Lamborghini sabe que los autos chinos ya pueden ser más rápidos

El CEO de Lamborghini dice que marcas como Denza y YangWang no representan una amenaza. Su argumento abre una discusión mucho más interesante: cuando cualquiera puede ofrecer cifras absurdas de potencia, ¿qué hace especial a un superauto?

Lamborghini

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Durante buena parte de la historia del automóvil, los números servían para establecer jerarquías. Más cilindros era mejor. Más potencia significaba más prestigio. Bajar unas décimas del 0 a 100 podía conseguir portadas y una velocidad máxima ligeramente superior era suficiente para iniciar discusiones que duraban años.

La electrificación arruinó parte de esa lógica. Un motor eléctrico entrega potencia de manera tan inmediata y la tecnología ha avanzado a tal velocidad que cifras que hace apenas una década pertenecían exclusivamente a Bugatti, Ferrari, Lamborghini o McLaren empiezan a aparecer en vehículos creados por compañías considerablemente más jóvenes.

Stephan Winkelmann, CEO de Lamborghini, parece bastante poco preocupado. Al hablar recientemente sobre los fabricantes chinos, aseguró que la marca italiana no los considera actualmente una amenaza, aunque modelos como el nuevo Denza Z prometan 1,583 hp, un 0 a 100 km/h de menos de dos segundos y velocidades cercanas a 350 km/h. Su argumento es que esos vehículos son eléctricos y que Lamborghini compite con otra combinación de rendimiento, sonido y emoción.

Puede sonar arrogante. También podría tener razón.

Denza

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Tener más caballos ya no garantiza tener el mejor superauto

Los números siguen importando, naturalmente. Nadie paga cientos de miles de dólares por un Lamborghini esperando perder contra un hatchback al salir de un semáforo.

Pero la potencia se ha vuelto un recurso cada vez menos escaso.

Hoy existen sedanes familiares eléctricos capaces de acelerar como superautos de hace una década. El 0 a 100 se ha comprimido tanto que bajar otra décima empieza a sentirse menos espectacular. A determinadas velocidades, además, buena parte de esas diferencias son prácticamente imposibles de experimentar fuera de un circuito.

Eso obliga a los fabricantes de superautos a vender otra cosa. Lamborghini cree que esa otra cosa es la experiencia.

Winkelmann destacó particularmente el sonido y la emoción como elementos donde todavía ve una ventaja frente a sus nuevos competidores. La compañía ha retrasado además su primer vehículo completamente eléctrico y continuará apostando por sistemas híbridos enchufables; incluso el Lanzador, concebido originalmente como un eléctrico, cambió de dirección hacia una configuración híbrida.

No es una resistencia absoluta a la electricidad. Es una resistencia a utilizarla antes de que pueda producir el tipo de automóvil que Lamborghini cree que debe vender.

Pero ignorar a China sería un error

Aquí es donde la seguridad de Lamborghini necesita cierta cautela. Los fabricantes chinos quizá todavía no tengan décadas de historia, pero tienen algo potencialmente más peligroso: tiempo y velocidad de desarrollo.

Denza pertenece al ecosistema de BYD, mientras que YangWang ha demostrado hasta qué punto las compañías chinas están dispuestas a experimentar con tecnología, software y sistemas eléctricos de alto rendimiento. Winkelmann reconoció precisamente el software como una de las áreas que le han llamado la atención y, aunque hoy no identifica a un rival chino concreto como amenaza directa, también dejó abierta la posibilidad de que eso cambie.

Ferrari, Lamborghini y Porsche tampoco nacieron siendo leyendas. Construyeron esa reputación durante décadas.

La pregunta es cuánto tiempo necesitan ahora las nuevas marcas para hacer algo parecido cuando el desarrollo tecnológico ocurre considerablemente más rápido. Probablemente menos.

Denza

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El próximo gran superauto quizá no sea el más rápido

Eso podría ser saludable.

Durante años, los fabricantes parecían atrapados en una carrera donde cada generación necesitaba más potencia que la anterior. Primero 500 hp parecían absurdos. Después 700. Luego 1,000. Ahora ya estamos hablando tranquilamente de 1,500 o 2,000. En algún momento la cifra deja de contar una historia.

Lamborghini parece apostar a que sus clientes ya lo saben. El Revuelto es híbrido, pero conserva un V12 atmosférico. No es la solución más sencilla ni probablemente la más lógica, pero justamente esa combinación entre tecnología nueva y una arquitectura que parece pertenecer a otra época constituye buena parte de su atractivo.

Tal vez el futuro del superauto no dependa de quién consiga llegar primero a 100 km/h. Eso probablemente termine siendo una batalla matemática imposible de percibir.

La competencia verdaderamente interesante será otra: quién consigue fabricar el auto que quieras seguir manejando después de haber hecho el 0 a 100 una vez. Ahí Lamborghini todavía tiene una ventaja.

Pero por primera vez en mucho tiempo, hay mucha gente intentando alcanzarla.

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