Exclusiva: Cinco versiones de Tom Hardy que no conocías

Tom Hardy

Este es Tom Hardy en un encuentro dividido en cinco segmentos en exclusiva para Esquire.

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FOTO: Cortesía

LA PARTE EN LA QUE NO ESTÁ

El remolque de Tom Hardy está en el estacionamiento de un estudio de cine ubicado a las afueras de Cardiff. Es uno de los vehículos más lujosos del estudio, tiene cocina y un área de descanso, además de otras habitaciones en la parte trasera que no alcanzo a ver y en las que debe haber baño y cama o, no sé, tal vez un diván. En una parte de la sala hay un banco tapizado muy limpio, en el que estoy sentada, y un sillón de cuero blanco en la esquina opuesta que, hay que decirlo, tiene un ligero parecido a un trono. Hay ventanas tipo buzón en lo alto de cada pared, una pantalla plana empotrada y un extraño panel de espejos en el techo. Hay una bolsa de dulces en la mesa junto a la silla y algunos paquetes de chicles. No hay más objetos sobresalientes, aparte de una cama para perro y dos platos en el suelo que tienen un acabado brillante y cobrizo muy atractivo. Es el tipo de remolque —y el tipo de platos para perros— que uno esperaría fueran diseñados para uno de los actores más queridos del Reino Unido, recientemente designado, en una encuesta de principios de este año, la “estrella masculina del cine británico del siglo XXI”. Sin embargo, hay algo que brilla por su ausencia en el remolque de Tom Hardy: Tom Hardy. En su lugar, el sillón está ocupado por su asistente, Natalie, una elegante rubia que lleva su teléfono celular en un cordón alrededor del cuello y lo consulta de manera esporádica. Fue ella quien me recibió en la estación junto con Luke, el chofer y guardia de seguridad de Hardy, un hombre joven y platicador con entrenamiento tanto en boxeo como en Krav Maga. No es difícil imaginar que Natalie también puede defenderse muy bien; antes de ser asistente de Hardy, más o menos en la época en la que él interpretó a Ronnie y Reggie Kray en la película Legend de 2015, había trabajado durante más de una década con Liam Gallagher. Pero aunque esto lo deduzco a partir de una charla amena que tenemos en el remolque mientras esperamos a Tom Hardy, ella no es el objeto de la entrevista, así que, como diría Ronnie Kray, la dejaré al margen.

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FOTO: Cortesía

Resulta que llevaba un par de semanas esperando la llamada de Hardy para saber dónde sería la entrevista —¡quizá Londres! ¡A lo mejor Gales! Tal vez, Dios no lo quiera, ¡por Zoom!—, así que esperar una hora más aquí o allá no era gran cosa. Después de haberlo entrevistado varias veces, sabía que la precisión no era su punto fuerte. También había aprendido a no intentar adivinar la ubicación: la primera vez, cuando estaba rodando The Revenant para Alejandro González-Iñárritu y promocionando Mad Max: Fury Road, de George Miller, pintamos cerámica en un centro comercial de Calgary. En otra ocasión, cuando se preparaba para presentar su primera película de superhéroes, Venom, nos paseamos por la sucursal de Homebase en Richmond cerca del Támesis. Le gusta mantenerte alerta. Incluso ya en el coche con Natalie y Luke, recorriendo viejos edificios industriales y un sorprendente número de caballos —propiedad, según me informó Luke, de una comunidad de nómadas irlandeses que los mantienen atados en la carretera— desconocía lo que iba a ocurrir, salvo que había tomado un tren rumbo a Cardiff, porque Hardy estaba en algún lugar cercano rodando Havoc: una película de acción para Netflix sobre un “detective herido” y atrapado en el mundo criminal mientras busca al hijo rebelde de un político. Sabía que me iban a llevar al estudio para hacerme una prueba de covid, pero hasta que regresamos al estacionamiento, mientras subía los pequeños escalones hacia la puerta de un remolque con un cartel que decía “Walker”, el nombre de su personaje, me di cuenta de que ese sería nuestro destino final. ¡Tan evidente! Y, por lo tanto, ¡tan inesperado! Todo tenía sentido, dentro de una lógica peculiar. Y seguía siendo, después de todo, un glorioso contenedor en forma de transporte aparcado en un estacionamiento. “‘Glamour’, dijeron”, me cuenta Natalie impasible, más de una vez. También más de una vez me asegura que Tom está en camino. Mientras esperamos, entran y salen los miembros del “equipo” de Hardy, el grupo de personas que lo acompaña de una producción a otra, quizá porque confía en ellos, quizá porque hacen que todo parezca un poco más normal. En el remolque están Natalie y Luke, que tienen una relación cercana y bromista, así como la maquilladora de Hardy, Audrey, que está ocupada en la cocina antes de salir de nuevo para practicar algunas cicatrices protésicas sobre el rostro en un extra que sustituye al actor temporalmente. Entonces se produce un cambio casi imperceptible en la presión del aire, como el soplo del viento antes de una tormenta o el temblor de las hojas en la entrada de un túnel antes de que llegue el tren. Natalie voltea a la ventana cuando entra un Audi.

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El actor aparece por la puerta de su remolque, con una camiseta ajustada y una gorra de beisbol; tiene un aspecto musculoso y delgado que no se parece a ninguno de los otros padres de 43 años que conozco. Lo sigue su perro Blue, un mestizo de color gris claro con algo más que una pizca de bulldog francés y una expresión siempre inquisitiva. Me da un abrazo —¡mi primer abrazo de cuerpo entero con alguien ajeno a mi familia inmediata en más de un año y medio! ¡Cuánto tiempo ha pasado!— y se sienta en el sillón que Natalie deja libre, junto al que acaba de dejar un café expreso en una taza diminuta. Blue se acomoda en la cama para perro junto a los platos cobrizos, en uno de los cuales Natalie, por razones que voy a suponer son de practicidad más que de decreto, vierte agua de una botella Evian. Por fin ha llegado Tom Hardy, la estrella masculina del cine británico del siglo XXI.

TOM HARDY COMO EDDIE BROCK: LA PARTE EN LA QUE HABLAMOS DE SU NUEVA PELÍCULA

A mitad de los créditos finales de Venom, que se estrenó en 2018, hay una escena adicional. El personaje de Hardy (o, para ser más exacto, el personaje humano de Hardy… más adelante hablaremos de eso), el reportero de investigación y motociclista Eddie Brock es escoltado a través de las puertas de seguridad de la tristemente célebre prisión de San Quentin, en California. Tras ser conducido por una serie de pasillos sucios, él y un guardia de voz ronca llegan a una gran jaula de metal en la que le espera Woody Harrelson con grilletes y una peluca rizada de color castaño. Harrelson es Cletus Kasady, un excéntrico asesino en serie, y quiere que Eddie divulgue un mensaje: “Cuando salga de aquí, y lo haré, habrá un exterminio”. No solo supone un práctico paralelismo con lo que está sucediendo ahora que, lo siento, no puedo evitarlo —¡Hardy me convocó! ¡En circunstancias misteriosas! ¡Y aquí estamos! ¡Frente a frente! ¡En una caja!— sino que también establece la premisa de la inminente secuela, Venom: Let there Be Carnage, dirigida por Andy Serkis, en la que el Kasady de Harrelson parece que cumplirá su promesa. Y, por supuesto, Hardy no me invitó para preguntar por mi familia (aunque lo hace, lo cual es muy atento), ni para que yo pregunte por la suya —él y su pareja, la actriz Charlotte Riley, tienen dos hijos pequeños, además Hardy tiene un hijo de 13 años de una relación anterior—, sino porque tiene que promocionar una película y, tal vez, algo que demostrar. La película original de Venom había sido una prueba de fuego por varios motivos. Fue la primera que se estrenó bajo en el Universo Cinematográfico de Personajes Marvel de Sony, abreviado de forma atractiva como SPUMC, un acuerdo muy complicado en el que Sony puede desarrollar otro cosmos de películas de superhéroes basadas en personajes seleccionados de Marvel Comics, entre los que destaca la ausencia de Spider-Man. Contrataron a Hardy para interpretar al ya mencionado periodista y motociclista Eddie Brock, así como, gracias a la magia del CGI, Venom, un adorable simbionte alienígeno devoracerebros que habita el cuerpo de Brock y que es, confusamente, uno de los adversarios más emblemáticos de Spider-Man. En sentido más amplio, el trabajo de Hardy fue también doble: arrancar el nuevo universo SPUMC sin Spidey y, a pesar de haber protagonizado (o como él mismo argumentará más tarde, coprotagonizado) y reiniciado con éxito la querida franquicia de George Miller con Mad Max: Fury Road, además de haber interpretado a Bane, el adversario de Batman en The Dark Knight Rises, demostrar que tenía lo necesario para llevar una superproducción de superhéroes por sí solo.

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“Había otros objetivos con Venom, pero eran menores comparados con el objetivo principal: ¿puedo aterrizar a Eddie Brock y a Venom como un superhéroe sólido de Marvel?”, cuenta Hardy, desde el sillón-trono de cuero. “Venom y Eddie Brock forman parte de un canon universal entre los que saben de superhéroes, así que no quiero hacer las cosas mal. Me gustaría formar parte de ese legado y no arruinarlo del todo. No dar pena. ¡Ja! Tienes Black Panther, Thor, Wonder Woman, Venom; no hay una de la que puedas decir: “Dios, ¿la viste? ¡Un asco! No la veas”. Puede que a la gente no le guste, puede que le guste mucho, pero no pasa desapercibida”. El resumen de Hardy es en realidad una representación bastante exacta de las reacciones a Venom. A algunas personas no les gustó (críticos), a otros sí (el público), pero recaudó 856 millones de dólares y tuvo un presupuesto de 100 millones de dólares, el rechazo no estaba contemplado. Incluso los detractores no podían dejar de reconocer que las interpretaciones de Hardy como Venom y Eddie eran de calidad, ya que desarrollaban una dinámica de pareja disparatada mientras luchaban por la primacía en el cuerpo de Eddie. (En una táctica ingeniosa de marketing, Sony presentó un remolque falso para el estreno en casa que reformulaba Venom como una comedia romántica: “Yo soy Venom y tú eres mía”, etc.) En cierto sentido, el papel estaba hecho para Hardy, o él para el papel. Hijo único de Chips y Anne Hardy, un ejecutivo de publicidad y una artista, respectivamente, tiene un historial de abuso de drogas y alcohol que comenzó durante su adolescencia en East Sheen, al suroeste de Londres, y que continuó durante los primeros años de su carrera como actor, cuando pasó directo del Drama Centre London a tener pequeños papeles en grandes producciones como Band of Brothers, de Steven Spielberg, y Black Hawk Down, de Ridley Scott. Entró en rehabilitación en 2003, pero si hay un actor que conoce la batalla de los impulsos destructivos que amenazan con aplastar, ya sea la infernal bebida o el simbionte alienígeno, es él.

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“Las cosas te encuentran. Me di cuenta de que podía aportar mis experiencias o me han identificado por haber tenido problemas de salud mental, y me proponen cierto papel”, se carcajea. “No sé, las cosas se han dado”.

De hecho, aportó lo suficiente a la primera película de Venom para completar el argumento de Venom: Let There Be Carnage, que creó con un viejo amigo, el guionista británico Kelly Marcel. Además del crédito de la historia, también es productor esta vez, aunque dice que esta distinción es casi discutible: “Un productor es lo que estaría haciendo de todos modos si solo estuviera actuando, solo estaría discutiendo con el estudio por eso”. Al parecer, el poder conlleva responsabilidad, y también, algo inusual para Hardy, cumplir las reglas. “Estoy contento con el trabajo. Estoy muy contento con el trabajo”, es todo lo que se compromete a contestar cuando le pregunto, de diferentes maneras, cómo quería que evolucionara la relación Venom-Eddie en la nueva película.

“Debo tener cuidado con lo que digo porque soy un hombre de estudio. Soy un ejecutivo. Lo creas o no”.

Aunque sí deja escapar alguna que otra cosa. Como cuando describe la elección de los nuevos villanos de Marvel: el remolque revela que, además de Cletus Kasady (ahora, por fortuna, sin la peluca de miedo) y su simbionte Carnage, también aparecerá Shriek (interpretada por Naomie Harris), mientras que los aficionados a los cómics han detectado pistas sobre una posible aparición de Toxin (sobre cuyo tema Hardy me hace unos frenéticos gestos con la mano que no puedo descifrar pero que creo que significan “permanece atenta”).

“También estoy pensando en la tercera película porque creo que hay que escribirla al mismo tiempo”, dice. Más tarde, cuando le pregunto si él y Marcel también escribirán la historia de la tercera entrega, se torna tímido: “La tercera no tendrá luz verde hasta que la segunda tenga éxito, pero el estudio quedó muy, muy satisfecho con la segunda”. Creo que es un fuerte tal vez.

Todo es bastante complicado, dado que aún no tengo autorización para ver Venom: Let There Be Carnage, pero me atrevo a plantear otra cuestión que parece entusiasmar a los fans de Marvel: si Venom y Spider-Man pueden aparecer en algún futuro, siempre que el diabólico acuerdo comercial lo permita, en la misma película. ¿Le gustaría a Hardy? “Sería negligente si no intentara encauzarlo”, dice, mientras usa su vapeador.

“No estaría haciendo mi trabajo si no estuviera abierto a cualquier oportunidad o eventualidad, o si no me entusiasmara esa posibilidad. Obviamente es un paso enorme para una sola persona, y se necesitaría un nivel mucho más alto de diplomacia e inteligencia, sentarse y hablar, para enfrentarse a un escenario como ese” “Si ambas partes tuvieran la disposición, y fuera beneficioso para las dos, no veo por qué no podría suceder. Espero y hago el esfuerzo, de verdad, de concretarlo; haría cualquier cosa, dentro de lo que es correcto en los negocios, para que ocurra. Sería una tontería no tener como meta los Juegos Olímpicos si corriera 100 metros, así que ¡sí! Quiero jugar en ese campo”.

Creo que eso es un sí.

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“TOM HARDY” HACE ACTO DE PRESENCIA

Después de aproximadamente una hora, llaman a la puerta. Un hombre de pelo castaño, más o menos de la altura y edad de Hardy, entra en el remolque. —¡Jakey! —dice Hardy. El hombre me tiende el codo a modo de saludo. —A Jake le hacen pruebas todos los días —asegura Hardy— PCR. —Renazco todos los días —agrega Jakey. —Jakey y yo somos la misma persona desde Mad Max. Hacemos todo juntos. Él es Venom, es Eddie Brock, es los Kray, es Mad Max. Somos gemelos. Él es el que planta la cara y yo soy el que la arranca. Si el papel exige aterrizar en su cara, ese es Jakey. Es posible que mi propia cara aún delate cierta confusión, así que continúa: —Le pedí a Jakey que viniera a conocerte. Cuando no hay nada divertido que hacer, Jakey es muy chistoso. Ahora te voy a dar un pase exclusivo para que entrevistes a mi doble. ¡Harás algo de yoga! ¡Un poco de hot yoga! ¡Con el perro! — (Blue lame ruidosamente su plato de agua, no levanta la vista). Por fin entiendo que Jakey es Jacob Tomuri, el doble de Hardy desde Mad Max: Fury Road, explica, cuando una amiga que estaba doblando a Charlize Theron como Imperator Furiosa vio su parecido y lo recomendó para el trabajo. Tomuri tiene los modales sencillos de alguien que pasa mucho tiempo a miles de kilómetros de distancia de la rígida estulticia de Gran Bretaña y Estados Unidos, como de hecho hace salvo cuando lo llama Hardy, en su natal Nueva Zelanda. Me doy cuenta después de que Hardy lo invita a participar en entrevistas, quizá porque las hace más divertidas y le da la oportunidad de alcanzar un registro diferente y juguetón, o tal vez porque, como con Eddie y Venom, dos cabezas es mejor que una.

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Aun así, no estoy muy seguro de cuál debe ser mi línea de preguntas. Le pregunto a Tomuri si tiene que vigilar el cuerpo de Hardy mientras está en su casa de Auckland y así asegurarse de que sus aspectos físicos coinciden. —De vez en cuando nos mandamos mensajes de texto y le pregunto: “¿En qué estás pensando para este papel?” —contesta. —¡Y miento! Digo que peso 90 kilos, y en realidad peso 75. —O dice: “Peso unos 80 kilos”. Nos vemos y pesa 85. Así que soy el Tom más pequeño, el “Tom Hardly” en ese momento. —Nos reímos con el traje de doble… —dice Hardy. —¿En serio quieres hablar de eso? —agrega Tomuri. Resulta que el “traje de doble” era una prenda interior protésica que Tomuri tenía que llevar debajo de sus chamarras en la película Legend porque tiene una línea de hombros diferente a la de Hardy: en esencia, músculos trapecios falsos. Su recuerdo provoca mucha risa. —¡Un body beige con trampas dentro! —subraya Tomuri. —¡Qué poco elegante! —Hardy se carcajea. —¡Lo era! Te envié una foto. Como diciendo, “Gracias amigo”. —De nada. También recuerdan con cariño los videos de sincronización labial que hicieron mientras nevaba en Canadá durante la filmación de The Revenant, cuyas recopilaciones aún circulan en internet (hacen un gran interpretación de Simon and Garfunkel); su amor mutuo por el jiu-jitsu brasileño (“Somos practicantes amateurs de jiu-jitsu porque solo llevamos tres años haciéndolo”, dice Hardy); el hecho de que las piernas de Hardy son delgadas y que cuando llega al set en shorts a Tomuri le gusta preguntar: “¿Por qué Tom llegó montado en un emú?”. También las primeras experiencias actorales de Tomuri en una serie de fantasía para adolescentes en Nueva Zelanda en la que tenía el cabello teñido de azul. Esto no significa que Tomuri vaya a quedarse callado sin defenderse.

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—¿Cuál fue esa película que hiciste? —pregunta Tomuri. —Minotaur. —¡Minotaur! —Si alguna vez tienes un mal día actuando, por favor ve esta película y recuerda… —Todos empezamos en alguna parte. —¡No empezamos! Estaba en lo más alto de mi carrera cuando se estrenó. ¡Estaba en pleno vuelo ascendente! Si alguna vez tienes ganas de dejar la carrera, ¡no lo hagas! [Se revisa a sí mismo] Sin faltar al respeto porque me pagaron, y al mismo tiempo alguien puso todo su corazón y alma en la película. —Cierto. —Pero al margen de eso, si la ves, puede que no lo haya transmutado de forma tan experta a la pantalla. ¡Ja! Así que si tienes un día de mierda y crees que tu actuación no es muy buena, por favor, vela para saber que no estás solo, ¡y quizás nadie vea tu trabajo! —sigue Hardy. Hardy y Tomuri se carcajean. No estoy segura de lo que todo esto deba demostrar, aparte del hecho de que todavía hay gente en la órbita de Hardy que se burla de él; sin embargo, el efecto es entrañable. (Veo Minotaur más tarde y es bastante especial: un drama fantástico picante y mitológico sobre adolescentes calientes en un laberinto que incluye diálogos como “te pido que lleves mi semilla”). Llamaron de nuevo a Tomuri y sus músculos trapecios inferiores para Venom: Let There Be Carnage, que se rodó en los estudios Leavesden (cerca de Watford) y en San Francisco, así que le pregunto si ya vio la película. No la ha visto. —¿Quieres ver un poco ahora? —pregunta Hardy. ¿Está permitido? —pregunto. —No. Por supuesto que no tenemos autorización. Pero tengo permitido verla por mi cuenta. Y si te quedas fuera del remolque y abro la ventana, no puedo impedirte que te asomes. Pero si te veo, tendré que pedirte que te vayas. No cumple tanto las reglas que digamos. [Laguna: en la que podemos o no ver Venom: Let There Be Carnage a través de la ventana abierta del remolque de Tom Hardy].

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TOM HARDY EN EL SET DE FILMACIÓN

Tal vez es la emoción de lo que acaba o no de ocurrir, o tal vez las diminutas ventanas, pero cualquiera que sea el motivo, el remolque de Tom Hardy ya absorbió la humedad del recinto selvático del coronel Kurtz. Se recomienda ventilar. Tomuri se despide y Hardy me propone darme un recorrido por el set de Havoc, la película de Netflix, que empiezan a construir en el edificio cavernoso detrás del remolque y cuya filmación está programada para dentro de dos semanas. Havoc se desarrolla en Detroit, y como The Raid, la ópera prima del director Nathan Evans, parece que tendrá poco diálogo y muchas secuencias de peleas, coreografiadas sin piedad, o como les llama Hardy: “buena dosis de madrizas de lujo”. El estudio es del tamaño de un hangar y está lleno de cajas de triplay, muchas de las cuales resultan estar pintadas por dentro para parecer pasillos sinuosos o callejones de mala muerte, o en una ocasión, un club nocturno seductor aunque deprimente. Por todas partes hay personas con cubrebocas, martillando y moviendo cosas, y Hardy saluda a todos: “Alright mate?”. Todos responden como si no fuera la estrella de la película de cuyos sueldos dependen. Casi. Hay un área inmensa llena de utilería, filas de letreros que dicen “no caminar” y casetas telefónicas, un poco de todo, Hardy mira todo con admiración. (“Me encantan los triques!”). Otra zona del estudio está dividida en áreas pequeñas con letreros que anuncian: “Zona de tiros y pruebas”. Hardy abre una y se revela una montaña de cajas de cartón y marcas de cinta en el piso. Los amables trabajadores al interior, un hombre y una mujer encargados de los stunts, me explican que son tanto coches como paredes, y me hacen sentir como la princesa Ana en un paseo entre el público. Hardy hace a un lado otra división que descubre a Tomuri peleando con un hombre en un tapete en el piso, los dos con calcetines. Sin soltarlo, Tomuri le cuenta a Hardy que otro de sus compañeros terminó el entrenamiento y se tuvo que ir. “¿Se quejó?”, pregunta Hardy. Hardy parece muy emocionado con las exigencias físicas de Havoc, por lo que está entrenando mucho. Quiere grabar buena parte de las peleas en cámara: “Hasta donde me permita mi responsabilidad legal”. El regimen actual implica entre dos y tres entrenamientos de cross-fit al día, más una hora de jiu-jitsu brasileño, más o menos, y aprender la coreografía de stunt de la película. Tras un accidente filmando la primera Venom requirió dos cirugías de rodilla —“me las jodí”— y llevaba solo ocho semanas de recuperación cuando filmó la segunda parte. Pero ahora, dice que está más en forma que nunca, y me siento obligada a decirlo, y al mismo tiempo me disculpo por si suena inapropiado, que parece estar en muy buena forma.

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—En estos tiempos no puedes decir eso. ¡No es apropiado! —responde, y luego me dice, en serio—. Gracias. Bueno, Havoc es una película de acción indisimulada. “Es un ejemplo del género. Si vas a hacer artes marciales, para eso está Gareth”. Evans tiene un historial sorprendente —The Raid y su serie dramática para Sky TV, Gangs of London, recibieron críticas soberbias—, pero es improbable que Havoc sea la clase de proyecto que le otorgue a Hardy atención pomposa, como una nominación al Óscar, como en el caso de The Revenant. Sin embargo, recibirá un sueldo por hacer algo que le encanta, un chingo de ejercicio y regresar a Londres los fines de semana para ver a sus hijos. Para un actor, parece un día de trabajo honesto.

“No me doy aires de importancia”, asegura. “Hago acento chistoso, filmo un par de horas, me como un sandwichito y me voy a casa. Nada mal, ¿no?”.

Ah, una cosa más. Aceptar trabajar en esta película también fue una manera de evitar que enloqueciera, por motivos que a cualquiera que haya vivido una catastrófica pandemia global le resultarán familiares.

EL PAN DE MASA MADRE; OTRAS COSAS IMPORTANTES

Es probable que la pandemia de Tom Hardy se haya parecido mucho a la tuya, o con suerte, no. Terminó de filmar Venom: Let There Be Carnage para cuando el Reino Unido comenzó su primer confinamiento, y como todos nosotros, tuvo miedo:

“Cuando todos empezaron a acaparar el papel higiénico y vaciar los estantes del súper, me pregunté si era hora de sacar las armas. ¿Acaso era el apocalipsis zombi? Al principio contemplé que la gente podía amotinarse”.

Hardy hizo compras modestas para su familia —“vitamina D, K y pañales”—, pero terminó haciendo lo que muchos hicimos en esos meses peculiares y paralizantes para no enloquecer por completo:

“Quince minutos de entrenamientos en el jardín, escuela en casa y hornear pan de masa madre”.

La escuela en casa fue “muy dura”, pero por lo menos disfrutó hornear pan. “¡Todavía tengo levadura! Hay que alimentarla todos los días. Es un compromiso. De hecho, logré hacer dos. En caso de que una se caiga o explote el frasco y se vaya al carajo el trabajo de un año y medio”. Como muchos, tuvo fantasías del encierro:

“Pensaba abrir un café de pan de masa madre. Café, pan, jiu-jitsu y reuniones de AA. Puedes llevar a tu perro”. (Obvio.)

Estamos de vuelta en el remolque, Hardy está sentado a mi lado en el sillón, descansa el codo en el respaldo de la banca. Está de ánimo más callado, pensativo. Explica cómo, estar encerrado en casa, sus hijos dictaron los ritmos, los menores tienen dos y cinco años, y descubrió que acostarse y levantarse más temprano también le sienta bien. “De niño no tuve mucha estructura ni disciplina, pero como padre estoy perdido sin ellos”. Otro aspecto que puede sonar familiar es que el encierro le dio la oportunidad de pensar, o visto de otra forma, ver el abismo de cerca. “Tuve la oportunidad de observar el mundo y mis conductas, cómo vivo mi vida, lo que es importante y lo que no.” ¿Qué concluyó? Hace una pausa.

“Dediqué mucho tiempo a refutar el concepto de ‘adultez’. Creo que no soy como todos los personajes malos y rudos que he interpretado. Esos papeles han sido pura fanfarronería, opuestos a lo que soy. Lo que más perdura en mi memoria son las cosas asombrosas o escalofriantes, así que es muy fácil imitarlas. Y es mucho más difícil imitar cosas cariñosas, amables e íntimas si no te crías así. Ahora que soy mayor, estas cosas me intimidan menos. Ya no me importa tanto lo que piensen los demás”.
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Cuando pregunto si esto afecta la clase de papeles que acepta, se levanta y abre la puerta de su remolque para sacar a su perro y gritar: “¡Blue necesita orinar!”. Su respuesta se desvía inesperadamente.

“Creo que en última instancia, cada vez necesito menos motivos para trabajar, porque el motor es estar con los niños, estar sano, en forma, comer bien. Si tienes un techo, una cama, comida, ¿qué más quieres? Porque la vida no es un ensayo con vestuario, ¿o sí? Es una transmisión en vivo. Se hace una sola vez.”

Proclama querer hacer menos personajes rudos, pero a dos semanas de filmar una película en la que va a dar muchas patadas y a unos meses de que estrene una película colosal, que llamará la atención de todo el mundo, y que si sale bien, lo conducirá a otra. Tan incondicional es su compromiso con la franquicia de Venom que puso en pausa otros proyectos ambiciosos. Como la segunda serie de Taboo, el drama de época deliciosamente singular que coescribió con su padre, Chips, y el guionista Steven Knight, o las múltiples ideas que están en desarrollo con su productora, Hardy Son and Baker, entre ellas la biopic del fotógrafo de guerra Don McCullin y una adaptación de los cuentos de Tim O’Brien sobre la guerra de Vietnam, The Things They Carried. Lo mismo con cualquier entrega de Mad Max. A propósito de Mad Max: Fury Road (2015), en donde reemplazó a Mel Gibson como el policía agobiado frente a la guerrera tenaz y perturbada, Imperator Furiosa (Charlize Theron), comenta: “Fue la película de Furiosa, lo cual fue fantástico. Lo dice el título, Fury Road. Furiosa.”

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Señalo que también se llama Mad Max.

“Sí, pero fue muy interesante cómo se desenvolvió. Si la ves ahora, en cierto sentido fue un cambio de manos, de Mad Max a Furiosa. Eso están grabando ahora. Furiosa. [La historia de origen de Furiosa, interpretada por Anya Taylor-Joy, estrena en 2023.] Fue un cambio de guardia muy bien implementado. [Miller] todavía cuenta con Mad Max, pero ahora se divide entre los dos personajes, y es muy cool”.

Cuenta que se concentra en los papeles más inmediatos. “Son los años del cuarto de máquinas. Los niños y los impuestos de sucesión. Mientras sigues teniendo brazos y un cuerpo ágil, sigues trabajando. Hasta que los niños se vayan de casa. Entonces seguro mi sueldo disminuirá, pero ahí estará la actuación. Y puedo seguir trabajando. ¿Quién sabe? A lo mejor me ven en comedias románticas espantosas. Y no volverme a ver. Nada. Porque habré tomado la decisión de desaparecer. De resolver lo importante y largarme.”

“Ahora ya no me preocupa tanto desaparecer. De joven debías ser escuchado, de lo contrario serías invisible. Pero cuando te consagras puedes dejar de hacer tanto ruido. Estás aquí, ahora, ¿qué vas a hacer? ¿Cuánto es suficiente? ¿Qué necesitas? ¿Qué necesita mi familia? Eso es muy relevante. Creo que todos necesitan hacer sus cosas. Me gusta el jiu-jitsu y hacer pan. Eso me llena”.
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En cierto punto no mucho tiempo después, vuelve a cambiar la presión de la atmósfera, se desploma un poco y se hace evidente que la entrevista ha concluido. Intercambiamos más abrazos, más buenos deseos para la familia, y otra vez me encuentro fuera del remolque de Tom Hardy, mientras Natalie y Luke preparan el coche para escoltarme por los terrenos industriales, los caballos de la carretera y la estación de tren. La entrada de la puerta lo enmarca mientras nos mira desde arriba. Resplandeciente. Tenía pensado entrenar otra vez, pero dice estar cansado, y de repente se ve. A lo mejor mucho ejercicio o mucha conversación. Se pregunta si descansar. Natalie cree que sí. Va a hacer una pausa. Cierra la puerta del remolque y Tom Hardy, la estrella número uno del cine británico del siglo XXI, desaparece. Venom: Let There Be Carnage, la película de Tom Hardy, estrena el 15 de septiembre. Entrevista de MIRANDA COLLINGE Fotografías de GREG WILLIAMS Diseño de NICOLE SCHNEIDER
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