Discos que te pueden gustar si estás obsesionado con ‘Lux’, lo último de Rosalía

Estos álbumes forman una constelación de sonidos que orbitan alrededor de la misma idea: la emoción como arte mayor.

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Rosalía ha emprendido un viaje musical y espiritual que no todos los días podemos ver. Con Lux, la cantante española ha desatado una verdadera revolución en el panorama musical contemporáneo. Lejos de repetir fórmulas o buscar el éxito fácil, ha decidido mirar hacia el futuro con una propuesta que mezcla lo mejor de la música contemporánea, la experimentación vocal y la majestuosidad de la orquesta y la ópera. El resultado es un álbum que suena como un ritual, un viaje espiritual y una performance emocional al mismo tiempo.
Lux ha dividido opiniones: mientras algunos lo tachan de un intento fallido por hacer ópera, otros alaban a la Rosalía por su capacidad de reinventarse y construir su propio universo sonoro, donde lo sacro y lo pop se funden en un mismo producto. Lo cierto es que estamos ante uno de los discos más innovadores del año, y del cual se seguirá hablando por mucho tiempo.
Si te quedaste atrapado en esa atmósfera luminosa y dramática, aquí tienes una lista de discos que te harán sentir algo similar.

Björk – Vulnicura (2015)

Pocas artistas logran exponer su vulnerabilidad con tanta fuerza como Björk. Vulnicura es un disco sobre el desgarro emocional tras una ruptura, pero también un ejercicio de belleza sin filtros. Las cuerdas orquestales se entrelazan con texturas electrónicas, creando un paisaje sonoro que podría dialogar perfectamente con el dramatismo de Lux.

Sheena Ringo – Kalk Samen Kuri no Hana (2003)

Una joya experimental del J-pop que, como Lux, desafía cualquier clasificación. Sheena Ringo construye un álbum teatral, cargado de dramatismo, sensualidad y un sinfín de referencias culturales. Su habilidad para mezclar lo tradicional japonés con el art rock la convierte en una figura tan audaz como la propia Rosalía.

Julia Holter – Have You In My Wilderness (2015)

Este disco es como abrir una ventana a un sueño. Holter combina arreglos de cámara, pianos flotantes y una voz etérea que parece venir de otro tiempo. Si te fascinan las capas, los detalles y esa sensación de estar en un lugar entre lo humano y lo celestial, aquí hay mucho que descubrir.

Kate Bush – Hounds of Love (1985)

Rosalía y Kate Bush comparten algo esencial: ambas entienden la música como una forma de teatro emocional. Hounds of Love es un clásico que combina la experimentación pop con una narrativa épica y profundamente personal. Su influencia se siente en casi toda la música conceptual de las últimas décadas.

Faye Wong – Yùyán (2000)

El pop alternativo de Faye Wong es delicado, casi místico. En Yùyán, la artista china se mueve entre la ensoñación y la melancolía, con melodías que parecen flotar en un espacio infinito. Es un disco perfecto si te atrae ese toque espiritual y elegante que Lux también irradia.

Anna von Hausswolff – Dead Magic (2018)

Un disco oscuro, espiritual y monumental. Con su órgano de iglesia como protagonista, la sueca Anna von Hausswolff crea un sonido que vibra entre lo gótico y lo celestial. Si Lux te atrapó por su aura mística, Dead Magic te sumergirá aún más en ese universo.

Sigur Rós – Ágætis byrjun (1999)

Si hay un álbum que define la belleza melancólica y expansiva, es este. Las canciones de Sigur Rós parecen estar hechas de niebla, luz y emociones inefables. Al igual que Lux, este disco de la banda islandesa logra que la música trascienda el idioma y se convierta en pura sensación.

FKA Twigs – Magdalene (2019)

El paralelismo con Rosalía es inevitable: ambas fusionan lo experimental con lo emocional, lo vanguardista con lo íntimo. Magdalene es una ópera futurista sobre la fragilidad y el poder femenino. Un disco visceral, sensual y devastador, ideal para cerrar esta travesía musical.

En conjunto, estos álbumes forman una constelación de sonidos que orbitan alrededor de la misma idea: la emoción como arte mayor. Si Lux te dejó flotando entre la luz y la sombra, estas obras te ayudarán a seguir explorando ese mismo territorio donde la música se convierte en algo más que sonido- Es experiencia, rito, y pura belleza.

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