El regreso estaba listo. Después de años marcados por polémicas, deudas y una vida privada constantemente expuesta, Michael Jackson se preparaba para volver al escenario con una residencia de 50 conciertos en Londres. El proyecto, titulado This Is It, prometía recordar al mundo por qué había sido el artista más influyente del pop moderno. Las entradas se agotaron en cuestión de horas. Todo indicaba que sería un triunfo.
Pero detrás de esa maquinaria perfecta había otra historia. En 2009, Jackson no solo ensayaba y afinaba detalles técnicos, también luchaba contra el insomnio, el dolor físico acumulado durante años y una dependencia creciente a medicamentos recetados. El rey del pop quería regresar y regalar música a sus fans, pero, al mismo tiempo, también era un intento urgente por recuperar estabilidad económica y emocional.
Un espectáculo que lo exigía todo
El plan era ambicioso. This Is It no sería una simple serie de conciertos, sino una producción de gran escala con meses de preproducción y un equipo internacional. Bajo la dirección de Kenny Ortega, Jackson ensayaba durante horas cada día, repasando clásicos como “Billie Jean” o “Smooth Criminal”.
Las cifras eran igual de grandes que la expectativa. Con una deuda estimada en cientos de millones de dólares, el cantante necesitaba que el proyecto funcionara. No había margen de error. Esa presión se reflejaba en su estado físico. Delgado, visiblemente frágil y con cambios de ánimo constantes, quienes trabajaban con él empezaron a notar que algo no estaba bien.
Señales de desgaste
Personas cercanas, como la estilista Karen Faye, describieron a Jackson como alguien distinto en sus últimas semanas. Lo veían ansioso, desconfiado y, en momentos, desconectado. Durante los ensayos repetía frases sin sentido claro y mostraba signos de agotamiento extremo.
El deterioro no era nuevo. Desde los años ochenta, tras un accidente durante un comercial de Pepsi, Jackson arrastraba problemas físicos que derivaron en tratamientos constantes. A eso se sumaba un insomnio crónico que, con el tiempo, se volvió más difícil de manejar. Dormir dejó de ser algo natural y empezó a depender de fármacos.
El papel del médico personal
En este momento de la historia es en donde aparece Conrad Murray, contratado como médico personal de Jackson durante la gira. Su función era mantener al artista en condiciones óptimas, algo que, en la práctica, se volvió cada vez más complejo.
Murray reconoció haber administrado distintos sedantes para ayudarlo a dormir. Entre ellos, el propofol, un anestésico de uso hospitalario que no está diseñado para tratar el insomnio. Su uso fuera de un entorno clínico seguro implicaba riesgos altos.
Mientras el equipo creativo presionaba para mantener el calendario, también surgían dudas internas. Kenny Ortega llegó a expresar preocupación por el estado mental y físico del cantante, sugiriendo incluso una evaluación profesional más profunda. Pero la producción siguió adelante.
Un último impulso
Curiosamente, los últimos días mostraron una mejora momentánea. El 23 y 24 de junio, Jackson regresó a los ensayos con energía renovada. Quienes estuvieron presentes describieron a un artista concentrado, entusiasta y comprometido. Parecía, por momentos, el mismo de antes.
La noche del 24 de junio, en el Staples Center, realizó lo que sería su último ensayo. Cantó, bailó y convivió con su equipo. Al terminar, agradeció a los bailarines y regresó a casa. Nadie imaginaba que esas horas serían las últimas.
La madrugada final
De vuelta en su residencia de Los Ángeles, el cansancio regresó. Jackson pidió ayuda para dormir. Murray intentó inicialmente controlar la situación con otros sedantes, pero ante la insistencia, terminó administrando propofol la mañana del 25 de junio de 2009.
Minutos después, el cantante dejó de respirar. Los intentos de reanimación, tanto en su casa como en el hospital, no tuvieron éxito. A los 50 años, el Rey del Pop había muerto.
Después del impacto
La autopsia confirmó que la causa fue una intoxicación aguda por propofol. El caso derivó en un proceso judicial que terminó con la condena de Murray por homicidio involuntario. Cumplió parte de su sentencia en prisión.
Más allá del desenlace legal, lo que quedó fue una mezcla de talento descomunal y fragilidad humana. Jackson dejó un legado musical difícil de igualar, pero también una historia que expone el costo de vivir bajo presión constante, sin descanso real.
El regreso nunca ocurrió. Pero los ensayos, las canciones y esos últimos días muestran a un artista que, incluso al borde del colapso, seguía intentando volver a ser quien había sido.