Durante los últimos años, hablar del futuro del automóvil casi siempre ha significado hablar de pantallas más grandes, sistemas inteligentes, electrificación y vehículos capaces de hacer cada vez más cosas por nosotros. Spyker decidió regresar justo cuando la industria parece avanzar en esa dirección, pero su nuevo superdeportivo propone algo muy distinto.
El C8 Preliator XXV es el modelo con el que la marca neerlandesa vuelve a escena. Tendrá una producción limitada a 25 unidades y combina un motor V8 biturbo de 4.0 litros con 800 hp, 1,000 Nm de torque y una transmisión manual de seis velocidades.
Las cifras son propias de un superdeportivo moderno. La manera de entregarlas, no tanto.
Un superdeportivo que todavía necesita al conductor
Uno de los elementos que más llaman la atención del nuevo Spyker es precisamente lo que no tiene.
No hay una enorme pantalla dominando el tablero ni una larga lista de funciones diseñadas para sustituir la participación del conductor. El interior mantiene controles físicos, materiales trabajados artesanalmente y una configuración claramente inspirada en el mundo de la aviación, una referencia que ha acompañado a Spyker desde hace años.
La transmisión manual es quizá el mejor ejemplo.
En un momento en el que prácticamente todos los grandes superdeportivos han recurrido a transmisiones automáticas de doble embrague por su velocidad, Spyker mantiene una palanca manual y un mecanismo expuesto que vuelve cada cambio parte de la experiencia.
No será la opción más rápida sobre el papel, pero tampoco parece ser esa la intención.
La tecnología está, solo que no quiere ser protagonista
Sería fácil interpretar al C8 Preliator XXV como un automóvil que simplemente rechaza la tecnología. En realidad sucede algo diferente.
El coche puede acelerar de 0 a 100 km/h en aproximadamente 2.7 segundos y cuenta con ingeniería suficientemente avanzada para competir dentro de su segmento. La diferencia está en que buena parte de esa tecnología permanece detrás de la experiencia y no frente al conductor.
Es una decisión que comienza a tener más sentido conforme los interiores de los automóviles se parecen cada vez más entre sí.
Durante años, una pantalla de mayor tamaño era una forma sencilla de comunicar modernidad. Hoy, ciertos fabricantes comienzan a recuperar botones, interruptores y controles físicos precisamente porque ofrecen algo que una superficie táctil difícilmente puede replicar: una sensación mecánica.
Un lujo cada vez más raro
Spyker tampoco está intentando convertirse en un fabricante de volumen.
Solo se construirán 25 unidades del C8 Preliator XXV y buena parte de su atractivo está precisamente en el nivel de trabajo artesanal detrás de cada automóvil. La carrocería utiliza aluminio y el interior conserva detalles metálicos que recuerdan a los modelos que hicieron reconocible a la compañía durante la década de los 2000.
Eso también permite que Spyker juegue bajo reglas distintas.
No necesita diseñar el automóvil más práctico, eficiente o sencillo de utilizar. Puede concentrarse en construir algo que tenga personalidad y que, sobre todo, se sienta especial desde el asiento del conductor.
Y en una industria donde cada vez más vehículos son capaces de acelerar de forma impresionante, quizá la verdadera diferencia ya no esté solamente en qué tan rápido pueden hacerlo.
También está en cómo se siente llegar hasta ahí.