Hay un momento antes de cualquier viaje en el que aparece inevitablemente la misma pregunta. ¿Qué voy a llevar? Abrimos el clóset, comenzamos a hacer combinaciones y descubrimos que esa camisa que utilizamos todas las semanas de repente parece insuficiente para cinco días en Italia, una playa en México o un fin de semana en Nueva York.
Entonces compramos algo.
Y cada vez más hombres parecen estar haciéndolo. Datos recientes de Reino Unido muestran que los hombres gastan actualmente 7% más que las mujeres en guardarropa para vacaciones, con un promedio de £420 al año. El interés también está haciendo crecer una categoría de moda masculina que durante mucho tiempo estuvo limitada a poco más que shorts, sandalias y una camisa estampada.
Pero detrás de ese crecimiento hay algo más interesante que una nueva oportunidad para vender ropa. Cuando viajamos, nuestra relación con la manera de vestir cambia.
Las vacaciones nos permiten vestir como alguien más
En nuestra vida cotidiana, el guardarropa está condicionado por la rutina. Sabemos qué podemos usar para trabajar, qué funciona para salir a cenar y qué prendas elegimos cuando no queremos pensar demasiado. Con el tiempo, vestirse puede convertirse casi en un acto automático. Viajar rompe esa rutina.
De repente existe una razón para utilizar esa camisa que parecía demasiado atrevida en casa, comprar unos loafers que llevábamos meses considerando o finalmente ponerse unos lentes de sol que en nuestra propia ciudad podían sentirse excesivos. El destino funciona como una especie de permiso para experimentar.
No es casualidad que el guardarropa de vacaciones se esté volviendo más específico. Los hombres están pensando en qué utilizar durante el vuelo, qué ponerse durante el día y cómo vestirse para una cena, mientras buscan prendas capaces de funcionar en diferentes momentos del viaje.
No solamente estamos empacando para un lugar diferente. También estamos empacando para una versión diferente de nosotros mismos.
El aeropuerto también se convirtió en parte del viaje
Durante años, vestirse para volar significaba básicamente elegir la ropa más cómoda posible. Esa lógica no ha desaparecido, pero ahora la comodidad tiene que convivir con algo más. El outfit del aeropuerto importa.
La expansión del resortwear masculino está incorporando precisamente prendas que combinan materiales cómodos y funcionales con una apariencia mucho más cuidada. Camisas ligeras, tejidos transpirables, pantalones relajados y prendas capaces de sobrevivir varias horas de vuelo para después seguir funcionando al llegar al destino forman parte de esa transformación.
Tiene sentido. El viaje ya no empieza cuando llegamos al hotel. Empieza desde que salimos de casa y, en una época en la que prácticamente cualquier momento puede terminar fotografiado, también queremos vernos bien durante el trayecto.
Ya no queremos parecer turistas
También ha cambiado aquello que esperamos de la ropa de vacaciones.
La camisa hawaiana, las sandalias y los shorts gigantes representaron durante años una caricatura bastante reconocible del turista. Hoy el objetivo parece ser exactamente el contrario. Queremos estar cómodos sin parecer que abandonamos nuestro estilo en cuanto subimos al avión.
Por eso prendas como las camisas de lino, polos tejidos, pantalones ligeros, shorts con cortes más cuidados y buenos trajes de baño han ganado espacio. Son piezas que pueden funcionar junto a una alberca durante el día y seguir teniendo sentido algunas horas después durante una cena.
La versatilidad se ha convertido en una parte importante del nuevo guardarropa de viaje. La idea ya no es llevar una prenda para cada momento, sino encontrar aquellas que puedan cambiar dependiendo de cómo las combinemos.
Y eso también explica por qué estamos dispuestos a invertir más en ellas. La mejor ropa de vacaciones ya no debería quedarse guardada hasta el siguiente verano.
Instagram también cambió nuestra maleta
Sería imposible hablar de este fenómeno sin mencionar las redes sociales.
Hace veinte años, las fotografías de unas vacaciones probablemente terminaban en un álbum que veían familiares y amigos. Hoy un viaje puede convertirse en decenas de imágenes y videos publicados prácticamente en tiempo real.
Eso inevitablemente cambia nuestra relación con la ropa.
Ya no solamente pensamos si un outfit será cómodo para caminar durante horas. También sabemos que probablemente aparecerá en fotografías que permanecerán en nuestro perfil mucho después de regresar a casa. El creciente interés masculino por la moda, el fitness, el estilo personal y las redes sociales está influyendo directamente en el crecimiento del guardarropa de vacaciones.
Sin embargo, reducirlo todo a Instagram sería demasiado sencillo. Incluso sin publicar una sola fotografía, existe algo especial en vestirse diferente cuando estamos lejos.
Quizá viajamos para ser otra versión de nosotros mismos
Las vacaciones siempre han tenido algo de transformación. Dormimos en otra habitación, cambiamos nuestros horarios, comemos cosas diferentes, conocemos personas que probablemente nunca volveremos a ver y caminamos por lugares donde nadie sabe quiénes somos.
La ropa forma parte de esa libertad.
Durante unos días podemos utilizar colores que normalmente evitamos, vestir un poco más elegante para cenar o experimentar con prendas que en nuestra rutina cotidiana nunca encontrarían el momento adecuado.
Por eso quizá el crecimiento del guardarropa masculino de vacaciones no habla únicamente de que los hombres estén comprando más ropa.
Habla de cómo utilizamos los viajes para experimentar con nuestra propia identidad.
Tal vez no compramos esa camisa de lino porque realmente la necesitemos para ir a la playa. La compramos porque podemos imaginarnos llevándola mientras caminamos por un lugar donde nunca hemos estado.
Y durante unos días, esa persona también podemos ser nosotros.