Andrew Garfield ha sido Spider-Man, un soldado que se negó a utilizar armas, un sacerdote jesuita enfrentándose a una crisis de fe y un compositor obsesionado con crear algo importante antes de quedarse sin tiempo. Ha trabajado con algunos de los grandes directores de su generación, ha recibido dos nominaciones al Oscar y ganó un Globo de Oro. Sin embargo, cuando hoy cumple 43 años, existe algo particularmente interesante en su carrera que no puede explicarse únicamente repasando sus películas.
A la gente parece gustarle Andrew Garfield incluso cuando deja de actuar.
Sus entrevistas se convierten constantemente en clips compartidos en redes sociales, sus reencuentros con antiguos compañeros generan conversación y sus reflexiones sobre el amor, el duelo o simplemente estar vivo han conseguido llegar a personas que quizá ni siquiera han visto todas sus películas. En una industria construida alrededor de fabricar estrellas, Garfield ha conseguido algo que resulta bastante más complicado de fabricar: parecer genuino.
Spider-Man pudo haber definido toda su carrera
Para una generación completa, Andrew Garfield siempre tendrá algo de Peter Parker. Después de llamar la atención con The Social Network en 2010, ponerse el traje de Spider-Man en The Amazing Spider-Man lo convirtió en una estrella global. Repitió el papel en 2014 y durante años parecía inevitable que aquella etapa terminara definiendo buena parte de su identidad pública.
Pero ocurrió algo diferente. Garfield comenzó a construir una filmografía que parecía diseñada precisamente para demostrar que podía existir mucho más allá del superhéroe. En 2016 llegaron prácticamente al mismo tiempo Hacksaw Ridge y Silence, dos películas radicalmente distintas que lo llevaron desde un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial hasta el Japón del siglo XVII. La primera le consiguió su primera nominación al Oscar.
Años después, volver a aparecer como Peter Parker en Spider-Man: No Way Home produjo el efecto contrario al que normalmente genera regresar a un personaje antiguo. En lugar de recordarnos que alguna vez había sido Spider-Man, confirmó cuánto había cambiado desde entonces.
El público no solamente recibió nuevamente a su Peter Parker. También parecía estar recibiendo nuevamente a Andrew Garfield.
Después llegó Jonathan Larson
Si Spider-Man demostró que podía convertirse en una estrella, Tick, Tick... Boom! demostró hasta dónde estaba dispuesto a llegar como actor.
Garfield no era un cantante profesional cuando aceptó interpretar al compositor Jonathan Larson. Tuvo que aprender y entrenar su voz para asumir su primer gran musical, algo que él mismo reconoció que inicialmente le producía miedo. El resultado terminó dándole el Globo de Oro como mejor actor de comedia o musical y su segunda nominación al Oscar.
Pero hay algo todavía más personal detrás de aquella interpretación. Garfield perdió a su madre, Lynn, en 2019, y ha explicado posteriormente cómo interpretar una historia atravesada por el tiempo, la muerte y la necesidad de crear se mezcló inevitablemente con su propio duelo.
Y fue precisamente hablando de ella cuando el público descubrió otra parte del actor.
Andrew Garfield nunca tuvo miedo de mostrarse vulnerable
En 2021, durante una conversación televisiva sobre Tick, Tick... Boom!, Garfield comenzó a hablar sobre la muerte de su madre y terminó expresando una idea sobre el duelo que se volvió viral. Describió ese dolor como todo el amor que todavía quería darle y que ya no podía entregar físicamente.
El momento conectó con millones de personas porque no parecía una respuesta diseñada por un equipo de relaciones públicas. Garfield se emocionó, habló con tranquilidad sobre llorar y convirtió algo profundamente personal en una reflexión universal sobre lo que significa perder a alguien.
Esa vulnerabilidad ha terminado formando parte de la manera en que el público lo percibe. Garfield puede hablar sobre masculinidad, amor, espiritualidad, inseguridad o duelo sin sentir la necesidad de esconderlo detrás de ironía. Incluso We Live in Time, su historia romántica junto a Florence Pugh, volvió a conectarlo con esas preguntas sobre amar sabiendo que eventualmente tendremos que perder. Garfield reconoció que la película tuvo una dimensión personal después de la muerte de su madre.
En una época en la que sabemos que prácticamente cada aparición de una celebridad puede convertirse en contenido, parecer sincero se ha convertido paradójicamente en una de las cosas más difíciles de conseguir.
También sabe no tomarse demasiado en serio
Y quizá esa sea la otra mitad de la ecuación.
Garfield puede tener una conversación profundamente emocional y poco después aparecer riéndose de sí mismo, hablando con entusiasmo de algún proyecto extraño o simplemente disfrutando de una entrevista.
Esta misma semana reveló, por ejemplo, que tiene una banda con amigos llamada The Shangles, dedicada a tocar canciones de Bugsy Malone. No parece tratarse de una operación diseñada para iniciar una segunda carrera musical, sino simplemente de algo que hacen porque les divierte.
Ese contraste ayuda a entender su atractivo. Puede protagonizar algunas de las películas más emocionalmente exigentes de su carrera sin construir alrededor de sí mismo la imagen de un actor permanentemente atormentado por su arte.
Hay seriedad en su trabajo, pero también juego.
Quizá por eso sus personajes funcionan tan bien
Hay un elemento que aparece constantemente en los mejores personajes de Garfield. Muchos son hombres que sienten demasiado.
Peter Parker intenta salvar a todo el mundo aunque no siempre pueda hacerlo. Desmond Doss entra a una guerra negándose a matar. Jonathan Larson siente que el tiempo se le está acabando. Tobias, en We Live in Time, intenta construir una vida mientras aprende que precisamente aquello que ama puede desaparecer.
Garfield parece sentirse particularmente cómodo interpretando personajes donde la vulnerabilidad no funciona como debilidad, sino como motor.
Y eso también ayuda a explicar por qué su relación con el público ha sobrevivido a algo tan difícil como interpretar a Spider-Man. Nunca necesitó convertirse en el hombre más fuerte de la habitación.
Muchas veces, sus mejores interpretaciones aparecen precisamente cuando permite que veamos lo contrario.
A los 43, Andrew Garfield todavía parece estar buscando
Su siguiente etapa tampoco parece seguir una fórmula demasiado predecible. Esta semana está promocionando The Magic Faraway Tree, una aventura familiar que lo llevó hacia un territorio bastante diferente de sus dramas recientes. Garfield explicó que le atrajeron especialmente las ideas de imaginación, naturaleza y conexión humana de la historia, y ha hablado sobre la necesidad de mirar menos el teléfono y recuperar cierta capacidad de asombro frente al mundo cotidiano.
Es una elección curiosamente coherente con la persona que hemos conocido fuera de pantalla. Después de interpretar personajes atravesados por la ambición, la fe, la pérdida y el tiempo, ahora parece interesado en recordar que también existe valor en jugar.
Quizá por eso resulta tan sencillo entender el cariño que genera.
Andrew Garfield tiene una carrera que muchos actores querrían tener. Ha interpretado a uno de los personajes más famosos de la cultura popular, ha trabajado con grandes cineastas y ha recibido algunos de los reconocimientos más importantes de su industria.
Pero nada de eso explica completamente por qué tanta gente parece alegrarse simplemente cuando aparece una nueva entrevista suya.
Tal vez la respuesta sea mucho más sencilla.
Después de tantos años viendo a Andrew Garfield interpretar personajes extraordinarios, el personaje que más parece gustarnos sigue siendo él mismo.