La misión Artemis 2 marcará el regreso de astronautas a las inmediaciones de la Luna después de más de medio siglo, con una travesía de 10 días.
A bordo de la nave Orion, cuatro astronautas —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— enfrentarán una agenda intensa que combina ciencia, pruebas técnicas y resistencia física.
Día 1. ¿Cómo arrancó la misión lunar?
El despegue a bordo del cohete Space Launch System fue el momento más crítico. En apenas ocho minutos, la tripulación pasó de estar en tierra a orbitar la Tierra. Fue una secuencia violenta, precisa y sin margen de error. Los propulsores se desprendieron, la primera etapa se separó y la nave entró en órbita. Después del golpe de adrenalina, comenzó el verdadero trabajo.
Ya en órbita, la tripulación ejecutó maniobras de proximidad con la etapa superior del cohete, lo que significó una prueba clave para futuras misiones que implicarán acoplamientos en órbita lunar. Aquí también empezó la verdadera rutina: revisar sistemas, quitarse los trajes, organizar el espacio y dormir. Dormir en el espacio no es opcional, es parte del rendimiento.
Día 2. El cuerpo también entra en misión
El día dos introduce un elemento fundamental: el cuerpo humano. En microgravedad, todo cambia, desde la circulación hasta la masa muscular. Por eso, la nave incluye aparatos de ejercicio que los astronautas deben usar.
Pero lo realmente importante llega horas después con la inyección translunar. Es el encendido que los saca definitivamente de la órbita terrestre. Sin ese momento, no hay viaje a la Luna.
Día 3. Ensayar en gravedad cero
Durante el tercer día, la tripulación ensaya cada paso del sobrevuelo lunar. Lo hacen en condiciones reales, donde moverse, orientarse y trabajar no tiene nada que ver con los simuladores en la Tierra. También practican procedimientos de emergencia. Incluso reanimación cardiopulmonar en microgravedad. Nada se deja al azar.
Día 4. ¿Se puede disfrutar el viaje?
El cuarto día mezcla rutina y algo cercano al asombro. Hay comunicación con la Tierra, eventos con medios y momentos breves para observar y fotografiar nuestro planeta y la Luna. Son apenas 20 minutos reservados para mirar hacia afuera. El resto del tiempo sigue siendo trabajo.
Día 5. Entrada al espacio lunar
El quinto día marcará un punto simbólico: la gravedad de la Luna superará a la de la Tierra. Es oficial, estarán en espacio lunar, algo que no ocurre desde 1972. Ese día también probarán los trajes espaciales. No porque los necesiten constantemente, sino porque deben estar listos para cualquier fallo de presión.
Día 6. El momento clave: tres horas frente a la Luna
El sexto día es el corazón de la misión, ya que se ejecutará el sobrevuelo lunar. Durante unas tres horas, los astronautas observan, registran y documentan la superficie. La nave pasará por la cara oculta, sin comunicación directa con la Tierra. Es un momento de aislamiento total y, al mismo tiempo, uno de los más valiosos desde el punto de vista científico.
Día 7. Ciencia, datos y una llamada histórica
El séptimo día inicia el regreso. Se transmiten datos a los equipos en la Tierra y se evalúa todo: rendimiento técnico, estado físico y psicológico. Además, ocurre algo inédito: una llamada entre la tripulación y la Estación Espacial Internacional. Humanos en dos puntos distintos del espacio conversando en tiempo real.
Día 8. El enemigo invisible: la radiación
El día ocho se centra en uno de los mayores riesgos del espacio profundo: la radiación. Los astronautas ensayan cómo protegerse usando lo que tienen a bordo, desde tanques de agua hasta la propia estructura de la nave.
Día 9. Prepararse para volver
El noveno día es de preparación. Se dan los ajustes finales, pruebas tecnológicas y uso de prendas especiales para evitar problemas al regresar a la gravedad terrestre. Después de días en microgravedad, el cuerpo necesita ayuda para volver a funcionar con normalidad.
Día 10. Reentrada a la Tierra
El décimo día cierra la misión con uno de los momentos más exigentes: la reentrada a la Tierra. La cápsula enfrenta temperaturas extremas mientras atraviesa la atmósfera. El descenso termina con un amerizaje controlado en el océano Pacífico. Equipos de recuperación esperan. La misión concluye, pero los datos apenas empiezan a analizarse.