Los hombres nunca se habían cuidado tanto y ya no les da pena admitirlo

El grooming masculino dejó de limitarse a un corte de pelo, un afeitado y un poco de perfume. Hoy cuidarse también significa entender nuestra piel, nuestro cabello y nuestro bienestar, y eso está cambiando la manera en que entendemos la masculinidad.

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Hubo un tiempo en el que la rutina de cuidado personal de muchos hombres podía resumirse en una barra de jabón, un rastrillo y el mismo producto utilizado indistintamente para el cabello, el cuerpo y, probablemente, cualquier otra cosa que necesitara limpiarse. Preocuparse demasiado por la apariencia podía incluso generar cierta sospecha, como si dedicar tiempo a cuidarse fuera incompatible con una determinada idea de masculinidad.

Hoy basta entrar al baño de muchos hombres para comprobar cuánto ha cambiado aquello. Limpiadores faciales, hidratantes, protector solar, sérums, productos específicos para el cabello, aceites para la barba y varios perfumes pueden convivir perfectamente en el mismo espacio. Y ya no resulta extraño que un hombre sepa qué tipo de piel tiene, pregunte qué corte favorece más a su rostro o dedique varios minutos cada mañana a una rutina que hace algunos años probablemente habría preferido mantener en secreto.

Este 21 de agosto, cuando se celebra el Men’s Grooming Day, la fecha resulta una buena excusa para observar algo mucho más grande. Los hombres no solamente están cuidándose más. También están dejando de sentir que necesitan justificarse por hacerlo.

Cuidarse alguna vez pareció poco masculino

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Durante generaciones, la relación entre los hombres y su apariencia estuvo llena de contradicciones. Había que verse bien, pero no podía parecer que habías dedicado demasiado esfuerzo a conseguirlo. El cabello debía estar en su sitio, el afeitado perfecto y la ropa impecable, pero admitir interés por productos, tratamientos o belleza podía cruzar una frontera invisible.

La masculinidad tradicional construyó buena parte de su identidad alrededor de la autosuficiencia. Aguantar, resolver y necesitar poco eran virtudes. Esa misma lógica terminó trasladándose al cuidado personal, donde utilizar menos productos e invertir menos tiempo podía convertirse extrañamente en una demostración de masculinidad.

Por supuesto, los hombres siempre se han preocupado por su apariencia. Basta observar la historia de las barberías, las fragancias, los relojes o la sastrería para comprobarlo. Lo que está cambiando no es necesariamente el deseo de verse bien, sino la libertad para reconocer cuánto nos importa hacerlo.

El skincare dejó de ser territorio desconocido

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Probablemente ningún cambio resulte tan evidente como el cuidado de la piel.

El mercado global del grooming masculino continúa creciendo y el skincare se ha convertido en una de sus categorías más importantes. Las nuevas generaciones, además, están entrando mucho antes en contacto con conceptos que muchos hombres descubrieron apenas en la adultez, desde la importancia del protector solar hasta la diferencia entre hidratar, limpiar y exfoliar.

Las redes sociales han tenido mucho que ver. Hoy un dermatólogo puede explicar en un video de un minuto por qué utilizar SPF todos los días, mientras creadores masculinos hablan abiertamente de acné, caída del cabello, barba o envejecimiento. Información que antes podía requerir una consulta especializada o simplemente no formar parte de la conversación masculina ahora está disponible constantemente.

Y una vez que sabes que lavarte la cara correctamente y utilizar protector solar puede marcar una diferencia, resulta bastante difícil volver a fingir que no te importa.

Oler bien también se convirtió en un hobby

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Algo parecido ocurrió con los perfumes.

Durante mucho tiempo, muchos hombres tenían una fragancia. La utilizaban para trabajar, salir a cenar, ir a una boda y prácticamente cualquier otra ocasión hasta que la botella se terminaba.

Ahora existe una cultura masculina mucho más interesada en entender qué lleva puesto. Notas, concentración, duración, proyección y casas de nicho forman parte de conversaciones que han encontrado comunidades enormes en TikTok, YouTube e Instagram.

El perfume dejó de ser únicamente el último paso antes de salir de casa y se convirtió para algunos hombres en algo cercano a coleccionar sneakers o relojes. Diferentes fragancias para diferentes momentos, estaciones e incluso estados de ánimo.

Eso también dice algo importante sobre la transformación del grooming. Ya no solamente queremos estar limpios y presentables. Queremos desarrollar una identidad.

La barbería tampoco es solamente un lugar para cortarse el pelo

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El regreso y transformación de la barbería durante las últimas décadas ayuda a entender este fenómeno.

Un buen corte dejó de ser simplemente pedir “más corto de los lados”. Fade, taper, textura, barba, forma del rostro y diferentes productos forman parte de un vocabulario que cada vez más hombres conocen.

Pero la barbería también recuperó algo que va más allá de la apariencia. Puede funcionar como espacio social, ritual y momento de pausa. Durante una hora alguien más se ocupa de ti y, aunque el resultado final sea un corte de pelo, la experiencia forma parte del atractivo.

Lo mismo ocurre con tratamientos faciales, masajes, manicuras o spas que poco a poco están dejando de sentirse como territorios exclusivamente femeninos.

Cuidarse también puede ser una forma de detenerse.

Del grooming al wellness hay solamente un paso

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Quizá la transformación más interesante ocurre cuando dejamos de separar completamente apariencia y bienestar.

Dormir mejor puede reflejarse en el rostro. Hacer ejercicio cambia nuestro cuerpo y postura. Comer bien influye en la piel y el cabello. Cuidar los dientes, utilizar protector solar o prestar atención a la caída del pelo puede tener implicaciones que van mucho más allá de verse bien frente al espejo.

Por eso el grooming masculino está empezando a mezclarse con una conversación mucho mayor alrededor del wellness.

No todo tiene que ver con parecer más joven o atractivo. También existe algo profundamente satisfactorio en saber que estamos cuidando aquello que tendremos que llevar con nosotros durante toda nuestra vida.

Nuestro propio cuerpo.

Cuidarse no nos hace menos hombres

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Quizá esta sea la transformación que realmente vale la pena celebrar.

Durante demasiado tiempo algunos hombres aprendieron que preocuparse por sí mismos debía hacerse discretamente. Podían querer verse bien, pero no demasiado. Utilizar productos, pero no demasiados. Saber de ropa, pero no parecer demasiado interesados. Hablar de bienestar, pero sin mostrarse vulnerables.

Muchas de esas fronteras empiezan a perder sentido.

Un hombre puede disfrutar de un buen perfume y también de un buen reloj. Puede saber qué sérum funciona para su piel y seguir sin entender absolutamente nada sobre otro tema. Puede hacerse una manicura, ir al gimnasio, cuidar su barba o simplemente ponerse protector solar cada mañana sin que ninguna de esas decisiones necesite convertirse en una declaración sobre su masculinidad.

Quizá el verdadero cambio no sea que los hombres se estén cuidando más.

Es que finalmente entendimos que nunca hubo nada que justificar.

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