Como la moda, quizás también los recuerdos son cíclicos. Y diez años después parece ser un momento perfecto para hacer un corte y revisar qué tan distintos somos en comparación a aquella época.
Al final, “El genio malinterpretó mi deseo” no solo es una burla sobre cómo pedimos las cosas, sino también una obra colectiva de creatividad desbordante.