Durante siglos, William Shakespeare ha sido tratado como una figura casi mitológica: el genio, el bardo, el autor inmortal. Mucho menos se ha hablado del hombre, del esposo y, sobre todo, del padre. Hamnet, primero una novela y ahora una película dirigida por Chloé Zhao, pone el foco en la herida personal que pudo haber marcado una de las obras más importantes de la historia de la literatura.
Basada en la aclamada novela de Maggie O’Farrell, Hamnet no es un biopic tradicional ni una clase de historia disfrazada de cine. Es, ante todo, un relato sobre el duelo. Ambientada en la Inglaterra del siglo XVI, en plena época de la peste, la historia reconstruye la vida doméstica de la familia Shakespeare en Stratford-upon-Avon y se centra en la muerte de Hamnet, el hijo del dramaturgo, fallecido en 1596 a los 11 años.
Una historia contada desde los márgenes
Uno de los grandes aciertos tanto de la novela como de la película es el punto de vista. Shakespeare no es el protagonista absoluto. De hecho, ni siquiera es nombrado directamente. La narración se articula, sobre todo, desde la mirada de su esposa, Anne Hathaway —llamada Agnes en la ficción—, una mujer vinculada a la naturaleza, a las plantas medicinales y a un conocimiento casi intuitivo del mundo que la rodea.
Este enfoque desplaza el relato del genio creativo al ámbito familiar: la crianza, la separación forzada por el trabajo en Londres, la fragilidad de la infancia en una época marcada por la enfermedad y la muerte. Mientras Shakespeare viajaba constantemente entre Londres y Stratford para sostener su carrera teatral, su familia permanecía en el campo, expuesta a los brotes de peste que asolaban Inglaterra.
No hay diarios, cartas ni testimonios directos que expliquen cómo vivieron los Shakespeare la muerte de su hijo. Ese vacío histórico es el espacio que O’Farrell decide habitar con la ficción. No para reescribir la historia, sino para imaginar lo que nunca quedó registrado.
Hamnet y Hamlet: una conexión inevitable
¿Es Hamlet, una de las obras de Shakespeare más famosas de todos los tiempos, un homenaje a Hamnet? Los nombres eran intercambiables en la Inglaterra isabelina, un dato documentado que ha alimentado durante décadas la especulación. Además, las fechas encajan. Hamnet murió en 1596 y Hamlet fue escrita pocos años después, entre 1599 y 1601.
La obra más famosa de Shakespeare gira en torno al duelo, la pérdida y la relación entre padres e hijos, aunque con los roles invertidos. En Hamlet, es el hijo quien llora al padre muerto; en la vida real, pudo haber sido un padre enfrentándose a la muerte de su hijo. La conexión nunca fue confirmada por el propio Shakespeare, pero sigue siendo una de las cuestiones que más interés despiertan entre lectores, espectadores y académicos.
Los especialistas advierten que Hamlet también bebe de otras fuentes: tragedias de venganza previas, obras populares de la época y convenciones teatrales muy reconocibles para el público isabelino. Aun así, resulta difícil ignorar la carga emocional que rodea su gestación.
Del libro a la pantalla
La adaptación cinematográfica de Hamnet llega respaldada por nombres de peso. Chloé Zhao dirige, Maggie O’Farrell coescribe el guion y Steven Spielberg produce. El reparto, encabezado por Paul Mescal y Jessie Buckley, aporta una intensidad contenida que encaja con el tono íntimo de la historia.
El reconocimiento no se ha hecho esperar: ocho nominaciones al Oscar, Globo de Oro a mejor película dramática y premio a mejor actriz para Buckley, quien definió el rodaje como una experiencia única por estar contando “la historia del británico más famoso que jamás ha vivido”, pero desde un ángulo poco explorado.
Más allá del mito
Hamnet no pretende decir “esto fue exactamente así”. Su fuerza está en otro lugar. Reivindica a quienes quedaron fuera del relato oficial: la esposa, los hijos, la vida doméstica que convivía con el teatro, la fama y los viajes. Humaniza a Shakespeare sin despojarlo de su grandeza y su dolor.
No es una lección de historia ni una adaptación literal de los hechos. Es una reflexión sobre cómo el duelo puede transformarse en arte y cómo, detrás de una obra inmortal, puede esconderse una historia profundamente personal. Para los amantes del cine, la literatura y Shakespeare, Hamnet ofrece algo poco habitual: mirar al autor no desde el escenario, sino desde su casa.