Teenage Sex and Death at Camp Miasma: de qué trata el sangriento slasher ovacionado en Cannes 2026

Un campamento maldito, nostalgia y sangre.

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MUBI

En cada edición del Festival de Cannes hay al menos una película que divide por completo a la audiencia. Este año ese lugar parece pertenecer a Teenage Sex and Death at Camp Miasma, una producción que pasó de la curiosidad al escándalo en cuestión de minutos.
La nueva cinta de Jane Schoenbrun se presentó en la sección Un Certain Regard y provocó una de las reacciones más intensas del certamen: mientras parte del público la ovacionó durante varios minutos, otro grupo decidió abandonar la sala apenas comenzaron los créditos.

Un campamento maldito, nostalgia y sangre

La premisa parece salida de una pesadilla de videoclub. La historia sigue a Kris, una directora joven que recibe la tarea de revivir una vieja franquicia slasher llamada Camp Miasma, un clásico ficticio del cine de terror que marcó a toda una generación. Su idea es darle una nueva lectura y convertirla en una versión más actual, pero para hacerlo necesita encontrar a la actriz que protagonizó la original décadas atrás.
Ahí entra Gillian Anderson, quien interpreta a Billy Russell, una estrella retirada que vive aislada en el mismo bosque donde se filmó la primera película. El encuentro entre ambas pronto deja de ser una simple reunión de negocios y se convierte en un juego cada vez más extraño, donde el deseo, la paranoia y un asesino surgido del lago empiezan a mezclarse con una violencia cada vez más explícita.

Sangrienta sátira sobre Hollywood

Lo interesante es que la película no se conforma con ser un slasher tradicional. Schoenbrun utiliza la sangre, el erotismo y el humor negro para burlarse de la obsesión de Hollywood por revivir franquicias del pasado.
La cinta también lanza comentarios incómodos sobre la industria del entretenimiento, la explotación de la nostalgia y la manera en que los grandes estudios intentan actualizar viejas propiedades para conectar con nuevas audiencias. El resultado, según las primeras reacciones, es una mezcla rara entre cine de horror, comedia absurda, romance queer y sátira cultural.
Esa combinación es justamente la que hizo que muchos asistentes no supieran si reír, taparse los ojos o simplemente salir del cine.

El peso del elenco

Junto a Anderson destaca Hannah Einbinder, quien carga buena parte de la película con una interpretación que combina ironía, incomodidad y un humor muy seco. Después de la proyección, su comentario espontáneo —preguntando qué seguía después de semejante reacción del público— ayudó a romper la tensión del momento.
Schoenbrun, por su parte, llegó al festival con el prestigio ganado gracias a We’re All Going to the World’s Fair y I Saw the TV Glow, dos títulos que ya habían demostrado su gusto por explorar el horror desde territorios poco convencionales. Con esta nueva película, parece superarse a sí misma.

¿Un futuro título de culto?

MUBI ya aseguró la distribución de la película y su llegada a salas está prevista para agosto del presente año. Todo apunta a que no será un estreno ni una propuesta para cualquier espectador.
Teenage Sex and Death at Camp Miasma tiene todos los elementos para convertirse en una de esas películas que generan rechazo inmediato y, al mismo tiempo, una base de seguidores obsesivos. Sangre, humor incómodo, crítica a la industria y una estética deliberadamente extraña: suficiente para que el cine de terror vuelva a encontrar una rareza de esas que se comentan durante años.

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