El diseñador Demna llegó a Gucci en marzo de 2025 tras su paso por Vetements y Balenciaga. Esto fue un cambio que sacudió al mundo de la moda y lo dejó ansioso por conocer la manera en que el diseñador georgiano podía aportar su visión a Gucci. Hoy pudimos ser testigos de esa nueva visión en uno de los marcos más importantes que fusiona moda y arte.
Su primer desfile, presentado el 27 de febrero de 2026 durante la Semana de la Moda de Milán (y que contó con la participación de leyendas de las pasarelas como Kate Moss), no fue solo una colección Otoño/Invierno sino una manera de mostrarnos cómo la escenografía puede ser una especie de prólogo.
Florencia: el punto de partida
Antes de diseñar una sola prenda, Demna hizo algo poco habitual en la moda contemporánea: estudió. Pasó cerca de un año buscando lo que él llamó la “Gucciness de Gucci”. Esa búsqueda lo llevó a Florencia, la ciudad donde hace 105 años Guccio Gucci fundó la casa tras identificar —mientras trabajaba como botones en el Hotel Savoy— el deseo de equipaje resistente y elegante para una nueva clase viajera.
Demna recorrió el archivo histórico, visitó fábricas y caminó por la Piazza della Signoria hasta el Palazzo Gucci. Pero hubo una parada decisiva: la Galería Uffizi.
Ahí se encontró frente a frente con una imagen que conocía de memoria pero que nunca había visto en persona: El nacimiento de Venus de Sandro Botticelli. Ese momento fue, según sus propias palabras, abrumador. Comprendió cuánto del Renacimiento italiano habita todavía en nuestra manera de entender el lujo.
Al salir del museo y ver el Palazzo Gucci frente a él, entendió algo más: Gucci no es solo una marca sino parte del canon cultural italiano.
Un museo imaginario en Milán
Esa experiencia museística se convirtió en la inspiración para la escenografía del desfile que se celebró en el Palazzo delle Scintille, una estructura diseñada en 1923 por Paolo Vietti-Violi como recinto deportivo y que, durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a albergar funciones de Teatro alla Scala cuando el teatro original sufrió daños. El lugar ya tenía historia, así que Demna decidió retomarla y amplificarla.
Al entrar, los invitados subían una escalera y accedían a una gran sala revestida en travertino Stoneleaf: láminas ultrafinas de mármol italiano adheridas a fibra de vidrio y resina transparente. El espacio no era minimalista ni industrial sino un museo ficticio a la Gucci.
Esculturas, mitología y herencia
El recinto estaba poblado por esculturas que replicaban piezas de la Galería Uffizi y del Museo Arqueológico Nacional de Nápoles: Afrodita, Artemisa, figuras romanas y helenísticas. Cada pieza fue escaneada en 3D y recreada por artesanos toscanos en yeso tratado para simular mármol.
Demna colocó a sus modelos dialogando con diosas clásicas. La juventud urbana frente al ideal clásico. Streetwear sofisticado bajo la mirada de Afrodita. Algo insólito.
La “Gucciness” según Demna
¿Qué encontró Demna en su búsqueda? Encontró una actitud cultural: Gucci como puente entre arte, deseo y consumo; tradición florentina y espectáculo global.
La escenografía del debut en la MFW 2026 tenía la función de recordarle al público y a la industria que el lujo italiano no nació en Instagram, sino en talleres, mármoles y museos.