Hablar de próstata no suele estar en la lista de temas favoritos en una sobremesa de amigos. Sin embargo, cada año más de un millón de hombres en el mundo reciben un diagnóstico de cáncer de próstata, el segundo cáncer más frecuente en la población masculina.
Pero hay una buena noticia: detectado a tiempo, suele tener altas probabilidades de tratamiento exitoso. Sin embargo, muchos hombres siguen postergando las revisiones, ignorando factores de riesgo o confiando en que “eso le pasa a otros”. Aquí tienes lo esencial, sin rodeos y con base científica, que debes saber para prevenir antes de lamentar.
¿Quiénes tienen más riesgo?
Hay factores que no podemos cambiar:
- Edad: el riesgo aumenta a partir de los 50 años.
- Antecedentes familiares: padre, abuelo o hermanos con cáncer de próstata elevan significativamente la probabilidad.
- Origen afrodescendiente: mayor incidencia y, en algunos casos, formas más agresivas.
- Mutaciones genéticas heredadas, como las asociadas al Síndrome de Lynch.
Si cumples con alguno de estos puntos, no es motivo para alarmarte, pero sí para prever tus chequeos.
El tabú detrás del hecho
Muchos hombres evitan hablar del tema. Otros retrasan el chequeo por incomodidad o miedo al resultado. El problema es que el cáncer de próstata en etapas iniciales puede no dar síntomas.
Cuando se detecta tarde, las opciones de tratamiento se reducen y el pronóstico puede complicarse.
Cinco hábitos que sí están en tus manos, respaldados por la ciencia
Aunque no todo depende del estilo de vida, hay decisiones cotidianas que influyen en el riesgo y en la evolución de la enfermedad.
1. Comer mejor
Una dieta alta en grasas saturadas y trans (frecuentes en ultraprocesados, frituras y embutidos) se asocia con mayor riesgo. En cambio, se ha observado efecto protector en Omega-3 (pescados azules como salmón o sardina, nueces), frutas y verduras frescas, soja y té verde.
También conviene moderar las carnes cocinadas a temperaturas muy altas, ya que pueden generar compuestos relacionados con procesos carcinogénicos. Recuerda que no se trata de eliminar todo lo que disfrutas, sino de inclinar la balanza hacia alimentos antiinflamatorios.
2. Ejercicio y peso corporal
Mantener un peso saludable no es solo una cuestión de imagen. La obesidad se ha vinculado con formas más agresivas de cáncer de próstata y con peores resultados durante el tratamiento. Por eso es importante mantener una actividad física regular, pues reduce la inflamación crónica, mejora la función inmunológica, y disminuye factores metabólicos asociados a progresión tumoral. No necesitas convertirte en atleta profesional para llevar un estilo de vida saludable.
3. Dejar el tabaco
Fumar no solo afecta pulmones y corazón. Los estudios muestran que los fumadores tienen mayor riesgo de recurrencia tras el tratamiento y más probabilidad de metástasis. Abandonar el cigarro no elimina el riesgo por completo, pero sí mejora el pronóstico general.
4. Vida sexual activa
Un estudio de largo plazo que siguió a más de 30 mil hombres durante 18 años encontró que quienes reportaron 21 o más eyaculaciones al mes tuvieron aproximadamente un 20% menos riesgo de cáncer de próstata en comparación con quienes eyaculaban entre 4 y 7 veces al mes. Esto se debe a que la eyaculación frecuente podría ayudar a eliminar sustancias potencialmente nocivas acumuladas en la próstata, según Harvard Health Publishing.
5. Conocer tu historia familiar (y actuar)
Si tienes antecedentes directos o sospecha de predisposición genética, conviene hablar con tu médico sobre factores importantes como antígeno prostático específico (PSA), examen físico prostático, y posibles pruebas genéticas si hay indicación clínica, según recomienda la American Cancer Society. La prevención personalizada es más efectiva que la prevención genérica.
Los chequeos: la parte que nadie quiere, pero todos necesitan
Recuerda que el examen físico y el PSA permiten detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas. No todos los hombres necesitan empezar a la misma edad ni con la misma frecuencia. Eso depende de tus factores de riesgo. Lo clave es decidirlo con información médica.