La nueva serie de Netflix Monstruo: La historia de Lizzie Borden recupera una figura que parece salida de una novela gótica, pero que existió siglos antes de que Bram Stoker imaginara a Drácula. Erzsébet Báthory, la Condesa Sangrienta, aparece brevemente en el primer episodio de la serie. La actriz Vicky Krieps interpreta el papel de este misterioso personaje, que funciona como un inquietante antecedente de la historia de Lizzie Borden.
¿Quién fue realmente Erzsébet Báthory?
Erzsébet Báthory nació el 7 de agosto de 1560 en Nyírbátor, dentro de una de las familias nobles más poderosas del Reino de Hungría y Transilvania. Su apellido estaba relacionado con figuras de enorme peso político y religioso, incluido Esteban Báthory, quien llegó a ocupar el trono de Polonia.
Su posición social le permitió recibir una educación poco habitual para una mujer de su época. Aprendió húngaro, latín y alemán y adquirió conocimientos sobre administración y gobierno de propiedades. Ese nivel de preparación resultaría especialmente importante después de su matrimonio, cuando gran parte de las responsabilidades de los dominios familiares quedaron bajo su control.
A los 15 años se casó con Ferenc Nádasdy, comandante militar conocido como el “Caballero Negro de Hungría”. La pareja estableció su residencia en el castillo de Čachtice, actualmente ubicado en Eslovaquia. Debido a las largas ausencias de Nádasdy por sus campañas militares, Báthory terminó administrando buena parte de sus extensos territorios.
La mujer que posteriormente sería convertida en monstruo por la tradición popular comenzó, por tanto, su vida adulta desde una posición de poder excepcional.
El castillo de Čachtice se convirtió en el centro de las acusaciones
Los rumores sobre abusos contra jóvenes sirvientas comenzaron a crecer durante los últimos años de vida de Ferenc Nádasdy y se intensificaron después de su muerte en 1604.
Las acusaciones hablaban de golpes, quemaduras, heridas provocadas con objetos punzantes y otros métodos de tortura. Durante mucho tiempo, la posición social de Báthory habría dificultado cualquier investigación seria. El panorama cambió cuando las denuncias comenzaron a involucrar también a jóvenes pertenecientes a familias nobles.
En 1610, el rey Matías II ordenó investigar las acusaciones y el conde palatino György Thurzó encabezó la operación. Una inspección en el castillo de Čachtice dio paso al proceso judicial que convertiría a Báthory en una de las figuras criminales más famosas de Europa.
Según los testimonios del proceso, varias personas cercanas a la condesa participaron en los abusos. Sin embargo, una parte importante de esas declaraciones fue obtenida mediante tortura, un elemento que siglos después complicaría todavía más la reconstrucción de los hechos.
¿Realmente asesinó a 650 jóvenes?
Aquí comienza una de las partes más difíciles de separar de la leyenda. Durante el proceso apareció la cifra de 650 víctimas, supuestamente relacionada con un registro que habría llevado Báthory. Esa cantidad terminó convirtiéndose en uno de los elementos fundamentales de su reputación como una de las asesinas seriales más prolíficas de la historia.
Sin embargo, la cifra no puede considerarse un hecho histórico comprobado. Las investigaciones posteriores han señalado que el número de víctimas fue probablemente mucho menor y que buena parte de la historia que conocemos procede de testimonios, rumores y relatos posteriores.
Eso no significa que todas las acusaciones contra Báthory hayan sido inventadas. Existen múltiples testimonios sobre abusos y muertes, pero la magnitud exacta de los crímenes continúa siendo objeto de debate histórico.
El supuesto baño de sangre apareció después de su muerte
Uno de los detalles más famosos de la historia de la Condesa Sangrienta probablemente sea también uno de los menos fiables.
La leyenda afirma que Báthory descubrió que la sangre de jóvenes vírgenes podía conservar su belleza y que comenzó a bañarse en ella para mantener una apariencia juvenil. Esta imagen convirtió a la aristócrata en una especie de vampira antes de que el vampiro moderno adquiriera su forma definitiva.
El problema es que el famoso baño de sangre no aparece como un hecho demostrado en los registros judiciales. La historia tomó fuerza décadas después de la muerte de Báthory y terminó incorporándose al folclore europeo.
¿Fue una asesina despiadada o víctima de una conspiración?
La figura de Báthory también está rodeada de una segunda interpretación. Algunos historiadores modernos han cuestionado la versión tradicional del caso y han planteado que las acusaciones pudieron estar relacionadas con conflictos políticos, religiosos y económicos. Báthory pertenecía a una familia poderosa, tenía propiedades importantes y se encontraba vinculada a redes políticas que podían resultar incómodas para la Corona.
Además, el rey Matías II mantenía una importante deuda con ella. Después de su arresto, sus bienes quedaron expuestos a la disputa entre distintas fuerzas políticas.
Estos elementos han alimentado la teoría de que sus enemigos pudieron exagerar o incluso fabricar parte de las acusaciones. Sin embargo, esta interpretación tampoco permite concluir que todas las denuncias fueran falsas. La existencia de múltiples testimonios y de colaboradores condenados mantiene abierto un debate que todavía divide a los investigadores.
La historia de Báthory, por eso, no encaja fácilmente en la imagen de una villana gótica ni en la de una inocente víctima de una conspiración.
Su castigo fue tan extraño como su leyenda
El proceso de 1611 terminó con la condena de varios de los colaboradores de Báthory. Algunos fueron ejecutados de manera brutal.
La condesa, en cambio, no fue llevada al patíbulo. Su rango aristocrático hacía políticamente complicado someterla a una ejecución pública, por lo que recibió un castigo excepcional: fue encerrada de por vida en sus propios aposentos del castillo de Čachtice.
Las puertas y ventanas fueron selladas y únicamente quedó una pequeña abertura para introducir alimentos y permitir la entrada de aire. Báthory permaneció recluida hasta su muerte el 21 de agosto de 1614. Tenía 54 años.
Su cuerpo fue inicialmente destinado a ser enterrado en la iglesia local, pero la oposición de habitantes de la zona provocó que finalmente fuera trasladado a la cripta familiar en Ecsed, Hungría.
La historia se convirtió en leyenda mucho después de su muerte
La transformación de Báthory en la “Condesa Sangrienta” no ocurrió de inmediato. Con el paso de las décadas, las historias sobre sus supuestos crímenes comenzaron a incorporar elementos sobrenaturales. El relato del baño de sangre terminó siendo especialmente poderoso porque conectaba la crueldad de la aristócrata con una obsesión por la juventud y la belleza.
Ese detalle permitió que Báthory abandonara los libros de historia y entrara directamente en el territorio del horror gótico. Su figura quedó asociada con castillos, sangre, mujeres jóvenes, aristocracia decadente y una búsqueda imposible de la juventud. Todos esos elementos terminarían convirtiéndola en un personaje perfecto para la literatura de terror.
¿Qué relación tiene Báthory con Drácula y el vampiro moderno?
La conexión con el universo vampírico es principalmente cultural y temática, no una relación directa con Vlad el Empalador.
Báthory y Vlad III pertenecieron a contextos históricos distintos, aunque sus leyendas terminaron mezclándose en la imaginación popular. La primera quedó asociada con los baños de sangre; el segundo, con la figura del gobernante que empalaba a sus enemigos.
La literatura gótica aprovechó ambos imaginarios. La novela Carmilla, publicada por Sheridan Le Fanu en 1872, ayudó a consolidar la figura de la mujer aristocrática convertida en depredadora sobrenatural. La obra apareció 25 años antes de Drácula, de Bram Stoker, y se convirtió en una pieza fundamental para el desarrollo de la ficción vampírica.
Báthory no es, por tanto, la “verdadera vampira” detrás de Drácula. Su historia forma parte de un conjunto de figuras históricas y leyendas que ayudaron a construir el imaginario del vampiro aristocrático.
Netflix recupera a la Condesa Sangrienta para contar otra historia de horror
Monstruo: La historia de Lizzie Borden utiliza a Báthory como un espejo oscuro de su protagonista. En el primer episodio, Bridget “Maggie” Sullivan le cuenta historias sobre la aristócrata a Lizzie, mientras Vicky Krieps interpreta también a Báthory en las secuencias relacionadas con el personaje.
La referencia a Báthory funciona así como una conexión entre dos siglos y dos casos criminales separados por el tiempo. Una condesa del siglo XVI convertida en leyenda sobrenatural y una mujer estadounidense del siglo XIX convertida en uno de los nombres más famosos del true crime.
Entre ambas existe una diferencia fundamental: mientras el caso de Báthory quedó atrapado entre documentos, testimonios y mitos posteriores, Lizzie Borden fue juzgada y absuelta por los asesinatos de su padre y su madrastra.
Pero las dos terminaron enfrentando la misma transformación cultural: pasar de ser mujeres reales a convertirse en personajes mucho más grandes, oscuros y perturbadores que sus propias biografías.