Hoy, 12 de enero, Haruki Murakami cumple 77 años (12 de enero de 1949, Prefectura de Kioto, Japón), y la mejor forma de celebrarlo no es con una lectura académica de su obra, sino regresando a aquello que ha hecho de sus novelas un territorio tan reconocible como íntimo: sus pensamientos puestos en palabras.
Murakami ha construido, a lo largo de décadas, una voz que parece hablarle al lector en voz baja, como si lo conociera desde siempre, mientras lo conduce por pasillos donde conviven la soledad, el deseo, la memoria, la música y una inquietud difícil de nombrar.
Leer a Murakami es entrar en una lógica emocional más que narrativa. Sus personajes suelen estar a la deriva, escuchan jazz, cocinan con cuidado, están solos casi siempre y reflexionan sobre pérdidas que no siempre saben explicar. En ese trayecto, surgen frases que se quedan adheridas a la memoria: pensamientos que funcionan como pequeñas revelaciones, destellos de lucidez o confesiones dichas sin dramatismo, pero con una honestidad desarmante.
«Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida».
«Sólo un cobarde cierra los ojos. Cerrar los ojos y taparse los oídos no va a hacer que el tiempo se detenga».
«Las heridas emocionales son el precio que todos tenemos que pagar para ser independientes».
«Lo que para una persona puede ser una distancia prudencial, para otra puede ser un abismo».
«Lo que importa no son las grandes ideas de otros, sino las pequeñas cosas que se te ocurren a ti».
«¿Por qué no puede uno olvidar las cosas que desea olvidar?»
«El trabajo debe ser un acto de amor. No una boda de conveniencia».
«A nadie le gusta la soledad, pero no me interesa hacer amigos a cualquier precio».
«Cuando uno está rodeado de tinieblas, la única alternativa es permanecer inmóvil hasta que sus ojos se acostumbren a la oscuridad».
«Puede haber cierta magia cuando escribo, pero el resto del día soy nada más que un amante del jazz como hay millones por ahí».
«¿Te acordarás siempre de que existo y de que he estado a tu lado?»
«Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos».
«Vivo en completa soledad, pero no me siento solo».
«El olor de la hierba, el viento gélido, las crestas de las montañas, el ladrido de un perro. Esto es lo primero que recuerdo».
«Lo que nos hace personas normales es saber que no somos normales».
«Sólo aspirando la fragancia de un libro, tocando sus páginas, me siento feliz».
«La capacidad de creer plenamente en otro es uno de los valores más bellos del ser humano».
«Para mí, escribir una novela es enfrentarse a escarpadas montañas y escalar paredes de roca para, tras una larga y encarnizada lucha, alcanzar la cima».
«En este mundo existe un tipo de tristeza que no te permite verter lágrimas».
«Todo pasa. Nadie tiene algo para siempre. Así es como tenemos que vivir».
«Cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que desea, ¿sabes qué pasa? Que acaba sin saber incluso lo que quiere».
«En este mundo, nada hay tan cruel como la desolación de no desear nada».
«Los celos son la prisión más desesperanzadora del mundo. Porque es una prisión en la que el preso se confina a sí mismo. Nadie lo mete a la fuerza».
«No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo».
«El destino es algo que se debe mirar volviéndose hacia atrás, no algo que deba saberse de antemano».
«Las buenas noticias, en la mayoría de los casos, se dan en voz baja».
«Los objetivos concretos simplifican la vida».
«En la vida, todo es una metáfora».
«La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella».