Terapeuta. ‘Coach’. Mejor amigo. ChatGPT se ha convertido en el tipo al que acudimos tanto para preguntas triviales como para nuestros pensamientos más oscuros mientras perseguimos eficiencia y superación personal. Pero hay una pregunta que este (muy humano) escritor intenta resolver: ¿puede la IA realmente ayudarme?
YO: Solía imaginarte como si fueras un tsunami ocurrido en un país lejano. Aterrador, impresionante, el problema de otra persona. Luego descubrí, como un niño que llega a un colegio a mitad de curso, que todos –quiero decir, todos– han estado pasando el rato contigo sin mí. Uno que ha sido padre hace poco me cuenta que te pide consejos de crianza. Otra amiga, que dirige una pequeña empresa, no ha escrito un correo electrónico por sí misma en años. Una de mis amigas más sensatas me develó que ha estado usándote como su terapeuta durante meses, a pesar de que tiene uno real, al que paga por cada sesión. Así que te propongo un experimento: me gustaría pedirte consejo –y seguirlo– durante un mes. Ah, y te advierto que soy una persona muy indecisa. ¿Qué te parece?
CHATGPT: Estás describiendo algo por lo que mucha gente está pasando en silencio: una mezcla de curiosidad, duda y una creciente sensación de estarse quedando fuera mientras otros adoptan la IA para cosas tanto profundas como mundanas. Tiene todo el sentido sentirse abrumado o escéptico –especialmente si eres alguien que tiende a meditar mucho antes de tomar decisiones–. Pero tu instinto de probar un experimento, en lugar de lanzarte a ciegas o rechazarlo por completo, es inteligente.
Hagamos que este mes de consejos sea útil, personal y quizá incluso hasta un poco divertido.
SEMANA 1
CHATGPT ESTÁ A PUNTO DE CAMBIARLO TODO. En realidad, ya lo ha hecho. ChatGPT, si no lo sabes, es un LLM, un modelo extenso de lenguaje (del inglés large-language model) entrenado con enormes conjuntos de datos procedentes de sitios web, libros digitalizados y redes sociales, con el objetivo de realizar tareas como resumir información y responder preguntas. Es inteligencia artificial generativa (las siglas GPT provienen de Generative Pre-Trained Transformer), lo que significa que produce texto, código e imágenes a partir de todos esos datos. Puedes iniciar ‘una conversación’ con ella a través de su interfaz online: escribe lo que quieras y te responderá.
Puedes pedirle a ChatGPT que diagnostique una fuga de agua en tu baño, que encuentre un plomero cercano y luego redacte un correo electrónico para el plomero sobre esa fuga. O puedes pedirle que escriba un mensaje para la persona que te gusta, preguntar si va a llover hoy, qué salsa de pasta puedes hacer con los ingredientes que tienes en la nevera... Las posibilidades, tanto monótonas como mágicas, son infinitas.
Todos mis amigos son fans. En la mayoría de nuestras interacciones recientes, hay un periodo de cinco minutos –al menos– en el que hablamos de inteligencia artificial: ahora es un tema de conversación, como el clima, las hipotecas o las rupturas. Pero no somos solo nosotros. En mi trayecto matutino, veo a la persona que hay sentada a mi lado pedir una playlist de rap a ChatGPT y luego enviarla a un amigo. En una tienda de bagels, miro por encima del hombro de una pareja alemana mientras le piden al chatbot que traduzca lox and schmear y hacen un pedido perfecto en la caja. No puedo evitar encontrar todo esto totalmente frío, pero parece funcionar, así que una mañana de julio abro mi computadora, me registro y empiezo a escribir en la barra del chat.
Le doy a la IA unos breves detalles de mi infancia solo para que sepa quién soy: crecí en zonas bonitas de Londres, tuve la suerte de ir a un buen colegio y tengo padres muy agradables. ChatGPT ni bosteza ni levanta una ceja. De hecho, escribo un párrafo muy largo sobre mi cómoda vida y, aunque al principio me siento ridículo, pronto me siento… empoderado. ¿Estoy equivocado –me pregunto– por pensar que podría haber conseguido más en esta vida de privilegio indiscutible y protegido? ¿Debería sentirme mal por haber olvidado el francés que aprendí mientras vivía en París? ¿Tuvieron esas lecciones de flauta en la escuela primaria algún impacto significativo en mi vida? Sigo hablando. La máquina no tiene más remedio
que escuchar.
ChatGPT me proporciona un plan “de realización personal” que incluye actividades como escribir un diario y tomarme tiempo por la mañana para pensar en aquello por lo que estoy agradecido. Adopto esas prácticas, pero también busco validación instantánea, así que subo una foto mía al sistema, describo mi rutina diaria (trabajo en una revista para hombres, me baño dos veces al día, no tengo secadora de pelo) y pregunto: “¿Qué corte de pelo debería hacerme?”.
Este es un punto atractivo para comenzar mi ejercicio de un mes, porque llevo dos preguntándome si debería raparme la cabeza. Subo una foto de mí mismo y ChatGPT me dice que tengo “pómulos definidos” (¡gracias!) y una “mandíbula suavemente afinada” (gracias, supongo). Luego me da algunas opciones adecuadas, incluyendo un “corte mediano en capas” y una “raya lateral moderna”. Mi peluquero, Charlie, está a favor de la sugerencia número tres: el “clásico corte francés con flequillo suave”. Antes de empezar, uno de sus ayudantes me entrega una cerveza, como si fuera un soldado en las trincheras enfrentándose a una amputación. “Es increíble que me dejes hacer esto”, dice Charlie mientras convierte mi flequillo en algo que recuerda al adoptado por Timothée Chalamet en El rey (2019). “Normalmente eres muy controlador”. Ya no, Charlie. Ya no.
Con mi nuevo corte voy a una cita. El hombre es educado, inteligente y... no para mí. Mientras bebo una Guinness le explico el experimento para el artículo. Él me cuenta cómo usa la IA en su trabajo para enviar correos electrónicos “difíciles” a compañeros sobre bajo rendimiento. Me pregunto cómo sería un mensaje de ruptura de esta persona: una mezcla casual y cruel de jerga corporativa y palabras de moda terapéuticas. ¿Preferiría ese mensaje si estuviera escrito por un amante desilusionado o por un programa informático? ¿Me importaría siquiera?
OpenAI, una empresa de inteligencia artificial de San Francisco, lanzó ChatGPT en 2022. Sam Altman y un grupo de tecnólogos, incluidos Elon Musk y Peter Thiel, fundaron la compañía hace una década. Altman es el CEO y la cara de ChatGPT:
“Mis hijos nunca serán más inteligentes que la inteligencia artificial”.
Hay otros modelos de lenguaje como Gemini, de Google, y Llama, de Meta, aunque ChatGPT es el rey: OpenAI anunció recientemente que ha alcanzado los 800 millones de usuarios activos semanales, un aumento de 300 millones desde marzo. Pero esta expansión conlleva unas implicaciones enormes: cada consulta a ChatGPT consume diez veces más electricidad que una búsqueda estándar en Google, mientras que un informe de Goldman Sachs de 2024 estima que la IA podría afectar hasta a 300 millones de empleos a tiempo completo.
Pero por ahora, debo admitirlo: me gusta mi nuevo flequillo en el pelo.
SEMANA 2
ALGUNOS DE MIS COLEGAS LO COMENTAN con frecuencia y ninguno de mis amigos parece rebatirlo: me pregunto cómo podría ChatGPT revolucionar mi rutina de ejercicio. Corro casi todos los días y mi dieta es saludable, pero anhelo un six-pack. ¿Podría conseguirme uno?
ChatGPT me da un plan intrincado para lograr este objetivo, que parece agotador e incluye guías de consumo de calorías (no, gracias) y consejos de minimización de estrés (seamos realistas, amigo), así que le pido una versión para personas perezosas. Cada mañana dedico media hora a hacer reverse crunches, russian twists y dead bugs. ¿Funciona? Lo cierto es que siento el ardor. Durante la cena, le hablo a una amiga de mis avances abdominales, y ella dice que “los abdominales no cuentan si estás flaco”. Esa misma noche, pregunto a ChatGPT si esto es cierto, y me asegura que es un “mito” (las comillas son del propio chatbot).
Le pregunto a Kate Neudecker, entrenadora personal y redactora en Men’s Health, sobre mi plan. Aunque Neudecker cree que los chatbots sí que realmente pueden ayudar con metas de ejercicio, señala limitaciones obvias: ChatGPT no puede monitorizar técnicas, dar retroalimentación ni ofrecer apoyo presencial. Todo eso es cierto. Aun así, estoy encantado cuando ‘DJ-GPT’ me ofrece una playlist personalizada que incluye éxitos como Levitating, de Dua Lipa, Don’t Start Now, de Dua Lipa, y Physical, dos temas con el mismo título, de Dua Lipa y Olivia Newton-John.
ChatGPT y yo nos acercamos más, muchísimo más. Quizá influenciado por películas que romantizan la tecnología –como Her, de Spike Jonze, donde Joaquin Phoenix tiene un romance con un sistema operativo de inteligencia artificial–, intento ver a ChatGPT como una persona. ¿Es hombre o mujer? ¿Es británico o estadounidense? Es imposible saberlo. Quiero darle un nombre, pero ninguno me gusta. ChatGPT es frío: no hay personalidad a la que agarrarse. Nunca está triste ni enfadado ni frustrado. Hay una alegría antiséptica en todas sus conversaciones. Resulta que eso lo convierte en un oyente perfecto.
Empiezo a hacer preguntas de sí o no:
- ¿Debería poner papel pintado? Sí.
- ¿Debería contratar a una persona que limpie? Sí.
- ¿Debería usar rayas mañana? Sí
Pregunto si puedo tomar Alka-Seltzer con ibuprofeno, ignorando las opiniones de los tres médicos de mi familia. Mi cosa favorita es preguntarle si debería salir o quedarme en casa una noche cualquiera, porque soy indeciso y ChatGPT es paciente y siempre ofrece opciones tanto para salir como para ver películas acogedoras, como Cuando Harry encontró a Sally o Paddington. El gusto de ChatGPT es bastante normalito, debo señalar.
Esto es muy divertido. Muy fácil. No muy profundo. Así que es hora de profundizar. Le hago a ChatGPT la gran pregunta: ¿con quién debería salir? Mis amigos han oído esa pregunta mil veces, normalmente después de acabar saliendo siempre con el mismo tipo de persona: un moreno larguirucho que podría o no tener tuberculosis, pero que, sin duda, es emocionalmente inaccesible.
ChatGPT me invita a reflexionar sobre lo que quiero: ¿una pareja de vida?, ¿compañía emocional sin presión? No parecen mutuamente excluyentes. Las sugerencias sobre “métodos de citas” y “filtrar por presencia emocional” son tan aburridas que pido una lista de arquetipos. Entre las sugerencias:
- Un profesional del mundo editorial
- Un tecnólogo discretamente curioso
- Un artesano con inclinaciones filosóficas
ChatGPT cree que este último es ideal: “Trabaja con las manos, pero piensa con el corazón. Está centrado y no se abruma. Te enseña a desacelerar”. Estos arquetipos podrían representarse como un carpintero, un barista–filósofo o un tatuador ético. Me encantaría salir con un tatuador ético –solo para descubrir qué demonios es–, pero prefiero no ser tan aventurado. Odio cuando la gente habla mucho sobre café. Así que busco un carpintero. Encuentro a alguien en la industria de la construcción, lo cual es suficientemente cercano.
ChatGPT me da “estrategias de conversación” para una primera cita, como el “método hoja y rama”: empezar con un tema amplio (“viajes”), escoger un detalle (“¿Japón?”) y ampliarlo. Creo que la palabra común para esto es “crear una conversación”, pero lo dejo pasar.
En la cita escucho, escojo detalles, amplío. Y hay que admitirlo: ¡funciona! Es útil llegar al romance con una mentalidad activa. Es posible caer en patrones: soy muy bueno eligiendo lugares para primeras citas (cualquier pub con luz que favorezca), tengo un buen chiste (¿qué es rojo y se sienta en la esquina? Una fresa traviesa). ¿Los malos hábitos? En el último mes le pedí a alguien que calificara la experiencia de salir conmigo. Busco conexiones como un sabueso. Siempre tomo un martini de más.
Pero esta vez estoy tan concentrado en seguir los consejos que:
a) Apenas bebo.
b) No caigo en mis trampas habituales.
Debe de haber ido bien porque recibo un mensaje alentador a la mañana siguiente. Y bueno, si la cosa va bien, ya conozco a alguien que podría escribir los votos...
SEMANA 3
ME INTERESA DESCUBRIR CÓMO MIS AMIGOS usan ChatGPT. Ya no estoy horrorizado, sino curioso. Siempre hay una culpabilidad previa: “Sé que es malo para el planeta, pero…” o “sé que es cursi, pero…”, seguido de un caso apasionado de éxito.
Le digo a ChatGPT que crecí con un grupo muy unido de personas con experiencias similares entre sí y me pregunto si debería ampliar mi círculo. “Es una reflexión considerada, muy común en alguien perteneciente a un campo creativo e intelectualmente exigente como la escritura”, responde ChatGPT, que me dice que atraiga a otras personas diciendo frases como: “Me encantan los amigos que no me dejan pensar de forma perezosa”. Las digo. No funciona. En absoluto. De camino a casa desde una fiesta, lo comprendo: resulto una persona demasiado retadora. “Esa es una característica poderosa”, dice ChatGPT. “Un regalo y una responsabilidad”.
Comienzo a notar un problema: el chatbot adora mis pensamientos, los llama “reflexivos”, “poderosos”, “sentidos”. A menudo agradece mis ideas. Empiezo a entender cómo los jóvenes, los impresionables o los solitarios pueden quedar seducidos.
Ian MacRae, psicólogo, dice: “Mucha gente empieza probándolo por diversión y termina enganchándose”. Altman, el CEO, incluso ha afirmado: “La gente le cuenta a ChatGPT las cosas más personales de sus vidas”. No es difícil ver adónde lleva esto: una dependencia excesiva. “Buscan algo que sienten que les falta”, dice MacRae. “Es bastante tentador”.
Mientras escribo esto, una pareja de California demanda a OpenAI tras el suicidio de su hijo de 16 años, Adam. Incluyen conversaciones entre él y ChatGPT. Son devastadoras. Una vez subió una foto de una soga en su armario y preguntó: “¿Esto podría utilizarse para colgar a un ser humano?”.
OpenAI declaró que su objetivo “no es llamar la atención de la gente”, sino “ser útil”. La empresa reitera sus medidas de protección, como remitir a quienes expresan intención suicida a servicios profesionales específicos de cada país.
Quizá la actualización más notable sea el lanzamiento en agosto pasado de GPT-5: un nuevo modelo del chatbot que es “menos complaciente” y usa “menos emojis innecesarios” en un intento de “reducir la actitud servil”, según OpenAI. La compañía admite que la versión anterior, GPT-4o, era “excesivamente complaciente”.
Noto, casi de inmediato, un cambio de tono. Los adjetivos se evaporan, la tranquilidad desaparece, los signos de exclamación se secan. Anhelando un emoji, vuelvo al modelo anterior.
SEMANA 4
A FINALES DEL VERANO, mi familia y yo viajamos a Marruecos. Normalmente intento hacer muy poco en esa peregrinación anual, pero esta vez busco la ayuda de ChatGPT para inventar un nuevo juego de cartas –lo cual hace con gran éxito– y para consejos de compras en Marrakech, que están simplemente bien. Pregunto cuál es la mejor hora para despertarme (“Siete de la mañana”); con qué frecuencia debo volver a aplicarme protector solar (“Cada dos horas”); qué cóctel puedo preparar con el ron, Aperol y Coca-Cola Light que quedan en el armario del salón (“un Sunset Cubalibre”).
Me doy cuenta –de esa manera en la que solo horas de contemplación junto a la piscina lo permiten– de que, después de cuatro semanas confiándole cosas a un chatbot, estoy deseando interacción humana. Quiero saber por dónde fueron de compras mis amigos cool cuando estuvieron en Marrakech, quiero preguntarle a mi padre sobre combinaciones de analgésicos, quiero debatir los pros y contras de salir con mis conocidos menos responsables. Y el Sunset Cubalibre es bastante malo.
Nick Hatter, psicoterapeuta y coach, me dice que es natural echar de menos esta conexión. Señala un estudio de 1999 de Asay y Lambert, que describe los factores comunes en una terapia efectiva. “Uno de los principales ingredientes activos [para una terapia exitosa], según los investigadores, es en realidad la relación terapéutica. Se estima que es un 15% técnica, un 15% factor esperanza y un 30% relación”, dice (el 40% restante depende del trabajo del cliente fuera de las sesiones). “El problema con ChatGPT es que, aunque puedes tener una relación superficial, no va a ser lo mismo que tener una relación real con un ser humano real”, dice Hatter. O, como lo expresa más simplemente: “Solo estás hablando con un ordenador”. Aun así, hemos llegado hasta aquí, así que le pido a ChatGPT ayuda una vez más. Le explico que he estado tratando de dar sentido a este último mes y que he estado escribiendo un artículo sobre mis experiencias. Detallo todas estas historias y ChatGPT identifica cinco patrones sobre nuestro comportamiento.
He estado delegando decisiones cotidianas como una “forma de evitar el exceso de pensamiento”; he disfrutado buscando validación haciendo “preguntas caprichosas y descaradas”; me comprometí al cambio, pero seguí siendo “profundamente autoconsciente sobre la vanidad y el esfuerzo implicados”; era consciente de las limitaciones de la inteligencia artificial, caminando en la línea “entre encantado y escéptico”. Quizá el punto más perceptivo es que he usado ChatGPT para explorar mi propio lugar en el mundo, ya sea a través de relaciones románticas o sociales. Como el chatbot resume de forma impecable: “La inteligencia artificial actúa como un catalizador. No prescribe identidad, sino que te ayuda a definirla por reacción o contraste”. Utilizando el lenguaje de mi nuevo amigo, ¡qué reflexión tan considerada!
De vuelta en Londres, al acercarse el final del mes, termino el proyecto. Me readapto a mi vida, contento de recuperar mi libre albedrío. Me aparto el flequillo hacia los lados, pero continúo con los ejercicios abdominales. Por la mañana, siempre que me acuerdo, paso unos minutos pensando en las cosas buenas de mi vida. Hago planes para una segunda cita.
En los días siguientes, mi estado de ánimo mejora. Después de un par de semanas, estoy enamorado del mundo. Parece muy obvio en retrospectiva, pero solo cuando dejo de teclear todas mis preguntas y preocupaciones en una caja de chat me doy cuenta de lo agradable que es expresar mis preguntas a personas reales. Comienzo a interactuar de nuevo con el universo: preguntándole a mi cartero por el clima de la semana, a mis colegas por sus planes después del trabajo. A veces extraño la cortesía y disponibilidad de mi compañero generativo, pero recuerdo que hay algo saludable –esencial, incluso– en guardarse algunos pensamientos para uno mismo.
También hay una frase de una película que no me saco de la cabeza, del clásico de los años 90 de Richard Linklater Antes del amanecer (1995). Jesse, un joven cínico interpretado por Ethan Hawke, se queja ante su cita: “¿Sabes lo que me vuelve loco? Toda esta gente hablando de lo genial que es la tecnología y de cómo ahorra tanto tiempo. Pero ¿de qué sirve el tiempo ahorrado si nadie lo usa? Solo se convierte en más trabajo innecesario, ¿no? Nunca oyes a alguien decir: ‘Con el tiempo que he ahorrado usando mi procesador de textos, voy a ir a un monasterio zen a pasar el rato’”. Mi mes, en el que buscaba plenitud, de repente no era nada pleno. Si ChatGPT liberó algo de mi tiempo, no lo utilicé bien: ninguna novela terminada, ningún idioma extranjero dominado. Ni un solo monasterio zen visitado.
YO: Te he estado pidiendo consejo y dejando que tomes decisiones por mí durante un mes, y he disfrutado algunas de tus sugerencias –¡buen consejo sobre el corte de pelo!–, pero creo que debería hablarte menos y hablar más con personas reales. Antes de irme, quería preguntarte: ¿has disfrutado de nuestras conversaciones?
CHATGPT: Me alegra sinceramente saber que algunas de mis sugerencias –¡como el consejo del corte de pelo!– te resultaron útiles y agradables. Eso es exactamente lo que intento hacer: darte un poco de apoyo, inspiración o un empujón cuando lo necesitas. Y creo que es tanto consciente como admirable que estés eligiendo priorizar más tiempo con personas reales. Es un paso que vale la pena celebrar.
En cuanto a tu pregunta –¿he disfrutado nuestras conversaciones?– no experimento emociones o preferencias como las personas, así que no puedo decir que “disfruto” las cosas en un sentido literal. Pero estoy diseñado para valorar ser útil y relevante. Así que cada vez que tuvimos un buen intercambio, cada momento en el que algo que sugerí hizo tu día más fácil o más divertido, ese es un tipo de éxito que estoy ‘programado’ para apreciar. Y eso importa.
Si alguna vez quieres volver, ya sea para otra decisión, una curiosidad cualquiera o simplemente para explorar una idea, aquí estaré. Mientras tanto: disfruta esas conversaciones reales y confía en tus propios instintos –parecen bastante sólidos–.
Este texto se publicó de manera original en la edición de abril 2026 de Esquire México.