¿Apex y Ben el asesino en serie se basan en alguna historia real?

Apex nos presenta a un asesino en serie que aterroriza a una joven que solo busca recomenzar su vida.

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CORTESÍA NETFLIX

El cine de supervivencia tiene una forma muy particular de atraparte: te coloca en entornos hostiles y te obliga a imaginar qué harías tú ahí. Apex es un ejemplo muy bueno de ese subgénero que nos ha dado joyas en el cine.
Dirigida por Baltasar Kormákur, la película sigue a Sasha, una aventurera que busca reconectar consigo misma tras un trauma. Su viaje en kayak por Australia pronto se transforma en una pesadilla cuando aparece Ben, un cazador que la convierte en su presa. A partir de ahí, la historia se convierte en un juego brutal de instinto, resistencia y miedo.

Ficción con apariencia de realidad

Lo primero que conviene aclarar es que Apex no está basada en una historia real. El guion, escrito por Jeremy Robbins, es completamente ficticio. Sin embargo, la película se siente auténtica.
Kormákur es conocido por privilegiar locaciones reales sobre sets artificiales, y aquí lleva esa filosofía al límite. Australia no es solo el escenario, es casi un personaje. La densidad del bosque, la fuerza del agua y la sensación de aislamiento construyen una experiencia que se siente física. Ni para Sasha ni para el espectador hay escapatoria fácil.
Ese realismo también se traslada a la acción. Las secuencias de escalada y kayak no dependen únicamente de efectos digitales. El elenco pasó por un entrenamiento intensivo para ejecutar muchas de las escenas.

Cuando el depredador también es humano

El verdadero motor de la película no es la naturaleza, sino Ben. Interpretado por Taron Egerton, este personaje encarna una versión distorsionada del cazador clásico. No persigue animales, persigue personas.
Ben establece reglas, da ventaja a su víctima y convierte la persecución en un ritual casi teatral. Hay algo profundamente perturbador en esa lógica. No actúa por impulso, sino bajo una estructura que él mismo ha diseñado.
Aquí es donde la película se vuelve incómoda. La dinámica depredador-presa, tan común en documentales de vida salvaje, se traslada al terreno humano.

¿Hay un asesino real detrás de Ben?

Aunque Ben es un personaje inventado, su comportamiento recuerda inevitablemente a casos reales. El ejemplo más cercano es Robert Hansen, conocido como el “Carnicero Panadero”. Hansen secuestraba mujeres, las liberaba en zonas remotas de Alaska y luego las cazaba.
Las similitudes son claras en el concepto, pero no hay confirmación oficial de que haya sido una inspiración directa. Aun así, el paralelismo resulta difícil de ignorar. La idea de convertir la caza en un juego con humanos ya existía fuera de la ficción.
Otro nombre que suele aparecer en la conversación es Ivan Milat, responsable de los asesinatos de mochileros en Australia. Aunque su modus operandi era distinto, comparte con Ben el uso del aislamiento geográfico como herramienta para cometer sus crímenes.
La película no replica estos casos, pero sí toma elementos que ya han ocurrido.

RELACIONADO
Todas estas películas comparten una base clara: aislamiento, vulnerabilidad y una amenaza que puede aparecer en cualquier momento.
Charlize Theron se enfrenta a un depredador con rostro humano en medio de la naturaleza salvaje de Australia.
Charlize contó con la ayuda de la célebre escaladora estadounidense Beth Rodden para su entrenamiento.

La construcción psicológica del villano

Más allá de las referencias, Ben funciona porque tiene una lógica interna. Según Egerton, el personaje tiene una visión idealizada —y distorsionada— de lo que significa ser australiano. Su violencia no es solo física, también es simbólica.
No es un asesino impulsivo, sino alguien que construye una identidad alrededor de su comportamiento. Hay una intención performativa en cada movimiento, como si estuviera interpretando un papel que él mismo escribió.
Esto lo aleja del típico villano plano. No se trata solo de miedo, sino de incomodidad. El espectador no solo quiere que lo detengan, también quiere entenderlo, aunque esa comprensión nunca sea del todo satisfactoria.

¿El ritual de Ben tiene raíces en hechos reales?

En la película, Ben le explica a Sasha que su “ritual” nace de prácticas antiguas que, según él, realizaban algunas tribus con sus presas. La afirmación tiene un punto de contacto con la historia, pero está claramente distorsionada. Toma elementos reales y los reinterpreta de forma conveniente para justificar su violencia.
Un documento de The University of Queensland señala que en ciertas comunidades australianas existieron prácticas de canibalismo con un sentido ritual, especialmente en contextos funerarios. Este tipo de práctica, conocida como endocanibalismo, no respondía a la crueldad, sino a creencias espirituales y sociales. En algunos casos, el consumo del cuerpo formaba parte de un rito destinado a honrar al fallecido, canalizar el duelo o reforzar la cohesión del grupo.
Investigadores como R. M. y C. H. Berndt documentaron que estas prácticas estaban relativamente extendidas, aunque variaban según la región. Algunas comunidades consumían casi todo el cuerpo, mientras que otras solo partes específicas. También se ha señalado que, en ciertos contextos, se creía que ingerir restos del difunto podía transmitir fuerza o habilidades, como mejorar la capacidad para la caza.
Sin embargo, no todo lo que se ha contado sobre estos rituales es completamente fiable. Parte de la información proviene de exploradores europeos que interpretaron estas prácticas desde su propio marco cultural, lo que pudo generar exageraciones o malentendidos.

Una experiencia más que una historia

Kormákur ha dicho que su intención es ofrecer al espectador un viaje. Y Apex funciona mejor cuando se ve desde ese ángulo. La narrativa es directa, sin demasiadas complicaciones, pero sirve como vehículo para algo más sensorial.
El calor, el silencio, la tensión constante. Todo está diseñado para que sientas que estás ahí. La historia podría ser ficción, pero la experiencia busca ser lo más real posible.
Al final, la pregunta sobre si está basada en hechos reales pierde un poco de importancia. Lo que permanece es la sensación de vulnerabilidad. Porque aunque Ben no exista como tal, la idea que representa sí tiene raíces en la realidad.

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