El Rolex que las moscas convirtieron en arte a través de vómitos microscópicos

La obra, titulada “Time Flies”, no nació en un atelier suizo ni en el banco de trabajo de un maestro relojero, sino en el laboratorio creativo del colectivo español Milfshakes.

rolex pintado por moscas

Milfshakes

Esta es la historia de una pieza única nacida del caos en la que el lujo suizo se encontró con el instinto de un insecto.
Resulta casi sacrílego imaginar que una de las piezas más emblemáticas de la marca Rolex termine intervenida por moscas domésticas. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió con un Rolex Oyster Perpetual auténtico, convertido en el centro de un experimento artístico tan provocador como irrepetible.
La obra, titulada “Time Flies”, no nació en un atelier suizo ni en el banco de trabajo de un maestro relojero, sino en el laboratorio creativo del colectivo español Milfshakes, un grupo conocido por su enfoque irreverente hacia los símbolos culturales contemporáneos. Su objetivo era simple en concepto, pero radical en ejecución: confrontar el orden absoluto del lujo con el desorden impredecible de la biología.
El resultado de dicha visión fue un reloj que solo una persona en el mundo posee, y cuya esfera fue literalmente “pintada” por los fluidos digestivos de insectos.

Pintura creada por vómitos microscópicos

Para entender la dimensión del experimento, primero hay que comprender el procedimiento. Los artistas retiraron cuidadosamente la esfera original del reloj (la cara visible, el elemento que define su identidad estética) y la colocaron dentro de una cámara controlada habitada por moscas domésticas.
Estos insectos fueron alimentados con colorantes de origen vegetal, lo que desencadenó el fenómeno clave del proyecto: las moscas, al alimentarse, regurgitan enzimas digestivas para licuar la comida antes de ingerirla. Ese proceso natural dejó minúsculas gotas pigmentadas sobre la superficie del dial.
El efecto visual es sorprendente. Lo que emergió fue un patrón puntillista completamente caótico, una constelación de manchas diminutas que recuerda tanto a una pintura abstracta como a un fenómeno biológico observado bajo microscopio.

Precisión suiza contra caos orgánico

La fuerza conceptual de la pieza reside en su contradicción. El Rolex Oyster Perpetual es uno de los máximos símbolos de exactitud mecánica, una máquina diseñada para resistir décadas sin desviarse más que unos pocos segundos.
Sin embargo, frente a esa perfección, el colectivo introdujo el azar y obtuvo como resultado una esfera que conserva su función original (medir el tiempo), pero cuya estética es producto de un proceso imposible de replicar. No hay forma de repetir el mismo patrón ni existe técnica que permita copiarlo. En el sentido más estricto es una pieza única que el propio colectivo definió como arte biológico, algo más cercano a un experimento que a una personalización convencional.

Un Rolex como ningún otro

En lugar de subastarlo directamente, los creadores optaron por un modelo más contemporáneo, casi performativo. Lanzaron un concurso online donde cualquier persona podía participar comprando un protector de pantallas digital por tres euros.
El sorteo, certificado ante notario, otorgó el reloj a un único ganador, convirtiéndolo instantáneamente en propietario de una de las piezas más extrañas en la historia reciente del coleccionismo relojero.

Entre el asco y la fascinación

Como era de esperarse, las reacciones fueron polarizadas. Para algunos, el proyecto representa una falta de respeto hacia la tradición relojera, una especie de vandalismo conceptual contra un objeto que encarna siglos de artesanía.
Para otros, es una obra brillante, una intervención que redefine lo que significa el lujo en el siglo XXI. No hay duda de que la controversia, en realidad, forma parte de la pieza, porque este reloj no solo mide el tiempo sino que es capaz de generar conversación.
“Time Flies” revela algo importante sobre el presente del coleccionismo: las nuevas generaciones no solo buscan relojes caros sino que buscan piezas con valor material y cultural, y que desafíen la lógica.
Paradójicamente, este Rolex intervenido por moscas cumple con una de las promesas más antiguas de la relojería, que es capturar el tiempo, pero con la ayuda de vómitos microscópicos convertidos en arte.

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