Después de más de tres décadas de carrera, Weezer se encuentra en una posición particular.
La banda puede experimentar todo lo que quiera, pero siempre habrá una parte de su público esperando encontrar algo de aquel sonido que convirtió al Blue Album y Pinkerton en discos fundamentales de los años noventa.
Su nuevo lanzamiento parece haber aceptado finalmente esa realidad.
Weezer, mejor conocido como el Gold Album, es el vigésimo disco de estudio de la banda y vuelve a colocar las guitarras y las melodías directas en el centro. Sin embargo, lo más interesante quizá no sea exactamente cómo suena, sino la manera en la que Rivers Cuomo ha aprendido a pensar sobre su propio trabajo.
Rivers Cuomo y la obsesión por entender a Weezer
Cuomo nunca ha tenido una relación demasiado convencional con el proceso creativo.
Desde hace años utiliza hojas de cálculo, bases de datos y sistemas para organizar fragmentos de letras, progresiones, ideas y referencias. En lugar de confiar únicamente en la inspiración, ha tratado de entender qué elementos hacen que una canción funcione.
Con el Gold Album esa filosofía parece haber llegado todavía más lejos.
El músico ha hablado de pensar en Weezer desde una perspectiva similar a la de un CEO: entender qué busca su audiencia, qué partes de la identidad de la banda siguen conectando con ella y cómo mantenerlas sin repetir exactamente lo que ya hicieron hace treinta años.
Puede sonar poco romántico para una banda de rock, pero también explica parte de su longevidad.
El problema de tener un sonido demasiado reconocible
Weezer ha pasado buena parte de su carrera tratando de escapar de Weezer.
Cada vez que la banda experimenta demasiado, aparecen comparaciones con sus primeros discos. Cuando decide recuperar guitarras y estructuras conocidas, inmediatamente surge la acusación de nostalgia.
El Gold Album parece menos preocupado por resolver esa contradicción.
Sus diez canciones recuperan una parte de la identidad clásica del grupo sin presentarse necesariamente como un regreso a 1994. Hay riffs grandes, melodías sencillas y ese equilibrio entre humor, incomodidad y melancolía que ha acompañado a Cuomo durante buena parte de su carrera.
Incluso una canción titulada “C.E.O.” parece jugar directamente con la nueva forma en la que el músico entiende su trabajo.
¿La creatividad realmente necesita ser espontánea?
Existe una idea muy arraigada sobre la música: que las mejores canciones aparecen de manera casi accidental.
Pero detrás de prácticamente cualquier gran disco siempre ha existido un método. Productores que estudian estructuras, músicos que conservan cientos de notas y compositores que reutilizan ideas hasta encontrar el lugar correcto para ellas.
Cuomo simplemente ha convertido ese proceso en algo mucho más visible y organizado.
Una hoja de cálculo no necesariamente elimina la creatividad. Puede ser solo otra herramienta para administrar todas las ideas que aparecen antes de una canción.
Y después de 20 discos, quizá tener un sistema sea más útil que esperar a que llegue nuevamente la inspiración perfecta.
Weezer ya no necesita perseguir tendencias
También hay algo liberador en llegar a este punto de una carrera.
Weezer ha atravesado suficientes etapas como para saber que intentar mantenerse permanentemente dentro de la conversación puede ser una batalla imposible.
Ahora puede hacer algo mucho más sencillo: reconocer qué funciona dentro de su propio universo y seguir explorándolo.
El Gold Album no pretende reinventar la banda.
En cierto sentido, intenta entenderla.
Y después de más de 30 años, posiblemente esa sea una tarea bastante más complicada.