En una industria donde los personajes suelen definirse por sus claroscuros, hay quienes encuentran su verdadera complejidad en aquello que los mantiene humanos. Para Luis Curiel, ese punto de encuentro llegó con Pelao, un joven marcado por la ausencia, pero incapaz de renunciar a la lealtad, la empatía y la esperanza.
Con la llegada de Rosario Tijeras 5, el actor suma un nuevo papel a una carrera que ha apostado por personajes con profundidad emocional, sin embargo, más allá del universo de violencia que rodea a la historia, Curiel encontró en Pelao algo mucho más interesante: la posibilidad de hablar sobre el sentido de pertenencia y la necesidad universal de sentirse visto.
“Si tuviera que describirlo con una sola palabra sería: leal”
Pelao es un joven que creció entre el abandono y la incertidumbre. Huérfano de madre y sin la figura de un padre, construye su identidad buscando aquello que nunca tuvo: una familia. Esa necesidad lo lleva a encontrar en El Ángel una figura paterna, un mentor y, sobre todo, un lugar al que pertenecer. Más tarde, Rubí y Rosario se integran a ese núcleo emocional que él decide proteger sin reservas.
Pero Curiel insiste en que el verdadero viaje del personaje no está en la acción, sino en su capacidad para seguir creyendo cuando las circunstancias parecen invitarlo a hacer lo contrario.
“Lo que más me conmovió de él es que, a pesar de todo lo que le ha tocado vivir, no pierde la capacidad de creer. Creer en las personas. Creer en el amor. Creer en la familia. Creer que todavía existe algo bueno por lo cual vale la pena luchar.”
Esa mirada terminó por convertirse también en un ejercicio de introspección para el actor. Conforme avanzó en la construcción del personaje, descubrió similitudes inesperadas entre ambos: una tendencia a mirar más allá de los errores y entender las heridas que moldean a las personas.
“Creo que compartimos una forma muy parecida de mirar a las personas. Los dos intentamos ver más allá de las máscaras. Más allá de las heridas que cada quien carga.”
En un momento donde las narrativas suelen privilegiar personajes moralmente ambiguos, Curiel encontró un reto distinto: interpretar a alguien cuya fortaleza nace de la compasión. Pelao no destaca por ser el más fuerte ni el más temido, sino por conservar una sensibilidad que parece contradecir el mundo que lo rodea.
“Con respecto al proceso de crear este personaje traté de observar la naturaleza del proyecto e identificar la función de Pelao dentro de la historia, es decir ¿Que podía aportar este personaje a un historia como esta, a un entorno lleno de violencia? Me pregunté. Y descubrí la naturaleza ligera y juguetona del personaje, que al mismo tiempo se vuelve su manera de enfrentar el caos constante; para ello integre ciertos elementos que resultaban arriesgados como por ejemplo: hablar mucho y demasiado rápido; la identidad fronteriza: lo que solemos escuchar como “pocho”, mezclar español e inglés y marcar un acento característico de la frontera o de Tijuana para construir a alguien que imita una pertenencia que en realidad no tiene pero admira o aspira, esto para dar la sensación de desarraigo del personaje, un individuo sin identidad, intentando pertenecer, pero que al mismo tiempo esa combinación de elementos diversos lo hacían tener una identidad sólida y única, convirtiéndolo de alguna manera en el comic relief de esta temporada. Sabía de lo complejo de la apuesta, pero me alegra que haya conectado tanto con el público, porque lo que siempre defiendo es la profundidad de mis personajes, sin importar el género o el tono.”
Ese contraste es precisamente lo que convierte al personaje en uno de los más interesantes de esta nueva etapa de la serie. Mientras otros responden desde el miedo o la violencia, él encuentra en la lealtad una forma de resistencia.
Para Luis Curiel, esa es la conversación que realmente espera abrir con el público. Más allá del crimen o la adrenalina, le interesa recordar que incluso las personas más lastimadas conservan la posibilidad de elegir quién quieren ser.
Porque, al final, Pelao representa una idea que trasciende cualquier ficción: todos hemos necesitado alguna vez que alguien creyera en nosotros cuando nosotros mismos dejamos de hacerlo. Y quizá esa sea la mayor fortaleza de un personaje que demuestra que la empatía también puede convertirse en un acto de valentía.