Hubo un momento en el que la respuesta era bastante sencilla: no. Los shorts servían para las vacaciones, el gimnasio, los fines de semana y prácticamente cualquier lugar donde no hubiera una computadora y alguien de Recursos Humanos cerca. La oficina pertenecía al pantalón largo. Podía desaparecer la corbata, podías cambiar los Oxford por unos sneakers e incluso sustituir el saco por una chamarra, pero las rodillas tenían que permanecer ocultas.
Ahora esa regla empieza a tambalearse. Las temperaturas extremas han hecho que algo que parecía una discusión de estilo se convierta también en una cuestión bastante práctica. En Japón, el programa Cool Biz ha llevado la relajación del código laboral hasta incluir shorts, camisetas y tenis, mientras que en Europa cada vez más empresas están revisando qué significa exactamente vestirse de manera profesional cuando afuera hace demasiado calor. Reuters encontró además un aumento en la venta de prendas ligeras de verano para hombre y compañías que han tenido que flexibilizar sus reglas.
La pregunta interesante ya no es si los shorts pueden entrar a una oficina. Ya entraron. La pregunta es cómo evitar que parezca que te equivocaste de camino a la alberca.
No todos los shorts están invitados
Que los shorts puedan funcionar en la oficina no significa que cualquier par tenga permiso de entrada. El problema nunca ha sido realmente la cantidad de pierna que enseñan, sino todo lo que históricamente hemos asociado con ellos.
Un traje comunica intención. Un pantalón corto deportivo comunica que quizá vas a correr después. Las bermudas cargo pueden comunicar demasiadas cosas al mismo tiempo y ninguna particularmente buena para una junta.
Por eso la versión que está entrando al guardarropa laboral se parece mucho más a un pantalón de vestir al que simplemente le quitaron algunos centímetros. Líneas limpias, colores sobrios, tejidos como algodón o lino y un largo que normalmente termina un poco arriba de la rodilla. No tienen que convertirse en el protagonista del look.
Lo que llevas arriba termina de hacer el trabajo. Un polo tejido, una camisa ligera o incluso un saco sin demasiada estructura pueden hacer que los shorts se sientan deliberados. Los loafers funcionan especialmente bien porque aportan justo la dosis de seriedad que falta abajo. Unos tenis sencillos también pueden hacerlo, dependiendo naturalmente de dónde trabajes.
El secreto es bastante parecido al de cualquier otra prenda: que parezca que decidiste vestirte así y no que elegiste lo primero que encontraste porque el termómetro superó los 30 grados.
La oficina cambió antes que nuestro clóset
La pandemia aceleró algo que probablemente iba a ocurrir de cualquier manera. Millones de personas comprobaron que podían trabajar correctamente sin ponerse una camisa de cuello rígido cada mañana. Al regresar a las oficinas, muchas de aquellas costumbres no regresaron con ellas.
Eso explica buena parte del auge de los tejidos técnicos, las prendas híbridas, los pantalones más cómodos y una sastrería considerablemente menos rígida. Curiosamente, los hombres no necesariamente quieren vestirse peor. En muchos casos ocurre exactamente lo contrario: hay más interés en ropa, relojes, zapatos y sastrería que hace algunos años. Lo que está desapareciendo es la obligación de utilizar determinados objetos simplemente porque así se ha hecho siempre.
Y ahí está probablemente la diferencia más importante. El traje no se está muriendo porque alguien llegue en shorts. De hecho, liberarlo de la obligación puede terminar haciéndolo mucho más atractivo.
Cuando te pones un traje porque quieres llevarlo y no porque existe una regla pegada en algún manual corporativo, vuelve a sentirse especial.
Entonces, ¿puedes llegar mañana en shorts?
No necesariamente.
La flexibilidad no elimina el contexto. Un despacho financiero y una productora difícilmente tienen las mismas reglas. Una presentación importante tampoco es igual que un viernes sin reuniones. Y siempre existe un elemento bastante sencillo que ningún artículo de estilo puede resolver por ti: conocer el lugar donde trabajas.
Pero la existencia misma de esta conversación dice bastante sobre el momento actual de la ropa masculina.
Durante demasiado tiempo confundimos profesionalismo con determinadas prendas. Como si alguien automáticamente trabajara mejor porque su pantalón llegaba hasta el zapato.
Los shorts no van a reemplazar al traje. Tampoco deberían.
Pero quizá por fin estamos entendiendo que vestirse bien y vestirse formal no siempre significan exactamente lo mismo.