En el futbol, hay camisetas que pesan más que otras. La número 10 es una de ellas. Durante décadas, llevarla significó asumir el papel de creador, líder y futbolista capaz de cambiar un partido con un pase, un regate o un disparo.
Sin embargo, el fútbol transformó esa posición. El enganche clásico prácticamente desapareció en muchos sistemas, pero su esencia permanece en los jugadores que piensan un segundo antes que los demás. Estos son algunos de los grandes números 10 de la historia, junto con el futbolista que llevó ese concepto a una dimensión inédita.
Diego Armando Maradona
Si existe un futbolista que convirtió el número 10 en una declaración de identidad, ese es Diego Armando Maradona. Su conducción pegada al pie, sus cambios de ritmo y su capacidad para desequilibrar en espacios reducidos lo transformaron en el protagonista absoluto de los partidos.
El Mundial de México 1986 representa el punto más alto de su carrera. Marcó cinco goles y dio cinco asistencias, además de protagonizar los dos tantos contra Inglaterra que quedaron entre las imágenes más famosas de la historia del torneo.
Su impacto también fue enorme en Napoli, donde ganó dos Scudettos y convirtió a un club que no pertenecía a la aristocracia tradicional del fútbol italiano en campeón. Maradona no solo jugaba como un 10: representaba todo lo que esa camiseta podía significar.
Pelé
Pelé desafió cualquier clasificación. Aunque comenzó como delantero, su técnica, visión y capacidad para participar en la construcción del juego lo convirtieron también en una referencia absoluta para entender al número 10.
Ganó tres Mundiales con Brasil, en 1958, 1962 y 1970, una marca que ningún otro futbolista ha conseguido igualar. En el último de ellos lideró a una selección considerada entre las mejores de todos los tiempos.
Con Santos conquistó dos Copas Libertadores y dos Copas Intercontinentales. Su combinación de potencia, talento, definición y lectura táctica hizo que su influencia fuera mucho más allá de los números.
Lionel Messi
Lionel Messi llevó el concepto del 10 a una nueva época. Puede partir desde la derecha, retroceder para recibir, conducir durante metros o convertirse en el último pasador, pero siempre termina ocupando el lugar desde el que puede controlar el partido.
Más de 800 goles oficiales, ocho Balones de Oro y el Mundial de Qatar 2022 resumen una parte de su trayectoria. La otra está en los momentos que definieron su carrera: goles imposibles, asistencias inesperadas y una regularidad que convirtió lo extraordinario en algo cotidiano.
En Barcelona superó los 670 goles y redefinió la figura del enganche al combinar producción goleadora con funciones de organizador. Con Argentina completó el recorrido que comenzó como una promesa cuestionada y terminó con títulos de Copa América y del mundo. Hace poco anunció su retiro de la albiceleste dejando un legado difícil de igualar para las siguientes generaciones.
Zinedine Zidane
Zinedine Zidane entendía el fútbol desde la pausa. Su control orientado, su elegancia y su capacidad para encontrar espacios le permitían jugar a una velocidad diferente cuando el partido exigía precisión.
En la final del Mundial de 1998 marcó dos goles ante Brasil y ayudó a Francia a conquistar su primera Copa del Mundo. Dos años después volvió a levantar un gran trofeo con la Eurocopa 2000.
Su volea en la final de la Champions League de 2002 ante Bayer Leverkusen, jugando para el Real Madrid, resume perfectamente su carrera: una acción técnica extraordinaria en el escenario más importante. Zidane no necesitaba intervenir constantemente para dominar un partido. Le bastaban unos segundos.
Ronaldinho
Ronaldinho recuperó una idea que parecía estar desapareciendo: que el fútbol también podía ser espectáculo. Sus regates, cambios de dirección, pases sin mirar y jugadas improvisadas hicieron de su etapa en Barcelona una de las más recordadas del siglo XXI.
Entre 2003 y 2008 se convirtió en el rostro de un equipo que recuperó protagonismo internacional. Ganó la Champions League en 2006 y recibió el Balón de Oro en 2005.
También fue campeón del mundo con Brasil en 2002. Pero su legado no se explica únicamente por los títulos. La ovación que recibió en el Santiago Bernabéu después de su exhibición contra Real Madrid en 2005 demuestra hasta qué punto podía trascender la rivalidad cuando su talento alcanzaba su máxima expresión.
Michel Platini
Michel Platini fue uno de los grandes especialistas en controlar el ritmo de un partido. Su fútbol no dependía de una velocidad extraordinaria ni de un repertorio interminable de regates, sino de la precisión con la que interpretaba cada jugada.
Su actuación en la Eurocopa de 1984 permanece como una de las mayores exhibiciones individuales en la historia del torneo. Marcó nueve goles en cinco partidos y condujo a Francia hacia el título.
Con Juventus ganó la Copa de Europa en 1985 y consiguió tres Balones de Oro consecutivos entre 1983 y 1985. Para un mediocampista ofensivo, su capacidad goleadora fue excepcional.
Roberto Baggio
Su técnica, su gambeta corta y su capacidad para aparecer cerca del área hicieron de Baggio una figura especial dentro del fútbol italiano.
Jugó en clubes como Fiorentina, Juventus y Milan, y ganó el Balón de Oro en 1993. Su carrera superó los 300 goles y estuvo marcada por una mezcla poco común de creatividad y capacidad de definición.
El Mundial de Estados Unidos 1994 terminó convirtiéndose en el episodio más doloroso de su trayectoria. Baggio llevó a Italia hasta la final con actuaciones decisivas, pero su penal fallado ante Brasil quedó asociado a una derrota que no consiguió borrar el resto de su legado.
Zico
Zico fue el gran creador del Flamengo de los años 80 y uno de los futbolistas brasileños más técnicos de su generación. Su golpeo de balón, especialmente en los tiros libres, era una de sus principales armas.
Con Flamengo ganó la Copa Libertadores y la Copa Intercontinental en 1981, además de convertirse en uno de los grandes ídolos de la historia del club.
Su selección de Brasil de 1982 quedó fuera del Mundial ante Italia en uno de los partidos más recordados de aquella época. Zico nunca ganó la Copa del Mundo, pero su influencia en el fútbol brasileño permaneció intacta.
BONUS: Johan Cruyff
Johan Cruyff merece un lugar especial aunque rara vez utilizó el número 10. En Ajax, Barcelona y Países Bajos llevó el 14, pero su influencia sobre el juego corresponde perfectamente al espíritu de un creador.
Era capaz de organizar, acelerar, aparecer en zonas inesperadas y modificar la estructura completa de un equipo. Con Ajax ganó tres Copas de Europa consecutivas entre 1971 y 1973 y obtuvo tres Balones de Oro.
En el Mundial de 1974 llevó a Países Bajos hasta la final y se convirtió en el rostro de la llamada Naranja Mecánica. Su influencia fue tan profunda que trascendió su carrera como jugador y terminó transformando también la manera de entender y entrenar el fútbol.
El número 10 cambió, pero su esencia permanece
La figura del enganche clásico ya no domina el fútbol como sucedía décadas atrás. Sin embargo, el número 10 sigue representando una idea: la del jugador que asume la responsabilidad de crear algo diferente cuando el partido se atasca.
Maradona llevó esa responsabilidad hasta el límite. Pelé la convirtió en dominio mundial. Zidane la expresó desde la elegancia, Ronaldinho desde la fantasía y Platini desde la inteligencia. Messi, mientras tanto, convirtió prácticamente todas esas cualidades en una sola carrera.
Por eso el número 10 sigue siendo mucho más que un dorsal. Es una posición simbólica dentro del fútbol y, para los grandes elegidos, una forma de dejar una huella que permanece incluso cuando la camiseta cambia de dueño.