Para Guillermo del Toro, Sundance es un lugar especial, ya que fue en ese festival donde su primera película, Cronos, obtuvo verdadera visibilidad. Por ello, y como parte del Park Legacy Program (con el que el festival se despide de Park City y de Utah), se presentó una restauración de este trabajado estrenado hace más de tres décadas.
La película fue restaurada por Les Films du Camélia, en colaboración con el BFI y L’Immagine Ritrovata, con el apoyo de Cartier, a partir del negativo original de 35 mm. Además, la banda sonora en sonido envolvente 2.0 fue remasterizada a partir de la banda sonora magnética de 35 mm por The Criterion Collection.
“Cuando la ópera prima de Guillermo del Toro llegó a las pantallas de Park City en 1994, se presentó como una curiosa anomalía: una pequeña, extraña y profundamente personal película de terror mexicana en una época dominada por las películas de asesinos en serie y las producciones de género de gran presupuesto. Más de tres décadas después, no solo resulta atemporal, sino sorprendentemente contemporánea. Su mezcla de terror, melancolía y fantasía oscura parece un anticipo de la obra futura de Del Toro, una muestra temprana de su sofisticado estilo visual y su magistral dominio de los géneros”, escribió el festival.
Una iconografía nacida en la infancia
El director creció rodeado de símbolos religiosos intensos, una iconografía que, con el tiempo, se transformó en materia narrativa y estética dentro de su cine.
“En una de las escenas que estamos restaurando de Frankenstein, reproducimos la imagen de Cristo que había en mi iglesia cuando era niño. Fuimos a Guadalajara, la fotografiamos y la recreamos para una escena. Y, por ejemplo, la oración que Victor Frankenstein recita al arcángel es una oración que yo solía rezarle a mi ángel de la guarda. Así que todo en mis películas tiene un componente autobiográfico. Y esto es porque crecí en un ambiente católico,”, apuntó del Toro durante la conversación posterior a la proyección.
El oficio frente al mito
Del Toro habló sobre la necesidad de desmontar el mito del director como figura infalible. Para él, hacer cine no tiene que ver con controlar cada elemento, sino con aprender a escuchar, a equivocarse y a convivir con la duda como parte esencial del proceso creativo.
“Existe el oficio del director y el mito del director, ¿no? Es como pescar. Es tirar y soltar. Hay que dejar que el pez se suelte y luego volver a tirar. Cuando David Fincher nos entrevistó en el escenario para Frankenstein, y dijo: ‘Algo salió mal. ¿Quién fue el culpable?’. Yo le dije que nadie. Pero cada uno de nosotros está nadando hacia la isla para conseguir un puesto. Hay directores que necesitan drama, necesitan un enemigo. Yo necesito aliados. Necesito familia”, destacó.
Del Toro también habló sobre como él clasifica a los directores como anfitriones o invitados.
“El director que nace invitado quiere que lo atiendan. Si nace anfitrión, quiere cocinar para todos; ese soy yo. Me gusta eso, me gusta la idea de la lucha entre el control y la libertad, porque la libertad no significa algo malo, significa que estás escuchando. Es un diálogo con la obra. Es un diálogo con el universo”, añadió.
En ese sentido, para él la duda no es una debilidad, sino una herramienta indispensable para crear.
“Me interesa más la dimensión humana que el mito en sí. Ya vivimos rodeados de mitos: el éxito, el amor romántico, el poder. Todo eso es pura mitología. He visto a directores crear algunas de las mejores películas de todos los tiempos con dudas. Creo que la duda es una herramienta valiosa: certeza y duda. Si tienes demasiada de una y no suficiente de la otra, no puedes crear”, enfatizó.
El horror como postura
Del Toro planteó una lectura del horror que va más allá del estilo. Para él, el terror implica una toma de postura frente al mundo: no se trata solo de qué monstruos aparecen en pantalla, sino de cómo se les mira y desde qué lugar se les juzga.
“Cada historia es política. Los cuentos de hadas sin duda son políticos. El horror es político. Si el horror quiere destruir al monstruo, está del lado de los ganadores; pero si el terror invita a comprender al monstruo, está del lado de los marginados. Eso es político”, consideró.
De este modo, se pueden tener terror o cuentos de hadas que reflejen la división política; estados conservadores o liberales.
“Perfectamente puedes tener historias de terror ambientadas en estados rojos o azules, o cuentos de hadas ambientados en estados republicanos y demócratas. Y yo siempre quise estar del lado de las historias que no se cuentan. Y quise contar la historia desde la perspectiva de cómo el amor de un niño lo perdona todo”, complementó.
Por eso, en su cine la mirada infantil (presente en Cronos y en muchas de sus películas posteriores como El Laberinto del Fauno) se convierte en una brújula moral.
“La primera vez que uno experimenta el horror es en la familia. Y la primera vez que uno experimenta el amor también es en la familia. A veces ocurren al mismo tiempo, y ese es el mundo que te toca descifrar el resto de tu vida”, remarcó.
Mentoría y comunidad creativa
Para Del Toro, la mentoría no es un gesto abstracto, sino una práctica que debería ser más cotidiana dentro del oficio. Durante su estancia en Park City, el director aprovechó para dialogar con realizadores más jóvenes, como NB Mager, director de Run Amok, a quien compartió una reflexión sobre sus inicios en el cine.
“Esta mañana hablaba con el director de Run Amok y le decía que la primera película se siente como escalar una montaña. Crees que del otro lado habrá un valle, pero cuando llegas te das cuenta de que es toda una cadena montañosa. Tienes que subir y bajar todo el tiempo si quieres dedicarte a este deporte magníficamente brutal que es hacer cine”, aconsejó.
Para el cineasta, esa conversación forma parte de algo más grande: una ética de comunidad creativa.
“En mi opinión, no hay necesidad de crueldad entre artistas. Creo que puedes dedicar tu trabajo, y parte de tu amor, a dar a otros”, dijo.
Esa visión que Del Toro asocia directamente con el espíritu de Sundance, responde también a una lógica de retribución: acompañar a otros cineastas como reflejo de lo que él mismo recibió al inicio de su carrera.
“¿Por qué produzco películas? Porque yo fui producido. Bertha Navarro (Productora), Guillermo Navarro (director de fotografía); yo no existiría sin ellos. Así que intento producir tantas películas de directores primerizos como sea posible. E intento producir películas de directores que ya han hecho una película, pero que no consiguen financiación para la segunda, aunque se lo merecen. Y es increíblemente frustrante”.
“Producir es como tener un hijo que intenta picarse un ojo con un tenedor. Yo le digo: ‘No, no, eso no se hace’; y ellos: ‘Sí, lo voy a hacer’. Y al final dices: bueno, qué más da; lo hacen y se pican. Y luego solo les dices: ‘Bueno, ahora no vayas a hacer eso con el otro ojo’. Me alegra producir. Pero creo que retribuir es muy importante porque a mí también me dieron”, remarcó.
Y cantó con mariachi
Previo a la presentación de su película, Del Toro acudió a una fiesta organizada por Netflix en Park City, donde, lejos de los discursos formales, se le vio disfrutando de tacos y compartiendo con colegas y amigos de la industria.
La noche tomó un giro inesperado cuando Del Toro se sumó a un mariachi y, para sorpresa de todos, cantó varias canciones ante un público que incluía a cineastas, actores y productores. El gesto espontáneo —y profundamente mexicano— cerró su regreso a Sundance con la misma calidez y cercanía que han marcado su relación con el festival: no solo como espacio de descubrimiento cinematográfico, sino como un lugar de comunidad, memoria y celebración compartida.
At Netflix’s celebration for Guillermo del Toro in honor of the Cronos screening at #Sundance, the Oscar winner burst into song with a four-man band. The crowd - treated to a Holbox menu - includes Elijah Wood, The Daniels, A Perfect Neighbor filmmaker Greta Gandbhir, producers… pic.twitter.com/eBM9KFK2Dt
— Chris Gardner (@chrissgardner) January 27, 2026