Hay películas que dependen del CGI para construir tensión o escenarios alucinantes. Ápex, el thriller con Charlize Theron que arrasa en Netflix, apuesta por hacer las cosas de manera diferente. En esta cinta, la naturaleza es una amenaza constante. Lo que se ve en pantalla no está “simulado”; es territorio real, hostil y exigente.
Detrás de esa decisión está el director Baltasar Kormákur, quien optó por llevar al equipo al límite. El resultado es un recorrido por algunos de los paisajes más duros de Australia, convertidos en el tablero de una cacería entre una sobreviviente y un asesino armado con una ballesta.
Australia no estaba en el plan, pero terminó siendo clave
La producción no tenía a Australia como su primera opción para filmar. El guion exigía un clima cálido en una ventana específica del año, lo que empujó la búsqueda hacia el hemisferio sur. Pero después de analizar diversos aspectos, el país oceánico terminó imponiéndose.
Kormákur entendió que la geografía australiana ofrecía algo difícil de replicar: una mezcla de belleza y peligro que encajaba con la historia. Barrancos, cuevas, ríos y vegetación cerrada que no solo se ven bien en cámara, sino que obligan a los actores a reaccionar en ese territorio hostil.
Montañas Azules: el corazón de la cacería
Gran parte del rodaje se concentró en Nueva Gales del Sur, especialmente en el Parque Nacional de las Montañas Azules, un sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO. Ahí se filmaron varias de las secuencias más intensas, incluido el enfrentamiento final entre Sasha y Ben.
A poco más de una hora de Sídney, este parque ofrece formaciones geológicas masivas, cañones profundos y senderos que ponen a prueba a cualquiera. Uno de los puntos clave fue el Grand Canyon Walking Track, un circuito de 6.5 kilómetros que desciende hasta el fondo del cañón. El regreso, cuesta arriba, no es amable. Para el equipo, no había atajos: varias escenas implicaron bajar, cruzar agua y volver a subir cargando equipo.
Algunas cuevas que aparecen en la película ni siquiera son accesibles caminando. Hubo tramos en los que el equipo tuvo que nadar para llegar. Esa dificultad no fue un problema; fue parte del objetivo.
Un pueblo detenido en el tiempo
La historia de Sasha y Ben arranca en Bowning, un pequeño pueblo con menos de mil habitantes. Su arquitectura antigua y su ritmo lento le dan un aire casi fuera de época, perfecto para establecer el tono antes de que todo se vuelva violento.
La tienda general y la oficina de correos del lugar se usaron como el primer punto de contacto entre los protagonistas.
Agua, aislamiento y riesgo real
Para las escenas acuáticas, la producción se movió hasta The Needles, un pozo natural rodeado de vegetación dentro del Parque Nacional Royal. Llegar no es sencillo. Hay que caminar, descender y moverse por terreno irregular. El aislamiento del lugar juega a favor: es el tipo de entorno donde cualquier error se siente definitivo.
Otro punto clave fueron las Cataratas de Ginninderra, cerca del Territorio de la Capital Australiana. Ahí se rodó una de las escenas más extremas: el salto de Sasha desde un acantilado de más de 60 metros hacia una garganta profunda. El sitio hoy es de acceso privado, lo que lo vuelve aún más particular como locación.
El entorno también actúa
Lo que distingue a Ápex de otros thrillers de supervivencia es su rechazo a “fabricar” lo que puede filmarse en condiciones reales. Kormákur lo resume en una idea simple: el obstáculo no es un problema, es el motor.
Cuando actores y equipo atraviesan frío, cansancio, agua helada o terrenos complicados, ese desgaste se nota. No hay actuación que lo sustituya. En pantalla se percibe en la respiración, en los movimientos, en la forma en que los cuerpos reaccionan.