Durante años, el Festival de Cannes ha sido sinónimo de cine de autor, glamour y grandes estrenos, pero lo cierto es que también da espacio importante al género más transgresor del séptimo arte: el terror, que en cada edición del festival llega con fuerza y da mucho de qué hablar.
Este año, la Croisette no solo recibe dramas y biografías de prestigio; también abre espacio a historias inquietantes, visiones extremas y cineastas que entienden el miedo como una forma de arte.
La selección de género de este año luce particularmente sólida. Para quienes siguen el cine fantástico, esta edición del festival se perfila como una de las más atractivas en mucho tiempo.
Directores que vuelven al juego
Uno de los regresos más comentados es el de Nicolas Winding Refn, quien vuelve al género después de varios años con Her Private Hell. Su nueva película se sitúa en una ciudad futurista donde varias actrices quedan reunidas en un hotel de lujo mientras un asesino en serie aterroriza las calles. La premisa combina glamour, violencia y una estética artificial que parece hecha a la medida de su filmografía.
También destaca el regreso de Na Hong-jin, responsable de The Wailing. Su nueva obra, Hope, cambia el terror sobrenatural por un thriller de ciencia ficción ambientado en un pueblo costero aislado. La historia gira alrededor de una criatura extraña y una serie de sucesos que parecen salidos de una pesadilla marítima.
Por su parte, Yeon Sang-ho retoma el universo de los infectados con Colony. Esta vez, el caos estalla durante una conferencia de biotecnología cuando un virus comienza a mutar de manera impredecible. El punto de partida suena familiar, pero el director ha demostrado que sabe convertir un brote zombi en un espectáculo brutal.
Nuevas obsesiones: slasher, giallo y horror queer
Entre las propuestas más llamativas está Teenage Sex and Death at Camp Miasma, dirigida por Jane Schoenbrun. La cinta toma el lenguaje del slasher clásico y lo mezcla con una historia queer sobre identidad, deseo y obsesión cinéfila. El resultado promete ser tan extraño como emocional, especialmente con Gillian Anderson en un papel central.
Otra de las apuestas más curiosas es Victorian Psycho, adaptación de la novela de Virginia Feito. La película lleva el horror gótico a una mansión nevada donde una institutriz comienza a sospechar que algo terrible ocurre tras los muros. La presencia de Maika Monroe refuerza el interés, especialmente después de sus recientes incursiones en el género.
El cineasta Bertrand Mandico tampoco se queda atrás con Roma Elastica, una historia nocturna y delirante ambientada en la Roma de los años ochenta. La película mezcla ciencia ficción, decadencia y una actriz que parece filmar su última gran obra, en una especie de homenaje deformado al giallo italiano.
El cuerpo como territorio del horror
El body horror sigue ganando terreno y una de las películas que más curiosidad despierta es Sanguine. La trama sigue a una interna de hospital que empieza a notar cambios físicos en pacientes jóvenes, hasta que esos síntomas llegan a su propio cuerpo. El detalle que ha elevado la expectativa es la participación de Pierre-Olivier Persin, conocido por su trabajo en efectos prácticos extremos.
En tiempos donde el terror digital domina muchas producciones, este tipo de películas apuesta por lo visceral: prótesis, maquillaje y transformaciones físicas que se sienten reales. Ese regreso a lo tangible suele ser mucho más perturbador.
Cannes también tiene retrospectivas
No todo son estrenos. Parte del atractivo de esta edición está en sus rescates históricos. Uno de ellos es el regreso de Pan’s Labyrinth, la obra maestra de Guillermo del Toro, que vuelve al festival para celebrar su vigésimo aniversario con una restauración en 4K supervisada por el propio director.
El otro gran acontecimiento es la presentación de la versión restaurada de The Devils de Ken Russell. Durante décadas, la cinta fue una leyenda del cine maldito por su contenido religioso, sexual y político. Su reaparición en Cannes es, por sí sola, uno de los eventos cinéfilos del año.
El terror ya no es un invitado
La edición de Cannes 2026 confirma que el miedo, cuando está en manos de autores con visión, puede ser tan sofisticado como cualquier drama premiado. Mientras otros buscan la próxima Palma de Oro, muchos espectadores estarán atentos a algo más simple: cuál de estas películas será la que nos quite el sueño primero.