Él y Ella es tendencia en Netflix y no es para menos, ya que nos cuenta una historia llena de intrigas y secretos. La serie arranca como un thriller clásico: un asesinato en un pueblo pequeño y dos protagonistas —Anna, periodista, y Jack, detective (Tessa Thompson (Thor: Love and Thunder) y Jon Bernthal (The Bear))— obligados a colaborar pese a un pasado marcado por una tragedia personal. Desde el inicio, la serie deja claro que la verdad depende de quién la cuenta.
La muerte de Rachel, apuñalada brutalmente, activa una investigación que pronto se vuelve incómoda. No solo porque hay más víctimas, sino porque todas están ligadas al pasado escolar de Anna, un detalle que transforma el caso policial en algo profundamente personal.
El falso cierre del caso: Lexy como chivo expiatorio
En los episodios finales, la historia empuja al espectador a pensar que Lexy es la asesina. Su pasado como víctima de bullying, su identidad oculta y su comportamiento errático encajan demasiado bien con el perfil de una persona que desea venganza.
El enfrentamiento final parece confirmar esa hipótesis, ya que Lexy intenta matar a Anna, Jack interviene y Priya termina disparándole. El caso se da por cerrado, pero la serie deja claro que algo no encaja. Hay demasiadas coincidencias y verdades a medias.
El giro real: la asesina siempre estuvo a la vista
El verdadero golpe llega después cuando vemos que Lexy no era la asesina. La verdadera responsable de los crímenes es Alice, la madre de Anna. Este personaje pasó desapercibida y protegida por la imagen de fragilidad que ella misma cultivó.
A través de una carta, Alice confiesa los asesinatos de Rachel, Helen y Zoe, antiguas compañeras de Anna. Su motivo es una venganza cuidadosamente planeada durante años.
El pasado que lo explica todo
Alice descubre un video grabado por Anna cuando era adolescente, en el que queda documentado el abuso sexual que sufrió en su cumpleaños 16. Lo más devastador no es solo el ataque, sino saber que las responsables intelectuales fueron sus propias amigas, quienes lo planearon y lo permitieron.
Rachel, Helen y Zoe no solo traicionaron a Anna, sino que jamás enfrentaron consecuencias. Para Alice, la justicia nunca iba a llegar por los canales legales, por eso tomó esa decisión irreversible.
Lexy: culpable de algo, pero no de todo
Aunque no es la asesina, Lexy tampoco es inocente. Su pasado revela otro crimen: provocó indirectamente la muerte de su hermana tras sabotear su inhalador, luego de años de abuso y humillación. Ese trauma explica su huida, su cambio de identidad y su paranoia constante.
Alice es la única que logra reconocer quién es realmente Lexy, y también quien intenta incriminarla, sabiendo que su historia encajaría perfectamente como coartada narrativa del caso.
¿Por qué Alice lo hizo?
Las razones de Alice se sostienen en tres pilares: la culpa por la muerte de Charlotte, su nieta, ocurrida mientras estaba bajo su cuidado; la rabia al descubrir que el abuso de Anna fue silenciado y protegido por su círculo más cercano, y la certeza de que la verdad jamás saldría a la luz ni habría castigo real para las culpables.
Para Alice, los asesinatos no son un acto de locura, sino una forma retorcida de justicia.
Un final incómodo, pero coherente
La serie cierra con Anna y Jack reconstruyendo su relación y adoptando a la hija de una de las víctimas. Anna entiende lo que hizo su madre, aunque no lo justifica del todo, y esa comprensión abre la puerta a una ambigua reconciliación.
Él y Ella no pretende absolver a Alice ni glorificar sus actos. Lo que hace es más perturbador: obliga al espectador a preguntarse qué haría si la verdad fuera enterrada para siempre. No es un final feliz tradicional, sino uno moralmente ambiguo.