Todas las franquicias y sus jugadores que llegan hasta el Super Bowl anhelan levantar un objeto plateado que brilla bajo la lluvia de confeti. Ese objeto es el trofeo Vince Lombardi.
Más que un premio, es el punto final de una temporada y el inicio de la inmortalidad deportiva. Su historia es una combinación de tradición deportiva, diseño industrial y la meticulosidad de una casa joyera que entendió que la gloria también se fabrica a mano.
Un símbolo pensado para durar
La costumbre de premiar a los vencedores con objetos tangibles es tan antigua como el deporte mismo. En la Grecia clásica se entregaban coronas; en la modernidad, copas y medallas. Pero cuando el deporte estadounidense se consolidó como espectáculo masivo a finales del siglo XIX, los trofeos comenzaron a adquirir otra dimensión: debían ser memorables, distintivos y estéticamente poderosos.
Para la NFL, que en los años sesenta estaba construyendo su identidad como la liga más ambiciosa del país, no bastaba cualquier copa. El campeonato necesitaba un ícono.
Ese encargo recayó en Tiffany & Co., una firma cuya reputación en el trabajo de la plata y el diseño fino ya era indiscutible. La elección no fue casual: si el Super Bowl aspiraba a convertirse en el gran ritual deportivo de Estados Unidos, su trofeo debía estar a la altura simbólica y estética del evento.
El diseño que nació en una conversación
El primer trofeo se entregó en 1967, tras el Super Bowl I. Su diseño era simple: un balón de futbol americano en tamaño real, colocado en posición de despeje, sobre una base de plata.
El boceto original fue realizado por Oscar Riedener, entonces vicepresidente de Tiffany & Co., durante una reunión con Pete Rozelle, comisionado de la NFL. Esa anécdota es clave: el trofeo no fue producto de un concurso abierto ni de un comité interminable, sino de una idea clara traducida de inmediato en un objeto concreto.
La simplicidad fue la apuesta. Y esa decisión lo volvió atemporal. Décadas después, el diseño sigue prácticamente intacto.
Tiffany Makers: la artesanía detrás del espectáculo
Aunque el Super Bowl es sinónimo de tecnología, espectáculo y marketing global, su trofeo nace en un entorno que se parece más a un taller europeo del siglo XIX que a una planta industrial moderna.
En Forest Hill, Rhode Island, los llamados Tiffany Makers trabajan cada año en la elaboración de alrededor de 65 trofeos para distintas competencias deportivas. El Vince Lombardi es uno de los más emblemáticos.
El proceso puede tomar aproximadamente cuatro meses. La pieza está hecha en plata esterlina, mide cerca de 56 centímetros y pesa poco más de tres kilogramos. Técnicas como el repoussé, el grabado manual, el martillado y el pulido forman parte de una cadena de producción donde la precisión no es opcional sino obligatoria.
Cada trofeo lleva el sello “T & CO MAKERS” junto a un martillo en forma de “T” y un número patrón único, que actúa como una especie de firma. El objeto que sostiene el campeón no es solo metal moldeado, sino una pieza con linaje artesanal.
El nombre que consolidó el mito
Originalmente, el trofeo no llevaba el nombre de Vince Lombardi. Fue en 1970 cuando la NFL decidió rebautizarlo en honor al legendario entrenador de los Green Bay Packers.
Lombardi no solo ganó los dos primeros Super Bowls (1967 y 1968); se convirtió en el rostro de una mentalidad competitiva que redefinió el profesionalismo en la liga. Su figura encarnaba disciplina, liderazgo y obsesión por la excelencia.
Nombrar el trofeo en su honor fue una decisión de la NFL que vinculaba su campeonato máximo con un estándar de grandeza humana y deportiva. Desde entonces, cada equipo que levanta el trofeo no solo gana un título, también se asocia con esa herencia.
¿Cuánto vale realmente?
En términos estrictamente económicos, el costo de fabricación del trofeo ronda los 50,000 dólares. Pero su valor real trasciende el precio de la plata esterlina y las horas de taller.
El Vince Lombardi no se subasta, no circula en el mercado del lujo tradicional. Es un objeto que se entrega cada año al campeón del Super Bowl y cuya posesión es colectiva; es decir, pertenece a la franquicia, no a un individuo.
Su valor reside en lo que representa. Para una organización, significa la culminación de meses de estrategia, millones de dólares invertidos y años —a veces décadas— de espera. Para los jugadores, es la confirmación tangible de haber alcanzado la cima del deporte profesional más competitivo de Estados Unidos.
Las dinastías que más veces lo han levantado
Si el trofeo es la cima, algunas franquicias han hecho de esa cima un territorio recurrente. En la historia del Super Bowl, los equipos con más títulos son los New England Patriots y los Pittsburgh Steelers, ambos con seis campeonatos.
Les siguen los Dallas Cowboys y los San Francisco 49ers, con cinco. Y con cuatro títulos aparecen los Kansas City Chiefs, los Green Bay Packers y los New York Giants.
Cada uno de esos equipos no solo acumula trofeos: construye narrativa histórica. Porque en la NFL, el número de Vince Lombardis en la vitrina define épocas, dinastías y legados.
Cuando el mariscal de campo campeón sostiene el trofeo y lo eleva frente a millones de espectadores, la escena parece espontánea. Pero detrás de ese momento hay meses de trabajo artesanal, decisiones de diseño tomadas hace más de medio siglo y una tradición que conecta el deporte moderno con rituales antiguos de reconocimiento.