El Sr. Smith visita Westeros

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Fue el Doctor Who para la BBC y el príncipe Felipe para Netflix, pero el papel con el perfil más alto de Matt Smith hasta hoy en día es su inesperado protagónico en House of the Dragon, la épica precuela de Game of Thrones, de HBO. Mientras se preparaba para la inevitable atención que ha recibido a partir del estreno de la serie, el actor reflexiona sobre su carrera distinguida por sus imponentes presentaciones en las pantallas y sus indecisiones crónicas fuera de ellas.


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Texto: Tom Lamont Fotografías: Boo George Estilismo: Catherine Hayward

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Boo George

Según Matt Smith, él es la peor persona para tomar decisiones. El actor de 39 años siempre titubea antes de dar un sí o un no: “Soy mucho peor de lo que creen”, confiesa, y continúa dudándolo incluso mucho tiempo después de haber aceptado algún proyecto. En el 2010, cuando consiguió el papel protagónico que forjó su carrera como Doctor Who, una de las primeras acciones de Smith fue cuestionar su propia elección de personaje. (Le preguntó a su agente: ¿Sí está bien que haga este papel? Y su agente respondió: “Por supuesto que sí). La amiga de Smith y compañera de reparto, Clare Foy, cuenta cómo lo conoció en una lectura de guiones para The Crown, la serie dramática e histórica de Netflix de la familia real británica que comenzó en 2016, y que les consiguió a ambos una gran aclamación por parte del público y los críticos, pero por la cual Smith se sentía inseguro. “No sé si quiero hacer esto”, Foy recuerda lo que dijo Smith. “No estoy seguro de querer hacer esto”. Hace poco, Smith apareció como un príncipe de Westeros en House of the Dragon, de HBO, una costosa y ambiciosa expansión de la franquicia de Game of Thrones que seguramente será examinada a fondo por los fanáticos obsesionados, los ejecutivos de la industria del entretenimiento y los críticos de la TV. Puedes apostar que no fue una decisión rápida y desprevenida para Smith cuando aceptó este trabajo. No estaba 100% seguro de su decisión. “Mira”, dice Smith mientras se acomoda el cabello para quitarlo de su frente. Es un día cualquiera y Smith –que mide 1.80 cm– trae un suéter azul marino, jeans negros, unos tenis negros Reebok y unos lentes grises de sol que cambia por unas gafas más delgadas cuando el sol se oculta detrás de una nube. “Mira, nada de esto ayuda con el hecho de que, como actores, constantemente reflexionas tus propios sentimientos. ¡Sentimientos, sentimientos, sentimientos! Cuando a veces no se trata de un sentimiento. Se trata de decidir y hacer. Aunque de alguna manera, siempre pongo todo en duda”. Es raro que tenga esta tendencia, más allá de su trabajo, porque cuando Smith está actuando transmite una gran convicción, ya sea como el impulsivo Doctor, el calmado príncipe Felipe en The Crown, o un grandioso Patrick Bateman en el musical de American Psycho, papel que interpretó en el teatro londinense en 2016. Cuando piensas en los mejores actores británicos que van camino a la consolidación, piensas en Andrew Garfield, Riz Ahmed y Ben Whishaw, quienes están en un mismo grupo y que son expertos en proyectar gran simpatía por personajes con grandes problemas o introvertidos en sufrimiento. Sin embargo, Smith figura en otro grupo. Él juega en las ligas mayores con Daniel Kaluuya, Benedict Cumberbatch, Tom Hardy y Tom Hiddleston, quienes mueven masas con la fuerza de su seguridad. Cuando se estrenó un pequeño extracto de House of the Dragon, Smith fue muy hermético respecto a su contribución. Pero debemos estar preparados para su indiferencia, su valentía y una actuación llevada al extremo por un actor que sabe exactamente lo que hace cuando las cámaras están grabando… Y en persona es alguien completamente distinto. Nos reunimos cerca de donde vive al norte de Londres, para ir a caminar a Hampstead Heath. Llega silbando, con el pecho en alto, señales puras de un hombre decisivo, y después de escanear la escena sugiere que mejor vayamos por un trago a un bar. Ambos pedimos un refresco de cola de dieta al llegar a la mesa, vuelve a escanear la escena y recomienda que mejor vayamos a caminar. Así que partimos. Estuvimos caminando durante dos horas. Antes de terminar, Smith habrá presentado y explorado muchos temas –a fondo y por encima–, demostrando que es bastante capaz de tener una opinión firme y un consejo emocional muy sólido. Pero una de las primeras cosas que ocurren es que pasamos frente a una hermosa casa antigua que casi compra. Al verla, Smith saca un suspiro de desaliento. “Fue un proceso largo y pesado. Y una de esas indecisiones que llegue a lamentar”. Cuando fue demasiado tarde para hacer algo proactivo respecto a su casa soñada, y después de que fue comprada por alguien más, decidió regresar y pararse frente a ella para contemplarla: “Vivir en un elemento del arrepentimiento”. Me doy cuenta, cuando dice esto, que tiene un mechón de canas en su cabello. Y no es sorpresa. “Ay, soy una pesadilla para vivir, lo confieso… pero también muy afortunado. Tengo amigos y familia que tratan de mantenerme con los pies en la tierra, dentro de sus posibilidades, claro”.

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Boo George

Es un amigo cercano de Noel Gallagher, otro adorado inglés. Este par, recientemente pasó el fin de semana en Glastonbury. Admirando y emulando a su amiga Clare Foy, Smith ha estado intentando darle un enfoque a sus decisiones profesionales con mayor inteligencia y claridad. Respecto a la figura más importante en su vida, su padre, quien nació en el norte y creció en Blackburn, siempre tenía un sinfín de frases sin sentido para solapar las incertidumbres de Smith. Mientras caminamos, Smith hace una gran imitación: “¡Por Dios! ¡Solo toma una decisión y ya!”. Ahora que está por llegar a los 40, Smith dice que intenta añadir un toque de claridad al estilo Foy a su personaje. Al lado de la honestidad de Gallagher y la valentía de su padre. Me pregunta si tengo hijos y dice: “Imagino que tener niños hace que todo esto desaparezca un poco. Porque, definitivamente, no hay tiempo para pensar y darle vuelta a las cosas. No hay tiempo para pensar en ti, no si hay alguien que debe ir a la escuela o tiene espagueti en la cara”. Smith no tiene hijos. Durante un periodo de sus 30 vivió con la actriz Lily James, pero la relación terminó en el 2020. Respecto a si está involucrado con alguien hoy en día –alguien además de su perrito terrier, Bobby– Smith no dice nada. “Pero sí creo que de eso se trata la vida, de los hijos. Hacer una familia. Cuando estés muerto, enterrado bajo tierra, eso es lo que contará”. Nuestra caminata nos ha llevado a una parte soleada de Heath, donde el pasto llega hasta nuestras rodillas. No hay nadie alrededor, solo grillos, y Smith se atreve a citar unos poemas. Hay una parte del poema de TS Eliot, “The Love Song of J Alfred Prufrock”, que trata de la reflexión en el lecho de muerte. Se lo sabe de memoria y mentalmente se adelanta a las frases más relevantes. “Estando yo ya formulado, en un alfiler esparrancado; bien clavado retorciéndome sobre la pared”. Smith nació en Northampton en 1982. Es el segundo hijo de David, dueño de una empresa de plásticos, y Lynne, quien trabajaba en la venta de anuncios y después en un periódico. Su hermana mayor, Laura, se convirtió en una bailarina profesional y ha participado en varios musicales. Smith tenía un futuro en el fútbol. Jugaba todo el tiempo, 10 horas al día, trasladándose hasta Nottingham Forest para entrenar y luego se unió al equipo juvenil de Leicester City. El fútbol era su identidad y una excelente armadura para un niño que tenía un ligero trastorno del lenguaje. De adolescente fue diagnosticado con espondilitis, un problema vertebral, y tuvo que dejar los deportes por un año. Esto le quitó tiempo al ponerse en forma para una ronda de selección en Leicester. Smith tenía aproximadamente 16 años de edad. No logró entrar. Ahora que es adulto, su acento cambia constantemente entre esas dos zonas de Inglaterra, es evidente para los lugareños ya que su acento fue forjado entre futbolistas y actores. Un importante maestro de teatro convenció a Smith de que entrara a las obras escolares y después a un curso de aprendices en el National Youth Theatre en Londres. Estudiaba teatro en University of East Anglia cuando fue elegido para su primer papel profesional, That Face, en el Royal Court. Smith comenzó a mezclar su acento futbolístico con su acento actoral y, por el resto de su vida, su voz ha estado en esta constante combinación. “Mis amigos dicen: ‘Ay, está usando su voz de actor otra vez’. Yo ni siquiera me doy cuenta”. Después de That Face, Smith fue parte de una producción de The History Boys. Apareció en una adaptación de una novela para la televisión de Philip Pullman. En el 2008, cuando David Tennant anunció que dejaba Doctor Who después de un periodo muy largo y exitoso, le pidieron a Smith que audicionara. Jamás había visto un solo episodio. Y confesó esto en su audición, audazmente culpando a la BBC por transmitir el programa los sábados a las 7 p.m.: “A esa hora siempre estoy en un bar”. A pesar de su falta de familiaridad con el contenido (o tal vez por eso), Smith tuvo la valentía de liberarse y en un punto improvisar la conversación con otro actor que estaba en la habitación. “Conseguí el papel en septiembre”, cuenta. “Pero como David seguía con el personaje, no pude decirle a nadie durante meses”. Los actores que trabajan juntos típicamente hacen preguntas acerca del futuro del otro, preguntando cosas como: ¿Cuál es tu siguiente proyecto? Durante años, Smith tenía que responder entre dientes: “Nada”.

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Boo George

“Le dije a mi mamá, a mi papá y a mi hermana”. Y sus dos mejores amigos también sabían para cuál papel había audicionado. Estaba sentado en un departamento compartido al norte de Londres con uno de ellos cuando transmitieron en la televisión uno de los comerciales de Doctor Who. Algo respecto a la forma de ser de Smith, algún guiño o sonrisa, hizo que su amigo se diera cuenta y comenzó a gritar: “¡Conseguiste el papel!”. Después de una sesión de fotos navideña muy secreta, le dijo a su abuelo al día siguiente. Todas las personas de su vida se enteraron cuando la noticia se hizo viral en 2009. “Y todos me dijeron: ¿Qué demonios, Matt?”. Smith tenía 26 años. Repentinamente, era como si fuera un consorte real, con fama instantánea, pero no por un logro intangible, sino por lo que estaba preparado para hacer. Había mucha presión gracias a Tennant (quien interpretaba al Doctor Who) cuando las grabaciones empezaron. Después de unas cuantas semanas llamó a su padre David en pánico absoluto. No estaba seguro de poder continuar. David le dijo que podía hacerlo. “Lo más difícil en la vida es adaptarse. Pero tienes que hacerlo”. Smith citó este consejo cuando apareció en Desert Island Discs en 2018, describiendo a David como una de las grandes influencias en su vida, “sin lugar a duda”. El Doctor Who interpretado por Smith debutó en la primavera del 2010. Era evidente en unos cuantos minutos que sería un éxito. Cautivador y original, con su energía inusual parecía personificar la narrativa del momento, atrayendo a los televisores. Fue Doctor Who durante cuatro años y aprendió mucho, dice, sobre todo acerca de la ética laboral. Fue como un gimnasio actoral. “La memorización de guiones era insaciable… y supongo que también moldeó una herramienta útil para guardar secretos”, aclara. Muy útil, dado su actual trabajo. Ha habido un gran control de la información respecto a House of the Dragon desde que HBO la anunció el año pasado. Smith señala que hay un libro de George RR Martin en el que está basada la historia, “lo cual quita un poco de la presión”, en términos de que accidentalmente diga algo. Sabemos por ese libro que House of the Dragon es una precuela de Game of Thrones, que ocurre 200 años antes de la sangrienta historia en busca del trono de Westeros. Game of Thrones se trataba de familias rivales –los inmaculadamente rubios Targaryen, los barbudos Stark, y los ricos Lannister– y la nueva serie es solo de los Targaryen. Smith interpreta a uno de los integrantes, un príncipe llamado Daemon quien, en las novelas de Martin, es un gran contendiente por el poder. No sabemos por cuántas temporadas firmó contrato Smith, ni cuantos años de esta década de los 40 pasará con una peluca rubia pegada a su cabeza, pero mi apuesta es que será al menos por un lustro. Al hacer el exhaustivo periodo dentro de un mundo de fantasía monitoreado por miles de fanáticos, ¿por qué hacer otra serie? Smith habla de la calidad de los guiones, del prestigio que tiene HBO en la televisión, del honor de que se lo hayan pedido. Le pregunto si esto lo hará feliz. “Bueno, pues no lo sé”, confiesa. Hasta la fecha, su mejor trabajo ha sido en proyectos contenidos por un acuerdo de tiempo limitado. Obtuvo buenas críticas en Unreachable, obra que estuvo durante cuatro semanas en el Royal Court en 2016. The Crown debutó ese año y la participación de Smith fue durante dos temporadas en 2018. En papel, el rol se veía poco prometedor, una movida con muchas consecuencias. ¿Smith interpretando al príncipe Felipe? No era alguien tan elegante. Había crecido rodeado de antimonarquistas toda su vida. Aun así, Smith y Peter Morgan, creador de The Crown, encontraron algo melancólicamente atrayente y necesario para Philip. Smith fue nominado para varios premios. “No gané nada”, ríe. ¿Le importaba mucho? Smith hace una mueca y dice: “No tengo mucho tiempo para tener celos”. En esas primeras temporadas, todos en The Crown parecían ganar algo. Foy consiguió un Golden Globe y un Emmy. Le preguntó a Smith si al futbolista en su interior –ese incansable competidor que solía ser– le preocupaba ser el mejor. Inclina su cabeza reflexionando y dice: “No me malentiendas, siempre hay un momento después de la frase ‘Y el ganador es’ que te pega. Porque estás ahí, usando un maldito traje, estás con tu mamá, has volado a Los Ángeles y no ayuda que todos tus compañeros del mismo show hayan ganado. Pero te pega solo durante un nanosegundo. No es importante”, aclara. “Clare ganó todo. Para mí, el premio fueron las cosas hermosas y cariñosas que dijo respecto a mí en sus discursos”, termina. Los dos se hicieron amigos cercanos, no solo por los meses que pasaron en el set, sino por el tiempo que viajaron juntos, promocionando la serie de Netflix. De manera frecuente, se burlaban públicamente de las decisiones no tan buenas de películas que habían tomado (la comedia de horror Pride and Prejudice and Zombies –de Smith del 2016– era el blanco de muchas burlas) y se molestaban por el desdén que tiene Foy por la ciencia ficción. Casi no podía creer algunas de las escenas que Smith había aceptado hacer en Doctor Who; por ejemplo, montar un tiburón volador para entregar los regalos de Santa Claus en Nochebuena. Acaso te preguntas lo que dirá de él respecto a la kilométrica melena rubia en una serie fantasiosa con dragones. ¿Cómo le explicaría Smith a Foy el tema de House of Dragon si tuviera que hacerlo? “¿Para convencerla? No habría palabras. ¿Para verla? Seguramente la verá por cortesía o solo para descubrir de qué puede reírse. Pero no, seguramente no la convencería de nada”.

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Smith y Foy acababan de terminar una temporada en el Old Vic, apareciendo en la obra sobre el cambio climático llamada Lungs, cuando la pandemia llegó en el 2020. Ese año, con el deseo de recaudar fondos para el venerable teatro, la pareja presentó la obra una última vez frente a 1,000 asientos vacíos y la audiencia pagó por sus boletos para verla a través de Zoom. Los siguientes meses de la pandemia fueron extraños y Smith no sabía qué hacer, como la mayoría de nosotros. “No tenía nada por hacer”, dice. “Así que me puse a hacer ejercicio, escribí un guion muy malo y me aprendí de memoria muchos poemas… Como actor, te sientes inútil aprendiendo poemas. Pero le saqué mucho provecho”. Al aprenderse Eliot de memoria, entre el 2020 y el 2021, descubrió que le llamaba la atención el triste poema “Prufrock”, en particular. Parecía comenzar con un suspiro. En ese entonces, la vida de Smith estaba a punto de volverse más difícil. “Estando yo ya formulado, en un alfiler esparrancado; bien clavado retorciéndome sobre la pared”, recita frente al Heath, “¿Cómo comenzar entonces a escupir las colillas de mis costumbres y mis días?”. Nuestra caminata nos lleva a un campo abierto con el sol resplandeciente sobre nosotros. Las palabras de Eliot nos hacen pensar en la mortalidad y hablamos de nuestros padres. David Smith falleció en mayo del 2021. Mi propio padre también murió hace poco. Smith ya se ha mostrado como un hombre cálido y curioso, una persona interesante para hacer preguntas, naturalmente con un espíritu generoso. Pero aun así, me sorprende volteándose a mitad de camino, al escuchar acerca de mi pérdida, y me envuelve en un tierno y fuerte abrazo. “Lo siento mucho”, me consuela. Continuamos caminando, bastante afectados, confesándonos, comparando experiencias y consejos de nuestras pérdidas. Hace calor y durante un tiempo la conversación cae en un extraño limbo, donde no somos un entrevistador y un entrevistado, pero tampoco amigos íntimos, solo hijos, tratando de comprender una ausencia. Smith pregunta si se me hizo difícil regresar al trabajo y le explico que esta entrevista es lo primero que hago después del funeral. El suyo fue House of the Dragon. Regresar al set se le hizo extremadamente complicado, y se preocupa de futuras colisiones entre su vida profesional y privada en caso de que le pregunten por su padre cuando comience sus compromisos promocionales con HBO. “Una vez que lo mencionas, la gente cree que puede sacar el tema”. No quiere que eso ocurra. Así que aquí no hay citas acerca de la pérdida de su padre. No hay palabras que podamos mencionar, sacadas de contexto, y que puedan ser agregadas para un encabezado. De cualquier manera ninguno de nosotros puede encontrar una mejor descripción para una pérdida de este tipo que aquella que le dio un amigo a Smith. Va así: “Estás caminando en la calle, es un martes cualquiera, alguien te golpea con un palo de golf en la cara y eso es todo. Los martes no volverán a ser iguales. Nada lo será”. Nos detenemos en una banca con una vista de los árboles y rascacielos de Londres. Smith pasa su mano por su mechón de canas. Una cualidad genética: su padre se llenó de canas a los 30. Smith se considera afortunado de haber llegado a los 39 con solo un mechón. “Reconozco que me quedan un par de años. Después el color se irá. No me lo voy a pintar. Solo lo dejaré ser”. La idea de esto lo pone a pensar en su próximo cumpleaños, que será muy importante. No organizará una fiesta para celebrar sus cuatro décadas, ya que lo hizo hace 10 años y se dio cuenta que es un mejor estar como invitado que estar como anfitrión. En vez de eso, puede que haga algo que siempre ha querido hacer y todavía no había llegado la oportunidad: ir a Munich durante el Oktoberfest. Ahí, beber unas cuantas cervezas, dejar que la medianoche llegue y comenzar una nueva fase donde no es ni tan joven ni tan grande, justo cuando “te conviertes en el hijo de en medio de tu propia vida”, para citar a Smith.

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Y quién sabe, tal vez también haga algo respecto a sus indecisiones crónicas. “Me gustaría tratar de detectar lo malo. Ser más acertado. Mi papá solía decirme: ‘No existen las malas decisiones. Las malas decisiones son solo las indecisiones’, y creo que es cierto”. Así que nada de titubear, solo elecciones seguras. Sin arrepentimientos. Para cuando dice eso, ya hemos salido del Heath y es una mala sincronización porque su casa está a la vista. Smith suspira. Y una incertidumbre más para el camino. “Lo siento, pero en cuanto cruce la puerta de mi casa sé que tendré un pequeño momento de arrepentimiento”, confirma y se despide.

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