Lejos del hombre sereno y familiar que proyecta en su vida personal, Arsenio es un personaje marcado por las contradicciones: vulnerable, profundamente leal, emocionalmente dependiente y al mismo tiempo, autodestructivo. Un hombre atrapado entre las expectativas familiares, las adicciones y la necesidad constante de aprobación. Y precisamente esa complejidad fue lo que sedujo a Marcus Ornellas desde la primera lectura.
“Lo que me movió fue, sin duda, la profundidad emocional del personaje y lo lejano que está de mí. Es maravilloso poder meterte en la piel de alguien con tanta complejidad interna y tan distante de quien eres en realidad”.
Después de años consolidándose como uno de los rostros más sólidos de la televisión mexicana, Marcus reconoce que Arsenio representa un antes y un después en su trayectoria. No solo por la intensidad dramática del papel, sino por la libertad creativa que encontró en él.
“Es el tipo de personajes que te permiten jugar en toda la extensión de la palabra. Metértelo en la piel y dejarte llevar, como cuando eras niño. Para alguien tan apasionado por la actuación como yo, recibir un personaje así es algo muy disfrutable”.
Pero interpretar a Arsenio implicó mucho más que memorizar diálogos, el actor se sumergió en un riguroso proceso de construcción emocional junto a su coach actoral, René Pereira, explorando aspectos que ni siquiera aparecen explícitamente en el guión: desde la sexualidad del personaje hasta sus vacíos afectivos más profundos.
Uno de los grandes desafíos fue comprender la ludopatía, una adicción que define gran parte del comportamiento de Arsenio.
“Entender las consecuencias de la adicción fue muy importante, no solo sufre quien la padece, sino también toda la familia. Es un tema muy fuerte y me hizo darme cuenta de que incluso personas cercanas a mí han vivido algo así”.
En tiempos donde la conversación sobre la salud mental masculina se vuelve cada vez más necesaria, personajes como Arsenio adquieren una relevancia particular. Para Marcus, la ficción tiene el poder de visibilizar problemáticas que muchas veces permanecen silenciadas.
“Cuando ves algo reflejado desde afuera es más fácil identificar el problema. Arsenio tiene una dependencia enorme hacia la aprobación de los demás y una gran dificultad para expresar sus emociones. Creo que este tipo de personajes son fundamentales para reconocer la importancia de la salud mental en los hombres”.
La serie también explora las complejas dinámicas del amor y la familia. En el caso de Arsenio, la línea entre la entrega absoluta y la toxicidad resulta prácticamente invisible.
“La toxicidad y el amor incondicional pueden confundirse muy fácilmente. Mi querido Arsenio no conoce otro tipo de amor más que el amor tóxico de su esposa”.
A nivel profesional, Una familia complicada también significó la oportunidad de compartir pantalla con una de las figuras más respetadas de la actuación mexicana: Adriana Barraza. Una experiencia que Marcus describe como profundamente inspiradora.
“Lo más valioso de trabajar con Adriana es reconocer que, pese a todo lo que ha logrado, sigue siendo una actriz absolutamente comprometida y disciplinada. Llega estudiada, concentrada y está presente en cada momento. Esa disciplina es algo que admiro y agradezco muchísimo”.
Sin embargo, quizá el mayor aprendizaje ocurrió fuera del set. Porque, como suele suceder con los personajes más intensos, Arsenio terminó confrontando al propio Marcus.
“Me hizo valorar muchas cosas de mi vida, especialmente a mi familia y a mi hijo. Arsenio está desconectado de sus hijos, enfocado en sus adicciones y en otras prioridades. Yo no tengo ese problema, pero interpretar a este personaje me hizo valorar aún más el tiempo y la conexión con mi familia”.
En una época dominada por el streaming y la sobreoferta de contenidos, Una familia complicada apuesta por algo universal: las relaciones familiares.
“Todos pertenecemos a una familia y sabemos que esas relaciones pueden ser complejas. La serie está contada desde la comedia, pero todos los personajes tienen una profundidad emocional enorme. Es muy fácil identificarse con alguno de ellos”, asegura.
Con Arsenio, Marcus Ornellas no solo entrega una de las interpretaciones más arriesgadas y emocionalmente exigentes de su carrera; también confirma que las mejores historias siguen siendo aquellas capaces de confrontarnos con nuestras propias heridas.
Y pocas instituciones son tan complejas, contradictorias y humanas como la familia.