Marty Supreme se ha convertido en uno de los fenómenos cinematográficos más comentados del año. Inspirada libremente en la vida del legendario jugador Marty Reisman, la película sigue a Marty Mauser (Timothée Chalamet), un prodigio obsesionado con alcanzar la grandeza en el Nueva York de los años 50. Su carrera es una carrera contra el tiempo, contra la ciudad y contra sí mismo.
El final que llegó a salas es íntimo y melancólico: Marty no logra competir en el Campeonato Mundial en Japón, regresa a Estados Unidos y conoce a su hijo recién nacido. Este es un cierre más humano, casi clásico.
Pero había un final alternativo mucho más ligado a hechos sobrenaturales, que terminó por descartarse.
El guion que se atrevió a cruzar lo sobrenatural
En una reciente conversación en el podcast de A24 con Sean Baker, el director Josh Safdie soltó una bomba creativa: Marty Supreme tuvo un final alternativo en el que su protagonista terminaba convertido en vampiro.
Sí, literalmente.
Según Safdie, un primer borrador llevaba a Marty Mauser varias décadas más adelante en su vida. Dejaba atrás el ping-pong para convertirse en un empresario ferozmente exitoso. Una zapatería en Orchard Street se transformaba en un imperio llamado Marty Mauser’s Shoes. Franquicias, riqueza y prestigio en el antiguo jugador de ping-pong. Pero algo seguía faltando.
Kevin O’Leary, un vampiro de 400 años
Aquí entra el personaje más insólito de esta historia: Milton Rockwell, interpretado por Kevin O’Leary. En el guion, Rockwell no solo era un millonario excéntrico, sino un vampiro que afirmaba haber nacido en 1601 y haber conocido a “muchos Marty Mauser” a lo largo de los siglos.
La pista siempre estuvo ahí. En el libreto, Rockwell se define a sí mismo como un vampiro en sus conversaciones con Marty, lo cual no era exactamente una metáfora.
El clímax de esta versión llegaba décadas después, en un concierto de Tears For Fears. Marty, ya anciano, está sentado en primera fila junto a su nieta mientras suena “Everybody Wants to Rule the World”. En ese momento, el personaje reflexiona sobre la juventud, el éxito y la dolorosa certeza de no haber hecho aquello para lo que sentía que había nacido. Entonces, el golpe final.
Colmillos, prótesis y una imagen imposible de olvidar
Safdie lo describe con precisión quirúrgica: la cámara fija en los ojos de Marty, prótesis especiales para Chalamet, y de pronto, Rockwell aparece detrás de él. Un mordisco en el cuello. Corte final. Marty no envejece. La imagen se congela en la eternidad.
Este final funcionaría como una extraña metáfora sobre la ambición, el éxito y la maldición de vivir para siempre sin haber cumplido tu verdadero propósito.
“¿Esto es un error?”
La reacción del estudio fue inmediata. Los ejecutivos de A24 no podían creer lo que estaban leyendo y llegaron a preguntar si ese final era un error en el guion. No lo era. Simplemente era demasiado. Así, el giro vampírico quedó fuera, relegado al archivo de las grandes ideas descartadas del cine contemporáneo.
Aunque nunca llegó a filmarse, este final alternativo ilumina lo que significa la vida de Marty Supreme en la película. La historia que vimos es contenida, caótica y emocional; en cambio, la que casi fue, es una fábula oscura sobre la eternidad y el vacío del éxito.