustarle a todo el mundo. Y tú tampoco.
Después del primer impacto aparecen sabores más complejos y una personalidad bastante difícil de encontrar en otro tipo de whiskey.
No eres complicado. Solo necesitas un poco más de tiempo.
Si todo tiene que estar perfectamente pensado: whiskey japonés
Tu departamento probablemente está ordenado. Tienes una playlist específica para cocinar, otra para trabajar y seguramente sabes exactamente dónde dejaste tus llaves.
Tu opción es el whiskey japonés.
Durante las últimas décadas, Japón se convirtió en uno de los países más respetados dentro del mundo del whiskey gracias a una filosofía basada en precisión, equilibrio y atención casi obsesiva a los detalles.
Sus whiskies suelen buscar armonía antes que intensidad.
Eso también aplica a tu personalidad.
No necesitas ser la persona que habla más fuerte en una mesa para llamar la atención. Prefieres que todo tenga sentido: desde cómo combinas un traje hasta el restaurante que escogiste para una cita.
Tu mayor problema probablemente sea que puedes tardar demasiado tratando de encontrar la opción perfecta.
Si te aburres fácilmente: Rye whiskey
Necesitas que algo esté pasando.
Una noche tranquila puede convertirse rápidamente en otro bar, otra fiesta o un viaje que nadie había planeado unas horas antes.
Eres rye whiskey.
El centeno suele darle un carácter más seco, especiado y agresivo que el bourbon. Tiene más filo, más personalidad y ese pequeño golpe que hace que una bebida aparentemente clásica se sienta bastante diferente.
También es una de las mejores bases para cocktails como el Manhattan.
En términos de personalidad: probablemente no eres para todo el mundo, pero rara vez eres aburrido.
Y, para ser justos, prefieres eso.
Si puedes hablar con cualquiera: Irish whiskey
Puedes sentarte junto a un desconocido y diez minutos después saber dónde nació, a qué se dedica y por qué terminó con su última pareja.
Tu whiskey es irlandés.
Muchos Irish whiskeys son conocidos por ser suaves, accesibles y fáciles de beber, algo que los convierte en una excelente entrada para quien apenas empieza a explorar la categoría.
No significa que sean simples.
Simplemente no sienten la necesidad de demostrar constantemente lo complicados que pueden ser.
Algo parecido pasa contigo: sabes moverte entre diferentes grupos, ambientes y conversaciones sin cambiar completamente quién eres.
Además, tienes una habilidad peligrosa para convencer a alguien de que “una última copa” realmente significa una última copa.
Aunque nunca sea cierto.
Si quieres hacer todo diferente: whiskey experimental
No quieres el restaurante al que todos están yendo. Tampoco quieres los tenis que aparecen cada cinco minutos en Instagram.
Si algo empieza a hacerse demasiado popular, probablemente tú ya estás buscando otra cosa.
Tu whiskey es uno de esos que experimenta con barricas poco comunes, distintos cereales o procesos fuera de lo tradicional.
Te interesa descubrir antes que consumir.
Y probablemente eres esa persona que llega con una botella que ninguno de tus amigos conoce y pasa los siguientes diez minutos explicando por qué deberían probarla.
A veces puede ser ligeramente insoportable.
Pero normalmente tienes razón.
Al final, el mejor whiskey es el que realmente te gusta
Puedes aprender regiones, tipos de barricas, porcentajes de alcohol y diferencias entre bourbon y Scotch. Todo eso ayuda.
Pero beber whiskey tampoco debería convertirse en un examen.
Si prefieres uno dulce, tómalo. Si te gusta con hielo, ponle hielo. Si todavía no entiendes por qué alguien disfrutaría algo que huele ligeramente a humo y mar, tampoco pasa nada.
El mejor whiskey no necesariamente es el más caro, el más viejo o el que consiguió más puntos de algún crítico.
Es el que vuelves a pedir. Aunque, después de leer esto, quizá ya tengas una idea de por qué.