La vuelta de Tommy Shelby es uno de los grandes hitos del streaming en los últimos meses con el estreno de la película Peaky Blinders: El hombre inmortal. Y el personaje encarnado por el actor Cillian Murphy lo hizo de una manera memorable: enfrentando un complot nazi para hundir la economía británica y ganar la Segunda Guerra Mundial. En cuanto ves esta trepidante cinta ya disponible en Netflix, con un final a la altura del personaje, te preguntas qué hay de cierto y ficción en esta trama.
La premisa de la película parece sacada de una pesadilla financiera: los nazis quieren inundar el Reino Unido con dinero falso para colapsar la libra esterlina. En la historia, Tommy Shelby se cruza con este complot y lo convierte en su jugada final.
La Operación Bernhard
La llamada Operación Bernhard fue uno de los proyectos más ambiciosos del Tercer Reich. La idea era falsificar libras británicas con tal precisión que ni el propio Banco de Inglaterra pudiera distinguirlas.
El cerebro detrás de esta lógica retorcida ya lo había anticipado décadas antes. El economista John Maynard Keynes lo resumió con una frase que parece escrita para esta historia: corromper la moneda es una forma de destruir todo el sistema.
El plan no surgió de improviso. Fue diseñado por figuras clave del aparato nazi, como Arthur Nebe y Reinhard Heydrich, dos nombres ligados tanto a la inteligencia como al horror sistemático del régimen.
Su objetivo inicial era lanzar billetes falsos desde el aire sobre ciudades británicas, pero antes debían superar un obstáculo técnico monumental: los sistemas antifalsificación de la época.
Los billetes británicos no eran simples piezas de papel. Eran arte en miniatura, con detalles microscópicos, códigos únicos y patrones imposibles de replicar sin una maquinaria humana especializada.
El taller del diablo
Para lograrlo, los nazis crearon una operación secreta dentro del campo de concentración de Sachsenhausen. Allí, bajo el mando de Bernhard Krüger —y con la aprobación de Heinrich Himmler—, se reunió a 134 prisioneros judíos con habilidades técnicas: impresores, artistas, matemáticos, grabadores.
De esa manera se armó una fábrica clandestina donde el talento sobrevivía a cambio de seguir produciendo. Trabajaban turnos de 12 horas. Manipulaban los billetes para darles desgaste real e incluso introducían pequeños errores deliberados. En su punto más alto, producían más dinero que el propio Banco de Inglaterra.
Aunque el plan avanzó, nunca se ejecutó como estaba previsto. La lluvia de dinero falso sobre Reino Unido jamás ocurrió. En su lugar, los nazis utilizaron esos billetes para financiar operaciones encubiertas y espionaje.
Aun así, el potencial era devastador. Si ese dinero hubiera entrado masivamente en circulación, el impacto económico habría sido impredecible.
¿Cómo entra Tommy Shelby al juego?
El creador de la película, Steven Knight, siempre construye sus historias sobre cimientos reales. En El hombre inmortal, la intervención de Tommy Shelby dentro de este contexto es completamente plausible.
El uso de redes criminales para mover dinero ilegal ya existía en la Segunda Guerra Mundial. De hecho, figuras como Friedrich Schwend operaban con estructuras similares donde había contrabandistas, intermediarios y agentes encubiertos.
El personaje de Beckett, interpretado por Tim Roth, no existió en la vida real, pero encarna perfectamente ese tipo de operador en la película, es decir, alguien que se mueve entre gobiernos, crimen y oportunidades.
Lo que hace que esta historia funcione no es solo la tensión narrativa, sino su base documental. Hubo un momento en la historia donde un grupo de prisioneros fabricó millones en secreto y un régimen intentó destruir una economía con papel. Asimismo la guerra se libraba en bancos, imprentas y códigos invisibles.